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Yanci Pérez
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
Una mancha oscura en su seno derecho fue la primera señal.
Era mayo anterior. Días después, Flor Idalia Iglesias Chicas,
una joven de 21 años, sintió dolor. Hoy sabe que padece
cáncer.
Está angustiada. Vive en un mesón del barrio La Merced y
permanece en una hamaca preocupada por su salud y más al pensar
que si necesita una intervención quirúrgica, no podrá
pagarla.
Dolor
La mancha en su pezón derecho la preocupó, pero no le prestó
mayor atención hasta que le dolió y se inflamó. Incluso
fue al hospital San Juan de Dios, donde un médico del área
de emergencias la atendió y le dijo que padecía una infección
normal.
Días después, el padecimiento no se reducía, por
lo que consultó a otro galeno quien le recomendó visitar
un centro asistencial privado en la capital.
Ahí le efectuaron varios análisis y biopsias. Con los resultados
la refirieron al Instituto del Cáncer.
En agosto, confirmaron su temor. Sufre un cáncer mamario progresivo.
Ya sus dos senos son afectados.
Pero aún debe someterse a otras pruebas para establecer si su dolencia
es superficial o ha afectado otras partes de su organismo. Luego podrán
darle el tratamiento que consideren más adecuado.
Ya está abatida. Los análisis y viajes a la capital le han
provocado una seria crisis económica, según expresa. Ni
ella ni su hermana menor tienen forma de cubrir los gastos.
La vida de Flor ha sido de sufrimiento. Son tres hermanas a quienes su
madre abandonó hace años.
La mayor está casada y en la medida que le es posible, la apoya.
La menor se ha convertido en su enfermera.
Pero no saben cómo cubrir ya sus gastos, además de la alimentación
y vivienda, deben viajar una vez por semana a la capital para sus consultas
médicas. Ignora cuánto le costará el tratamiento
que necesita.

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