 |
| “soy optimista, hemos visto salir adelante a muchos niños, luchamos hasta la última gota de sudor PARA SACARLOS ADELANTE” Foto
EDH |
Yensy Ortiz
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Con apenas 13 años, Rocío es una de las personas que lleva más tiempo en una silenciosa lucha contra el VIH; un virus que también se llevó a sus progenitores hace ocho años.
La pequeña reside con sus abuelos en el departamento de Santa Ana. Cada mes recibe su tratamiento de retrovirales en el Centro de Excelencia para Niños con Inmunodeficiencia (Cenid) del Hospital Bloom.
Rocío forma parte del 90 por ciento de los infantes que ha heredado la enfermedad de sus padres, pero también del 50 por ciento de los huérfanos que ha dejado el VIH/Sida, desde que se descubrió el primer caso pediátrico en 1989.
La enfermedad le fue detectada antes de los seis años luego de sufrir diferentes padecimientos: dolores de estómago, infecciones en el páncreas, hepatitis y paperas, al grado de disminuirle la hemoglobina a 5 (lo normal en una niña es de 10 a 12). Todo esto dio la alerta a los médicos para diagnosticarle el VIH/Sida.
En 1998 comenzó su tratamiento de retrovirales por medio de la ONG La Lucha Contra el Sida, dirigida por la religiosa María Anel, de la orden diocesana. Aunque la institución sólo atendía a adultos, le brindó terapia durante dos años.
Pasaron dos años más para que Rocío fuera atendida en el Hospital Bloom. La niña ya tenía ocho años y había pasado por varias recaídas debido a que los medicamentos no le surtían efecto, incluso estuvo cinco meses sin tomarlos.
Luis Castañeda, jefe del CENID, se refiere a la niña como
“una persona que ha luchado mucho” tomando en cuenta que se
le ha tenido que cambiar en varias ocasiones de tratamiento. "Ahora
es de las más saludables que tenemos", agrega.
Además de jugar con los niños de su vecindad, estudia como cualquier otro infante. A su corta edad ya ha tenido que asimilar que es portadora del Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH); una labor en la que le han ayudado las terapias psicológicas que le brindan en el CENID.
También su abuelita ha aprendido mucho de esas charlas. "Ella
escuchaba hablar del tema, me volvía a ver, sobre lo que hablaban",
rememora Tere (nombre ficticio), quien le agradece a Dios y al equipo
multidisciplinario que la ha atendido por tener con vida a su nietecita.

|