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El Salvador en perspectiva
El poder y la pobreza

Los cambios en los sistemas de gobierno y uso a través de los siglos no habían pesado mucho en las vidas de las masas, hasta los adelantos en la tecnocracia y los métodos de producción y transporte

Publicada 6 de noviembre 2005, El Diario de Hoy

Mario Rosenthal*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


Antes del fin de la Segunda Guerra Mundial (1938/1945) el mundo había estado cambiando, pero lentamente. Todavía el poder en Europa estaba dividido entre los mismos grandes imperios, que también mandaban en Africa y Asia, donde tenían colonias que explotaban.

Había surgido un nuevo tipo de gobierno en América entre las ex-colonias británicas y españolas, que estaban divididas en un gran número de países independientes, encabezados por el más rico y poderoso militarmente, Estados Unidos, una democracia que dominaba pero no mandaba políticamente en el Hemisferio Occidental. Ya existía el experimento comunista, que se unió para formar el bloque de países socialistas, la Unión Soviética.

Ahora, apenas 50 años después de que Alemania y unos aliados fueron vencidos en su intento de dominar toda Europa, y luego intentó conquistar la Tierra y atacó la gran masa de países comunistas, que su propio enorme tamaño y gran población defendieron. Los cambios en el mundo han seguido, como todos saben, pero velozmente. Los antiguos imperios han desaparecido y sólo han quedado unos pequeños que no pesan en el panorama mundial como Suecia y Holanda, y los dos imperios sólo de nombre, que en realidad son monarquías de nombre pero en realidad son democracias: Gran Bretaña y España.

Los cambios en los sistemas de gobierno y uso del poder a través de los siglos no habían pesado mucho en las vidas de las masas, hasta que los adelantos en la tecnocracia y los métodos de producción y transporte derribaron las leyes antiguas naturales, que regían sobre las economías de mercado y volvieron al mundo entero una sola, en la cual cada país tenía que luchar para sobrevivir. De repente insumos que habían sostenido economías nacionales por décadas, fueron amenazadas por la competencia de los mismos productos importados a precios menores.

Viendo sus economías en peligro los países adoptaron medidas proteccionistas, como altas tarifas o subsidios e instituyeron cuotas de importación para inhibir la competencia. Esta es la situación en que nos encontramos ahora. Las economías de mercado, que han sostenido la mayor parte de los países, ha desaparecido.

El costo y valor del insumo o producto no importa, el precio depende del arancel o del subsidio gubernamental, o en muchos casos, como del hule y algodón, la demanda de lo natural ha desaparecido siendo sustituida por un producto artificial de un costo mucho menor. Hasta el azúcar lo ha sufrido, siendo suplantada por dulcificantes artificiales de menor precio en sus usos industriales. Se puede decir que las bebidas embotelladas han reducido la demanda para el café, cuyo precio ha caído al grado de que muchas plantaciones han sido abandonadas, lo que pasó en el pasado con las plantaciones del hule en Brasil, Indonesia, las Filipinas y otras áreas tropicales y semi tropicales.

Todavía no se siente del todo el fuerte impacto de estos cambios. Que los precios que los consumidores pagan con el sudor de su frente del petróleo por ejemplo es artificial y es establecido al antojo de la OPEP y está a la vista. Nadie piensa que los dólares que pagan al empleado de la gasolinera que está poniendo unos galones al carro, van directamente a las manos de los jeques árabes, pero así es.

Cuando se cierra una maquiladora lo inverso está ocurriendo, el trabajo se ha escaseado porque la República Popular China mantiene el cambio del yen con el dólar artificialmente bajo, para poder vender sus productos más baratos en el gran mercado de Estados Unidos. No sabemos qué pasará con el sueño de un mercado globalizado que acabará con la pobreza en el mundo. Lo que sí nos atrevemos a decir es que esa utopía del mercado globalizado no será una verdad si se basa en precios artificiales, sostenidos por aranceles, cuotas de importación, subsidios encubiertos y otras tretas para hacer competitivos los precios.

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.

 

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