| Evangelina
del Pilar de Sol*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Cierta mujer muy moderna, arrepentida de no ser una mujer "de adeveras",
tal como somos la mayoría en elmundo, orgullosas de nuestro maravilloso
"linaje" femenino, y contra el puñado de féminas
que tratan hasta de cambiar nuestra bella lengua española,escribió
lo siguiente: "Son las 6:00 a.m. El despertador no deja de sonar
y no tengo ni fuerzas para tirarlo contra la pared.
- Estoy muerta... No querría ir hoy al trabajo...
- Quiero quedarme en casa, cocinando, escuchando música.
Pasear con mis hijos, y mi perrito. Todo, menos salir de la cama, meter
primera y ponerme a funcionar.
- Me gustaría saber quién fue la bruja. La matriz de las
feministas que tuvo la infeliz idea de reivindicarnos a las mujeres y
por qué hizo eso con nosotras que nacimos después que ella.
- Estaba todo tan bien en el tiempo de nuestras abuelas, ellas pasaban
el día educando a sus hijos, con sus amigas, enseñándose
mutuamente recetas de cocina y secretos de condimentos, trucos, remedios
caseros, leyendo buenos libros de sus bibliotecas, decorando la casa,
podando árboles, plantando flores.
- ¡Qué espacio ni que nada! Si ya teníamos la casa
entera, todo el barrio, el mundo a nuestros pies.
- Teníamos el dominio completo sobre los hombres, ellos dependían
de nosotros para comer, vestirse y para hacerse ver delante de sus amigos
¿Qué rayos de derechos quiso brindarnos?
- Ahora ellos están confundidos y huyen de nosotras como de la
peste bubónica. Esa gracia acabó llenándonos de deberes
contrarios a nuestra naturaleza, competencia de poderes, haciendo la guerra
contra los hombres, hasta en el libertinaje sexual. Y lo peor de todo,
acabó lanzándonos al calabozo de la soltería aguda.
- Antiguamente los matrimonios duraban para siempre.
¿Por qué un sexo que tenía todo lo mejor, que sólo
necesitaba ser frágil y dejarse guiar por la vida, comenzó
a competir con los machos queriendo ser igual?
-No, no aguanto más ser obligada al ritual diario de maquillarme,
peinarme impecable cada mañana y teñirme las canas que son
como lepra, para presentarme a competir contra los hombres en la reunión
de trabajo; salir corriendo para quedarme embotellada en el tránsito,
resolver la mitad de los problemas desde mi celular; correr el riesgo
de ser asaltada, de morir embestida; instalarme todo el día frente
a la computadora, trabajando como una esclava (moderna, claro), con un
teléfono pegado al oído al mismo tiempo, para salir con
los ojos rojos (por el monitor, por supuesto, que para llorar de amor
no hay tiempo).
- Estamos pagando el precio por estar siempre en forma, con un currículo
impecable, lleno de maestrías, doctorados y especialidades.
- Nos volvimos “SUPERMUJERES”... ¡Pero seguimos ganando
menos que ellos!
- ¡Ya basta! Quiero que alguien me abra la puerta para pasar adelante,
me corra la silla cuando me siento, que me mande flores, cartitas con
poesías, que me lleve serenatas a mi ventana.
- Si nosotras ya sabíamos que teníamos cerebro y que lo
podíamos usar, ¿para qué había que demostrárselo
a ellos? Mejor era seguir el ejemplo de nuestras abuelas, que conservaron
a sus hombres, adorándolas hasta morir.
- ¡Uy... tengo que levantarme!... ¡Qué fría
está mi solitaria y grandísima cama!
- Ay... quiero otra vez que mi maridito llegue del trabajo, se siente
en el sofá y me diga: ‘Mi amor, ¿No me traerías
un trago, por favor? y ¿Qué hay de cenar?’ Porque
he descubierto que es mejor servirle a él una cena casera que atragantarme
un sándwich y una gaseosa, mientras termino el trabajo que me traje
a casa. “¿Piensan que estoy farseando? No, mis queridas colegas,
inteligentes, realizadas, liberadas... y... abandonadas...
“Estoy hablando seriamente, y abdicando de mi puesto de mujer moderna”.
*Columnista de El Diario de Hoy.
 |