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| Víctima. Manuel de Jesús Martínez
fue asesinado hace seis meses. José Mendoza resultó
herido y declararía ante los tribunales. Foto
EDH |
Antolín escobar
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
No se escapó de la muerte. José Javier Mendoza, alias El
Negro, de 22 años, fue miembro de la pandilla Pericos Locos.
El pasado mes de abril resultó herido al ser agredido a balazos,
cuando se encontraba junto a otro presunto marero que pereció en
el hecho.
Ayer fue atacado de nuevo y esta vez los criminales se aseguraron de matarlo.
Su muerte no sólo implica un incremento en las acciones violentas,
sino también serios atrasos en el proceso judicial que se sigue
contra un sujeto acusado de participar en el primer hecho.
Mendoza era el testigo clave en su contra.
El ataque
El 29 de abril, Mendoza y Manuel de Jesús Barrientos, se encontraban
en la calle principal de la colonia Lamatepec.
Ahí les atacaron a balazos varios desconocidos, al parecer por
rencillas entre pandilleros.
Barrientos pereció y José Javier resultó lesionado.
Fue atendido en un centro asistencial.
Las autoridades identificaron y capturaron luego a William Guevara, como
uno de los presuntos responsables del hecho.
Este enfrenta un proceso judicial, en el que Mendoza era el principal
testigo de cargo.
Todo el proceso era visto con optimismo por los fiscales, hasta que se
enteraron de la muerte de José.
De acuerdo a los informes policiales, el joven había sido amenazado
varias veces, tras ser declarado testigo.
El martes a las cuatro de la tarde se encontraba en la colonia Lamatepec
y notó que lo perseguían dos sujetos, por lo que corrió
por varias cuadras.
Los desconocidos estaban a punto de alcanzarlo, pero él se introdujo
a una vivienda.
Sus agresores también entraron y en el sitio lo acribillaron.
Los sujetos huyeron del lugar. Según datos de las policía
y fiscales el cuerpo tenía seis impactos de bala, entre ellos uno
en el rostro y otro en la cabeza.
Familiares del asesinado y vecinos del sector donde ocurrió el
crimen, esperan que las autoridades identifiquen y detengan a los responsables.
Lamatepec, una colonia afectada por la violencia
Antolín Escobar
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| Protección. La vigilancia no reduce los
actos de delincuencia. Foto
EDH |
La casa a la que ingresó José Javier Mendoza en un vano
intento por escapar de sus homicidas, tenía la puerta abierta.
No es frecuente en ese sector porque todos temen a la delincuencia.
Pero los propietarios de la vivienda explicaron que se dedicaban a pintar
las paredes y por ello permanecían en esas condiciones.
Admiten que en el sector, la mayoría de vecinos tiene miedo continuamente.
Ahí las maras merodean a toda hora, por lo que asaltos y agresiones
físicas son frecuentes.
Estamos cansados de esta situación, es momento de que las
autoridades hagan algo que de verdad sea efectivo para devolvernos la
tranquilidad, manifestó un residente.

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