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Breve
análisis
¿Qué va a pasar en Venezuela?
El delirio de Chávez se impondrá
decisivamente, el autoritarismo se intensificará, las expropiaciones
se multiplicarán, las agresiones se extenderán, las provocaciones
se harán más frecuentes
Publicada 6 de noviembre 2005, El Diario de Hoy
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| Aníbal
Romero*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Caracas. (AIPE).- Venezuela se encamina casi inexorablemente hacia el
establecimiento de una dictadura militarista de izquierda. Se trata de
un proceso gradual, cuya celeridad futura será definida por la
tensión entre dos factores. De un lado, el delirio revolucionario
de Hugo Chávez y su imperativo de responder a las expectativas
que ha creado entre la izquierda anticapitalista y antiestadounidense
a nivel internacional.
Por otro lado, jugará un papel inhibitorio el miedo a los costos
crecientes del rumbo revolucionario, costos que apenas han empezado a
vislumbrarse con la reciente descertificación a medias tintas por
parte de Washington en materia antidrogas. Esto último comienza
a definir, aunque de manera muy lenta y ambigua, al régimen “bolivariano”
como miembro de pleno derecho del grupo de “Estados forajidos”
en la lista negra de Washington. Hasta ahora, Chávez y sus seguidores
han visto con desdén las acciones de Washington, pues la política
estadounidense hacia su régimen ha sido tolerante y blandengue.
Pero las cosas pueden cambiar.
Los síntomas de la dictadura militarista de izquierda están
a la vista, pero la duración de un régimen abiertamente
dictatorial depende del delirio revolucionario y del miedo de sus protagonistas
a las consecuencias de sus actos.
En la actualidad Venezuela vive bajo una autocracia, que no es lo mismo
que una dictadura. Una autocracia significa el gobierno de un individuo
que tiene el poder y lo ejerce de manera arbitraria, pero dentro de un
marco de constituciones y leyes que parecen limitar o guiar ese poder,
mas en realidad son puro papel y ficción, capaces de ser revocadas
o desobedecidas a voluntad del autócrata. Una dictadura, en cambio,
implica despotismo abierto y descarnado, sin pretensiones legales que
maquillen la voluntad del jefe. Entonces, el régimen venezolano
es hoy una autocracia.
Las revoluciones tienen lugar en dos planos: en la imaginación
de los revolucionarios y en la realidad de los eventos. En la mayoría
de los casos el delirio revolucionario consiste en creer que la vida puede
recomenzar desde cero y que los cambios radicales conservarán lo
bueno del pasado y eliminarán sólo lo malo. Tal delirio
es usualmente la fuerza motora del proceso, pues la mentalidad revolucionaria
se nutre de una imaginación desbordada y subordina toda ética
a los fines de la utopía.
Pero en todo revolucionario hay miedo, explícito o implícito.
En todo revolucionario existe una medida de cálculo político,
propio o de otros que le manipulan.
Por ejemplo, durante la crisis de los cohetes en Cuba en 1962, Fidel Castro
puso de manifiesto que para ese entonces el delirio reinaba sin controles
en su espíritu. Castro prefería un conflicto nuclear con
Estados Unidos antes que el retiro humillante de los misiles soviéticos
de la isla.
Posteriormente a ese episodio, Castro fue controlado por los soviéticos
y el cálculo político lo suministraba Moscú. El delirio
de Castro estuvo por mucho tiempo sujeto a los límites que imponía
su amo soviético.
Castro aconseja a veces a Chávez cierta cautela, producto de tantos
años de fracasos, pero es una cautela débil y pasajera.
Pronto los costos del desastre administrativo empezarán a golpear
los bolsillos de los venezolanos una toma de conciencia acerca de las
implicaciones de la alianza con Cuba comenzarán a permear el espíritu
y las protestas callejeras se multiplicarán. Entonces, el delirio
de Chávez se impondrá decisivamente, el autoritarismo se
intensificará, las expropiaciones se multiplicarán, las
agresiones se extenderán, lasprovocaciones y conflictos se harán
más frecuentes y agudos, y Chávez dejará atrás
toda inhibición.
*Profesor de Ciencia Política, Universidad Simón Bolívar.

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