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Más afortunados. Cecibel Zepeda, de 23 años, y su
hija de siete meses prepara su propia comida en el centro de El
Congo. Foto EDH/Nelson Dueñas
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Eugenia Velásquez
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Las dificultades alimenticias que atraviesan los damnificados por causa
del volcán Ilamatepec en los albergues de El Congo, de Santa Ana,
van desde la escasez en las raciones asignadas para cada afectado hasta
no tener en donde cocinar la comida que reciben.
Media cucharada de arroz, una de frijoles y una tortilla es la dieta para
los niños. Para los adultos se extiende a dos tortillas, cucharada
y media de arroz y dos de frijoles, los tres tiempos al día.
Así lo explica María Inés Retana, una de las cocineras
de turno albergada en el centro escolar de ese municipio, conocido como
La Escuelona.
Ayuda
de particulares
Marcial
Villavicencio es uno de los 12 evacuados que se encuentran en el albergue
#116, localizado en la calle antigua a San Salvador, en El Congo,
de Santa Ana. Él, al igual que cientos de damnificados distribuidos
en los refugios de la zona, proviene del cantón Planes de La
Laguna, de Coatepeque. Admite que de no ser por la ayuda que han recibido
de organizaciones no gubernamentales y de personas particulares, hasta
la
fecha, no tendrían nada que llevarse al estómago.
Marcial Villavicencio |
Opción,
alquilar casa
Se
quedó sin nada, porque su casa y todo lo que tenía
en ella desapareció el dos de octubre, a raíz de las
correntadas de lodo que bajaron del volcán hacia el Lago de
Coatepeque. Como muchos de los habitantes de ese sitio, tuvo que buscar
un lugar en donde albergarse. Llegó a San Julián, de
Sonsonate, pero la desesperación de no recibir nada,
por ser de Coatepeque y no de ese departamento, la obligó a
alquilar una casa en El Congo. El caso de Vilma Elízabeth Rosa
es común en esta ciudad.
Vilma Elízabeth Rosa |
Barriles
como cocina
A
falta de cocinas, las tapaderas de barriles de hierro han tenido un
uso muy particular en el Instituto Nacional de El Congo, de Santa
Ana. Lilian Gutiérrez dice que al no encontrar para donde,
éstas son utilizadas como comales para echar las tortillas
que comen los 310 comensales que se refugian en ese centro educativo.
Pero como tampoco funcionan sin fuego, conseguir la leña es
un dolor de cabeza que a diario deben resolver los afectados colaborando
con lo que pueden para comprarla.
Lilian Gutiérrez |
Para colmo, ayer ya no había arroz, el que siempre tienen que
comer blanco y simple. El con qué, para sazonarlo (tomate,
cebolla o verduras), no se conoce en ese lugar.
Más pechito de lo que estaba se me está poniendo el
cipote, reflexiona doña María Inés. Según
dice, los niños han perdido hasta el apetito por el fastidio de
saber que al levantarse y antes de irse a dormir, no verán en su
plato otra cosa que no sea arroz, frijoles y tortillas.
Al respecto, Aura Aguilar de Prieto, de la División de Asistencia
Alimentaria de la Secretaría Nacional de La Familia (SNF), refiere
que la cantidad de alimentos que se reparten en los albergues se hace
con base en una medida establecida por nutricionistas, para una dieta
normal equivalente a 2,200 kilocalorías por persona.
Al respecto, el pedíatra Ángel Duarte la ve como una
dieta de harina, insuficiente, con una clara falta de proteínas,
propia de situaciones de emergencia, pero no para más allá
de dos o tres días.
Los niños de El Congo llevan en los albergues más de 30
días consumiendo esa dieta de harina.
Otro de los dilemas que a diario deben resolver es la forma en como cocinarán
sus alimentos.
En la Escuelona, dos planchas prestadas por Marina del Carmen Díaz
sirven de cocina. Ella es una de las personas que engrosan la lista de
los 481 refugiados de ese lugar.
Pero, aduciendo que ya se las arruinaron, insistía
en que en la noche de ayer se las llevaría de vuelta a su casa,
dejando sin medios para preparar los alimentos.
Similar situación se vive en el Instituto Nacional de El Congo,
los refugios oficiales del Comité de Emergencia Nacional (Coen).
Viviendas familiares son ahora albergues
La vida rutinaria de El Congo desde hace un mes sufrió una metamorfosis
urbana, producto de un fenómeno natural que, aunque se veía
venir desde finales de agosto, se hizo realidad el uno de octubre.
La cifra de 20 albergues que el Coen admite como abiertos en ese municipio
chocan con los números de los rótulos visibles que dicen
refugios instalados en casas particulares, iglesias evangélicas
y católicas, y que van desde el 12, 24, 63, 116 y así sucesivamente.
El Congo, por su cercanía con el cantón Planes de La Laguna,
de Coatepeque, se convirtió desde la erupción en la segunda
ciudad de los habitantes del lago.
Para José Ramírez, directivo de ese cantón, la situación
es alarmante. Incluso habla de que muchas personas aún no han sido
tomadas en cuenta y cita los casos de algunos damnificados que han tenido
que alquilar casa en el centro de El Congo, por la falta de ayuda por
parte del gobierno.
Hace más de 30 días, esta ciudad, llena de coloridos mototaxis
por $0.25 el viaje, dejó de ser la misma. Sólo en la Colonia
Los Cerritos se localizan cerca de 15 casas particulares convertidas en
albergues, con un promedio de 20 a 30 personas cada uno.
Los residentes del lugar han acogido a sus vecinos de Coatepeque. El tiempo
que permanecerán ahí depende de un volcán cada vez
más impredecible.

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