|

Carlos Ball*
El
Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Miami. (AIPE).- La clave de la riqueza y pobreza de las naciones está
en la buena o mala utilización de escasos recursos económicos,
y existen sólo dos maneras de hacerlo.
Una es permitiendo que precios libres transmitan la información,
aporten los estímulos para reducir el costo de bienes y servicios
(premiando a los competentes y desplazando a los incompetentes que hacen
mal uso de los recursos), como también determinando quiénes
son los ganadores y perdedores, es decir, cómo se distribuye la
renta. La otra manera es a través de la planificación, intervención
y regulación gubernamental.
Hoy quedan sólo dos países donde el Gobierno toma absolutamente
todas las decisiones económicas: Cuba y Corea del Norte. No es
casualidad que son los más miserables y atrasados del mundo.
Y si vemos los países más ricos y exitosos, como también
aquellos que aumentan más rápidamente sus ingresos per cápita,
encontramos que son (o fueron cuando crecieron) las naciones con menos
regulaciones y controles; es decir, con mayor libertad individual.
Y la razón es sencilla: ni usted ni yo somos brutos y ambos sabemos
mejor que los políticos y burócratas lo que a nosotros y
a nuestras familias nos conviene. Las trabas e inconvenientes que los
gobernantes ponen en nuestro camino nos empobrecen y nos desaniman.
Si esto se lleva al extremo, como sucede bajo el socialismo, dejamos de
esforzarnos y nos dedicamos a demostrar nuestra miseria para obtener limosnas
del Estado.
A raíz del colapso de la Unión Soviética parecía
que América Latina, gozando de recién logradas libertades
políticas, se encaminaría hacia la libertad económica.
Pero no sucedió así. Nuestros políticos y sus partidos
socialdemócratas y socialcristianos prefirieron instrumentar políticas
parecidas a las que mantuvieron al PRI mexicano durante 72 años
en el poder.
Su objetivo no es el bienestar y desarrollo de los pueblos, sino concentrar
en sus manos suficiente poder económico para comprar el apoyo de
determinados grupos, todo ello arropado bajo el flexible y nebuloso concepto
de la justicia social.
Entonces, las instituciones multilaterales, como el FMI, el Banco Mundial
y el BID, lograron creciente influencia sobre los nuevos gobiernos democráticos
y, lejos de promover las inversiones privadas y la libertad económica
para aumentar el nivel de vida de la gente, financiaron costosas inversiones
estatales, a la vez que insistían en impuestos más altos
para que les pagaran los préstamos y no se oponían a devaluaciones
y demás violaciones de la propiedad privada.
Así contribuyeron tanto al empobrecimiento general como al enriquecimiento
de gobernantes, burócratas y seudocapitalistas con nexos políticos.
Es decir, las multilaterales, donde se reciclan los políticos del
hemisferio, han contribuido al empobrecimiento de la clase media y al
aumento de la miseria.
Así América Latina pasó de ser una región
que atraía inmigrantes a una de emigrantes. Pero hay esperanzas,
porque no hay manera de tapar el éxito de los tigres de Asia y
de las ex colonias soviéticas, que, promoviendo inversiones y la
libertad económica, con una tasa única y baja de impuestos,
saltaron de tener poblaciones más pobres que los países
más atrasados de Latinoamérica a crecer con mucha mayor
rapidez que nuestras pocas estrellas.
Al mismo tiempo, la Internet y los inmigrantes latinoamericanos aportan
creciente información sobre esas sociedades libres y exitosas.
Tarde o temprano, cambiaremos a la pesada y sucia pata del Gobierno por
la mano invisible.
*Director de la agencia AIPE y académico
asociado de Cato Institute. © www. aipenet.com

|