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Proteínas escapan de la dieta de los refugiados

Deficiencias. En las últimas dos semanas, el arroz, frijoles y tortillas son los únicos alimentos que mantienen a los niños y adultos en El Congo

Publicada 3 de noviembre 2005 , El Diario de Hoy

Más afortunados. Cecibel Zepeda, de 23 años, y su hija de siete meses prepara su propia comida en el centro de El Congo. Foto EDH/Nelson Dueñas


Eugenia Velásquez
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Las dificultades alimenticias que atraviesan los damnificados por causa del volcán Ilamatepec en los albergues de El Congo, de Santa Ana, van desde la escasez en las raciones asignadas para cada afectado hasta no tener en donde cocinar la comida que reciben.

Media cucharada de arroz, una de frijoles y una tortilla es la dieta para los niños. Para los adultos se extiende a dos tortillas, cucharada y media de arroz y dos de frijoles, los tres tiempos al día.

Así lo explica María Inés Retana, una de las cocineras de turno albergada en el centro escolar de ese municipio, conocido como La Escuelona.

Ayuda de particulares
Marcial Villavicencio es uno de los 12 evacuados que se encuentran en el albergue #116, localizado en la calle antigua a San Salvador, en El Congo, de Santa Ana. Él, al igual que cientos de damnificados distribuidos en los refugios de la zona, proviene del cantón Planes de La Laguna, de Coatepeque. Admite que de no ser por la ayuda que han recibido de organizaciones no gubernamentales y de personas particulares, hasta la
fecha, no tendrían nada que llevarse al estómago.
Marcial Villavicencio
Opción, alquilar casa
Se quedó “sin nada”, porque su casa y todo lo que tenía en ella desapareció el dos de octubre, a raíz de las correntadas de lodo que bajaron del volcán hacia el Lago de Coatepeque. Como muchos de los habitantes de ese sitio, tuvo que buscar un lugar en donde albergarse. Llegó a San Julián, de Sonsonate, pero la desesperación de no recibir “nada”, por ser de Coatepeque y no de ese departamento, la obligó a alquilar una casa en El Congo. El caso de Vilma Elízabeth Rosa es común en esta ciudad.
Vilma Elízabeth Rosa
Barriles como cocina
A falta de cocinas, las tapaderas de barriles de hierro han tenido un uso muy particular en el Instituto Nacional de El Congo, de Santa Ana. Lilian Gutiérrez dice que al no encontrar “para donde”, éstas son utilizadas como comales para echar las tortillas que comen los 310 comensales que se refugian en ese centro educativo. Pero como tampoco funcionan sin fuego, conseguir la leña es un dolor de cabeza que a diario deben resolver los afectados colaborando con lo que pueden para comprarla.
Lilian Gutiérrez

Para colmo, ayer ya no había arroz, el que siempre tienen que comer blanco y simple. El “con qué”, para sazonarlo (tomate, cebolla o verduras), no se conoce en ese lugar.

“Más pechito de lo que estaba se me está poniendo el cipote”, reflexiona doña María Inés. Según dice, los niños han perdido hasta el apetito por el fastidio de saber que al levantarse y antes de irse a dormir, no verán en su plato otra cosa que no sea arroz, frijoles y tortillas.

Al respecto, Aura Aguilar de Prieto, de la División de Asistencia Alimentaria de la Secretaría Nacional de La Familia (SNF), refiere que la cantidad de alimentos que se reparten en los albergues se hace con base en una medida establecida por nutricionistas, para una dieta normal equivalente a 2,200 kilocalorías por persona.

Al respecto, el pedíatra Ángel Duarte la ve “como una dieta de harina, insuficiente, con una clara falta de proteínas, propia de situaciones de emergencia, pero no para más allá de dos o tres días”.

Los niños de El Congo llevan en los albergues más de 30 días consumiendo esa “dieta de harina”.

Otro de los dilemas que a diario deben resolver es la forma en como cocinarán sus alimentos.

En la Escuelona, dos planchas prestadas por Marina del Carmen Díaz sirven de cocina. Ella es una de las personas que engrosan la lista de los 481 refugiados de ese lugar.

Pero, aduciendo que ya “se las arruinaron”, insistía en que en la noche de ayer se las llevaría de vuelta a su casa, dejando sin medios para preparar los alimentos.

Similar situación se vive en el Instituto Nacional de El Congo, los refugios oficiales del Comité de Emergencia Nacional (Coen).


Viviendas familiares son ahora albergues

La vida rutinaria de El Congo desde hace un mes sufrió una metamorfosis urbana, producto de un fenómeno natural que, aunque se veía venir desde finales de agosto, se hizo realidad el uno de octubre.

La cifra de 20 albergues que el Coen admite como abiertos en ese municipio chocan con los números de los rótulos visibles que dicen refugios instalados en casas particulares, iglesias evangélicas y católicas, y que van desde el 12, 24, 63, 116 y así sucesivamente.

El Congo, por su cercanía con el cantón Planes de La Laguna, de Coatepeque, se convirtió desde la erupción en la segunda ciudad de los habitantes del lago.

Para José Ramírez, directivo de ese cantón, la situación es alarmante. Incluso habla de que muchas personas aún no han sido tomadas en cuenta y cita los casos de algunos damnificados que han tenido que alquilar casa en el centro de El Congo, por la falta de ayuda por parte del gobierno.

Hace más de 30 días, esta ciudad, llena de coloridos mototaxis por $0.25 el viaje, dejó de ser la misma. Sólo en la Colonia Los Cerritos se localizan cerca de 15 casas particulares convertidas en albergues, con un promedio de 20 a 30 personas cada uno.

Los residentes del lugar han acogido a sus vecinos de Coatepeque. El tiempo que permanecerán ahí depende de un volcán cada vez más impredecible.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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