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La Nota del Día
En Francia se pasa a la guerra de guerrillas

Gracias a haber prohibido velos, turbantes, casacas y barbas, además de separar la religión del Estado, pudo Ataturk sacar a Turquía del medioevo y plantarla en el Siglo XX.

Publicada 9 de noviembre 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Francia arde. De bandas anárquicas que se lanzaron a cerrar calles, dar fuego a automóviles y negocios, interrumpir el tránsito y atacar policías, se ha pasado a una incipiente guerra de guerrillas que va extendiéndose a diferentes regiones. Y lo que está sucediendo en Francia puede contagiar al resto de Europa. Los dos principales líderes políticos franceses después del presidente, el primer ministro Villepin y el ministro del Interior Sarkosy, coinciden al atribuir los disturbios a narcotraficantes y fundamentalistas islámicos, lo que en muchas partes es lo mismo.

Después de las primeras escaramuzas callejeras se necesita dinero, mucho dinero, para pasar a un plan organizado de violencia. Hay que sostener activistas, armar una red de células, montar refugios, establecer sistemas de comunicación. El factor primordial, gente que se manifieste y esté dispuesta a correr riesgos, la carne de cañón, sobra en los guetos de norafricanos y musulmanes.

Hay una cierta justificación del descontento: negros e islamistas viven en muy pobres condiciones y no consiguen integrarse al resto de la sociedad francesa. Pero eso, a la vez, se debe a que los inmigrantes, que son la mayoría de los pobladores de guetos, carecen de los conocimientos, los niveles de escolaridad y la experiencia como para optar a empleos más remunerativos y, con ello, mejorar su calidad de vida. A fin de cuentas, la mayoría salió del África porque tampoco en sus países de origen encontraba empleo bueno y estable. El lumpen de una nación no deja de serlo al emigrar a otra, a menos que esté preparado a ponerle muchísimas más ganas al trabajo.

¿Cuál puede ser el remedio para sofocar esta revuelta? Lo primero es crear conciencia en la población, de la verdadera naturaleza del problema: no son tanto reclamos justificados, cuanto un plan concertado de ataque a la sociedad francesa. Los revoltosos, además, están escupiendo hacia arriba.

Lo segundo sería deportar a sus países de origen a quienes sean capturados participando o promoviendo disturbios, sabotajes y actos delictivos, lo que han hecho los ingleses con los predicadores musulmanes que incitan a la “guerra santa”. Esto requeriría una acción conjunta de todos los Estados miembros de la Comunidad Europea para no dejar huecos en la seguridad general.


Lo advirtió el Presidente Bush

Es claro, como el plan anunciado por el gobierno francés, que se deben hacer esfuerzos para integrar a musulmanes y africanos a la sociedad francesa, pero también hay que prohibir el uso de velos y la aplicación forzada de costumbres bárbaras, como dar hijas en matrimonio a extraños. Gracias a haber prohibido velos, turbantes, casacas y barbas, además de separar la religión del Estado, pudo Ataturk sacar a Turquía del medioevo y plantarla en el Siglo XX.

Lo que sucede en Francia comprueba la advertencia de Bush, justificando la intervención estadounidense en Iraq: si no se detiene el terrorismo islamista en el Medio Oriente, es cosa de tiempo, y corto tiempo, para que las conflagraciones tengan lugar en el Primer Mundo.

Aunque los violentos y la red del terror disponen de sustancial autonomía en varios territorios, el aparataje se sostiene en los regímenes y los apoyos que tiene en el mundo árabe e Irán; en El Cairo se han descubierto evidencias de que allí se entrenan los terroristas que luego operan en Europa.



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