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Comentando
Seguridad mundial y sociedad civil
Ahora como gobierno, procuramos desde
la Misión Permanente de El Salvador en las Naciones Unidas, presentar
el modelo salvadoreño y ofrecer la cooperación necesaria.
Publicada 9 de noviembre 2005, El Diario de Hoy
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César
Edgardo Martínez Flores*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Ha reflexionado, en las últimas semanas, el Consejo de Seguridad
de las Naciones Unidas, acerca de la participación de la sociedad
civil en la prevención de conflictos y el arreglo pacífico
de controversias.
Sus reflexiones han orbitado en torno a cuatro grandes temas de análisis:
Cómo el Consejo de Seguridad puede aprovechar los aportes de la
sociedad civil para elaborar una estrategia de prevención de conflictos;
cómo puede en conjunto la sociedad civil y el Consejo de Seguridad
participar en las diferentes etapas del arreglo de controversias; cómo
puede la sociedad civil desempeñar un papel más activo en
la búsqueda de "otros medios pacíficos" para el
arreglo de controversias, y cómo perfeccionar los mecanismos de
cooperación entre el Consejo de Seguridad y la sociedad civil.
De hecho, uno de los objetivos de la Declaración del Milenio es
ofrecer la oportunidad a la sociedad civil, a la academia, al sector privado,
de contribuir al logro de las metas y los programas de la ONU, entre ellos
los relacionados con el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional.
Pero este rol de la sociedad civil, jamás puede ser sustituto a
la función del gobierno central, sino más bien paralelo
y complementario.
Sectores como los círculos académicos, los tanques pensantes
y los grupos religiosos realizan invaluables aportes en el fomento del
entendimiento mutuo y en la exploración de avenidas de entendimiento
en los más diversos temas de la cotidianeidad.
Los grupos religiosos y espirituales representan otro gran sector de la
sociedad civil que merece más atención debido a sus vínculos
importantes con la sociedad.
Estos grupos proporcionan un fuerte liderazgo comunitario, influyen en
la opinión pública, prestan asesoramiento sobre cuestiones
éticas, facilitan la reconciliación entre comunidades en
conflicto y conocen las necesidades de los grupos vulnerables.
Para nosotros, los salvadoreños, el tema no es nuevo. De hecho,
a casi quince años de la firma de los Acuerdos de Paz, las experiencias
acumuladas nos enseñan el papel fundamental que tiene la sociedad
civil en los procesos de negociación, pacificación y consolidación
de la paz.
Desde entonces, nos dimos cuenta que la coordinación con las organizaciones
de la sociedad civil en el arreglo pacífico de controversias es
no sólo beneficiosa sino también necesaria, por los conocimientos,
habilidades, experiencias, vínculos con grupos interesados fundamentales,
influencia y recursos para generar confianza.
Así lo dijimos, días atrás en el Plenario de la Asamblea
General, cuando al referirnos al tema "Cultura de paz" expresábamos
la necesidad de elaborar mecanismos de coordinación en todos los
ámbitos, a fin de intensificar la cooperación entre todos
los actores relevantes en la promoción y consolidación de
una cultura de paz.
Ahora como gobierno, procuramos desde la Misión Perma-nente de
El Salvador en las Naciones Unidas, presentar el modelo salvadoreño
y ofrecer la cooperación necesaria a aquellos países que
en la actualidad experimentan situaciones de conflicto similares a las
nuestras.
Nuestra visión no es la de enseñar, sino la de compartir
experiencias y en un ejercicio de profundo diálogo internacional,
buscar los mejores mecanismos y las mejores prácticas para posibilitar
la paz en aquellas naciones, que como la nuestra, buscan alcanzar y consolidar
sus procesos democráticos.
*El autor es Embajador, Representante Permanente Adjunto de El Salvador
ante las Naciones Unidas.
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