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Alegría y miedo en el Día de Pedir Ayote

Celebración. El festejo se prolongó hasta altas horas de la noche del 1 de noviembre. Los pobladores y visitantes disfrutaron del platillo típico que repartió la comuna

Publicada 3 de noviembre 2005 , El Diario de Hoy

costumbre/ 7:00 p.M.
Atuendos. Los chicos y grandes se divirtieron con la representación de personajes mitológicos. También portaban morros con velas encendidas en el interior. Foto EDH/Oscar Payes


Enrique Carranza
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

La noche del 1 de noviembre, el municipio de Tonacatepeque, al norte de San Salvador, festeja una costumbre precolombina.

En la oscuridad de la entrada principal de esa ciudad, los cohetes de vara anunciaron el inicio del Día de Pedir Ayote, y de un desfile que pareció salido de una película de terror.

Unos 15 jóvenes que vestían atuendos blancos elaborados en manta se encontraban formados. Su calzado eran sandalias, pero no llevaban cabezas.

Minutos antes, varios niños rondaban las viviendas en busca de ayote en miel y alguno que otro refrigerio.

En sus rostros llevaban máscaras hechas de morro y papel. El cabello era de hilos de henequén, y como ropa cargaban pantalones y camisas rasgadas.

“Ángeles somos, del cielo venimos, pedimos ayote para nuestro camino”, repetían una y otra vez los menores.

La siguiente en la formación era la Carreta Chillona, que en sus barandales lucía rostros hechos en morros. Las velas encendidas en los interiores de éstos dejaban ver risas burlonas.

Con la explosión de los juegos pirotécnicos, los pobladores abarrotaron las calles y avenidas de esa ciudad. Chicos y adultos se concentraban en las aceras para apreciar el recorrido del singular desfile.

Distribución/ 6:30 p.m.
Costumbre. Los empleados de la municipalidad repartieron ayote en miel y chilate a los pobladores y visitantes .

Espantos/7:30 p.M.
Atractivos. Los personajes míticos como los monjes cargaron la Carreta Chillona durante el recorrido. Fotos EDH/Oscar Payes

En ese instante, otro grupo pobladores se unió a la actividad. Entonces un fuerte olor a incienso se hizo sentir.

Unos monjes que vestían ropas de seda color bronce y que alumbraban el camino con antorchas escoltaban otra Carreta Chillona.

Las ruedas metálicas de la última producían un chillido que llegaba hasta lo más profundo de los oídos.

A lo lejos, un lugareño soplaba un caracol. El sonido que salía del molusco llegaba hasta muchas partes del pueblo.

Otros personajes mitológicos también participaron.

La Sigüanaba, con sus risas, y el Cipitío, con su tradicional sombrero, arrancaron el nerviosismo entre los espectadores.

El Justo Juez de la Noche y el Padre sin Cabeza aportaron el respectivo terror. Para los turistas y los que no tuvieron suerte durante la recolecta de bocadillos, la alcaldía repartió ayote en miel acompañado del tradicional chilate.

“Cada año apoyamos la celebración, necesitamos transmitirla a las nuevas generaciones”
Adrián Rivas Alcalde de Tonacatepeque

“Como grupo juvenil apoyamos las tradiciones del municipio, y la idea es que no se pierdan”
Ivania Galdámez
Miembro del Grupo Scout


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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