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Poesía y religión
Vínculos y distancias

Mi defensa es distinguir cosas que parecen iguales pero que no lo son. Una cosa es que el origen remoto de un don tan importante como es el don creador, y en concreto el don poético.

Publicada 7 de noviembre 2005, El Diario de Hoy

Luis Fernández Cuervo
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


Si me parece mala cosa el prosaísmo en que ha caído gran parte de la poesía actual, también me parece malo darle a la poesía un carácter casi -o sin casi- religioso.

El que yo haya dicho que el don poético viene -como todo don de verdad, bondad o belleza- del Espíritu Santo, dicho además en clave de humor, no por eso confundo, ni me gusta que otros confundan, poesía con religión o traten entre ambos una frontera de límites borrosos. Eso perjudica a las dos.

En todas las culturas antiguas, los primeros pasos de la poesía se dan en himnos y cantos de tipo religioso. Pero es bueno salir de esas vinculaciones y límites borrosos.

También el poder político en las antiguas culturas aparece estrechamente ligado a la religión y aún subsiste esa confusión en los gobiernos islámicos, con las consecuencias negativas que están a la vista.

Si es bueno que política y religión -sin necesidad de enemistarse y manteniendo los acuerdos y relaciones pertinentes- diferencien claramente su lenguaje, sus personas y sus actividades, igualmente beneficioso es que poesía y religión mantengan nítidas sus diferencias.

Cuando se exalta a la poesía con afirmaciones como: "Ser humano no es suficiente, se requiere de algo más, y esa súper humanidad sólo lo permite la poesía" o diciendo que la poesía es "la última señal de salvación en un mundo que colapsa", pienso que se está exagerando su papel.

Peor fue cuando se la quiso dar un carácter de "salvación" político-revolucionaria. Eso acabó en violencia, cárceles y asesinatos. En otra onda, Alfonso Guerra Trigueros, en su conferencia "Poesía versus arte", aunque dice cosas muy acertadas y profundas, después se desliza a confusiones entre poesía y religión al afirmar que el poeta es "un hombre poseído", un Poseído del Espíritu.

Un inspirado, según el sentido literal del vocablo. Un hombre que realmente goza del verdadero, del único Don de lenguas, pues que la suya es ¿Lengua de fuego?. Y no olvidemos, por otra parte, que todo verdadero poeta es, o debiera ser siempre, un verdadero y sincero apóstol.

Aquí, don Sisebuto, que persigue estas mis declaraciones sobre poesía con ánimo de cazarme en contradicción, podría señalar triunfalmente lo que Guerra Trigueros dice en otra parte de esa misma conferencia que el poeta es un sencillo instrumento, más o menos sonoro, para la poesía viva y eterna.

Para una poesía ajena. Una poesía que no es de él, en realidad, sino de alguien que supera al hombre para reflejarse en él. Una poesía realmente inspirada: es decir in-spirada y alentada por el único y supremo inspirador que es el espíritu de vida, el espíritu de Dios.

Mi defensa es distinguir cosas que parecen iguales pero que no lo son. Una cosa es que el origen remoto de un don tan importante como es el don creador, y en concreto el don poético, venga del dador de todo don, el Espíritu Santo, y otra cosa es darle ese carácter religioso o casi religioso, con una relación directa e instrumental, sin intermediarios.

Eso es exagerado. Cada poeta no sólo conserva su personalidad, su libertad, sus temas y su estilo en lo que escribe, sino que, como vimos en anteriores artículos, necesita después trabajar sobre lo inspirado y puede además malograr o pervertir su don creador.

Pero incluso esa parte más inefable y que muchos -Hugo lindo entre ellos- sienten como ajena, como dada, la "inspiración", no tiene por qué venir directamente de Dios. Por medio están la cultura poética, las influencias culturales y de todo tipo, el material del subconsciente y otra serie de raíces alimentadoras del numen poético.

Precisamente un buen poeta chileno, el sacerdote José Miguel Ibáñez Langlois, se pasa al extremo opuesto de Guerra Trigueros cuando escribe, en su "Introducción a la literatura", que la inspiración es simplemente un extraño y poderoso estado del espíritu (...) la poesía no es un saber de segundo orden ni un conocimiento celestial: es simplemente la creación mas alta de esa realidad obvia y, sin embargo, misteriosa que llamamos lenguaje. Creo que bastará para mediar entre esos dos poetas y sus dos extremos, señalar que la grandeza de la verdadera poesía está en su carácter especial de algo, aunque humano, muy supra-humano o sobrenatural.

*Dr. en Medicina y columnista de El Diariode Hoy lfcuervo@telemovil.net

 

 

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