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El
Diario de Hoy
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Borrar a Israel del mapa propone el presidente de Irán,
Mahmoud Ahmadinejad, musulmán enloquecido que atribuye el establecimiento
del Estado judío a una conjura del mundo opresor contra
el Islam. La amenaza del iraní provocó la reacción
inmediata de numerosos países, para los cuales es inaceptable y
causa de horror, el anuncio de un genocidio y agresión total.
Ahmadinejad es el más radical de los candidatos que se presentaron
en las últimas elecciones presidenciales en Irán, el heredero
mental de Jomeini y la banda de clérigos que tienen secuestrada
a la nación. Es el mismo que ha reactivado el programa de desarrollo
pacífico de energía nuclear y que apoya a los grupos
terroristas que operan en todo el Oriente Medio, incluido Iraq. Irán,
siguiendo la expresión del Presidente Bush, es junto a Corea del
Norte un eslabón clave en el Eje del Mal, la avanzada de la guerra
contra el Occidente.
La trama del terror se sostiene con los dineros de la droga (el cultivo
de amapolas en Afganistán y el narcotráfico hacia Europa),
el sostén logístico y económico de los despotismos
y autocracias de la región, la extorsión y contribuciones
voluntarias de millones de creyentes y el producto del crimen organizado
que controlan.
Pero la real fuerza del terror se deriva de la incesante prédica
del odio y la incitación a la violencia que tiene lugar en centenares
de miles de Madrasas, las escuelas de instrucción religiosa, al
igual que la faceta intolerante del islamismo, que califica de infiel
a lo que se sale de su esfera.
El Islam no logra separar la religión del Estado, lo que con éxito
hizo Ataturk en Turquía, lo que se presta a los horrendos excesos
que ocurren a diario en Iraq, en Indonesia, en Palestina y ahora en el
resto del mundo.
Tormentas de aquellos vientos
La historia demostró en repetidas ocasiones, nos dice un analista,
que ignorar la amenaza de genocidio con la esperanza de que simplemente
va a desaparecer, es garantía de un exterminio. Eso sucedió
con los nacional socialistas alemanes antes de tomar el poder y se viene
repitiendo desde entonces. Predican la violencia y la persecución,
lo que cumplen al contar con los medios, como pasó en Centro-América
en las décadas de los Setenta y Ochenta.
La guerra contra Occidente, de la cual Israel es uno de los blancos, el
más inmediato, se libra en varios frentes. La indoctrinación
es su primer fase, el paso previo a formar cuadros que luego perpetran
los atentados, como se demostró en Inglaterra; se continúa
luego estableciendo células latentes en un territorio, lo que ocurre
en Europa, para de allí ir elevando la gravedad de los atentados
y ataques hasta caer en conflagraciones como la de Chechenia o llegar
al espanto último de borrar a Israel del mapa.
La tragedia actual es resultado de la implosión de las sociedades
islámicas, presas crecientes del fanatismo, como de previos errores
y perversas políticas.
El punto de partida en los últimos decenios fue la desestabilización
de Irán primero y el derrocamiento del Sha después por Jimmy
Carter, que con toda intención puso en movimiento un igual horror
en Centro-América. El Sha era el estabilizador del Oriente Medio,
el que tuvo bajo control a los radicales.

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