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Roberto López Geissman*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
La guerra de la información no es sino una parte de toda doctrina militar moderna, que engloba un vasto componente de elementos (inteligencia, comunicación de masas, seguridad nacional, operaciones sicológicas, entre otras), con los que se busca dominar la esfera informacional. Los principales países del mundo, incluida la OTAN, tienen su propia elaboración.
Así como la antigua Unión Soviética tenía
su desinformatzia, obligando a los países del otro lado de la guerra
fría a tener sus propias políticas y, sobre todo, a montar
aparatos de desmontaje de esas "observaciones objetivas". Ya
provengan vía noticia o comentario sesudo de algún supuesto
gran pensador, habría que analizar quién las dice, su contenido
y a quién aprovechan.
Desgraciadamente en nuestro medio se está dando una especie de
malinchismo político, por el que personajes provenientes de la
extrema izquierda son la gran moda como gurúes de la derecha. Hay
que darle al César lo que es del César, los tipos son preparados
y muy hábiles para escribir, tienen la habilidad de enjugar lo
cierto con lo no tan cierto y las opiniones con los hechos, utilizan ejemplos
y estadísticas hechas "ad hoc"; y además durante
un tiempo escondieron la garra.
Hay, pues, que recordar que Lenin decía que los capitalistas iban
a vender la misma soga con que los iban a ahorcar, sacando esto a cuento
dado el bombo con que los presentan en los medios. No nos referimos a
los idealistas que han sabido valientemente encontrar mejorar derroteros,
reconociendo los errores ideológicos de una juventud más
fogosa que intelectual, no es a ellos a quiénes señalo,
sino a esa "izquierda caviar", intelectualoide gauchiste, revolucionaria
de cafetín y tan coqueto con la derecha como lo hace su homólogo
del otro lado del espectro con la izquierda, el ejecutivo en sandalias,
que lleva libros de Sartre y Marcuse, adora la "manta", pretende
ser vegetariano y va a todos los eventos culturales de la izquierda "IN".
El miedo puede ser saludable, pero el terror siempre nos hará daño.
El miedo es una reacción natural con que el organismo nos alerta sobre peligros que nos amenazan. Puede ser el más físico y elemental, como enfrentar a una fiera embravecida, el temor calculado a la pobreza, la vejez o el ridículo, o el de enfrentar a unos asaltadores desgraciados a la salida de un restaurante.
El miedo aviva tu imaginación y te ayuda a prever, imaginar y resolver los problemas y superarlos antes que ocurran; te brinda velocidad de pensamiento y adrenalina que ayudan a enfrentarlos y vencerlos. Lo malo es dejar que se vuelva terror, paralizante y negativo, obnubilante y acobardador. Reacción buscada por los terroristas: que te entregues, que no combatas, que no te enfrente, que des... todo.
Produciendo así una inversión de valores en función del peligro, logrando que ante el enemigo no se planifique el enfrentarse a él sino su huida, alabando esta como inteligente y royendo las raíces del heroísmo, buscando hasta ridiculizarlo.
El miedo es válido, siempre que se domine. No debe ser el derrotero de una acción, pero sí puede tomarse en cuenta para cualquier situación peligrosa. ¿Cómo no temer por la vida de los suyos en una sociedad plagada de criminales?...
* Lic. en Ciencias Políticas.
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