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Inicio. Xavi felicita a Van Bommel, autor del primer gol, cuando
todavía no se había cumplido un minuto de juego. Foto
EDH
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EFE
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
En un partido tan plácido como entretenido, el Barcelona se deshizo
del Panathinaikos (5-0) con una facilidad pasmosa y logró asegurarse
la clasificación para los octavos de final de la Liga de Campeones.
El equipo azulgrana abusó de un Panathinaikos inofensivo, blando
e incapaz de mantenerse en pie desde el pitido inicial.
Salió tan desconcentrado que recibió el primer gol antes
de tomar posiciones en el césped, gracias a un gran pase de Iniesta
que Van Bommel colocó con suavidad por encima de la media salida
de Galinovic.
Antes de que se hubiera cumplido el primer minuto de juego (el gol llegó
en el segundo 46), el guión del partido ya estaba escrito. La superioridad
del equipo de Rijkaard fue tan aplastante que el Panathinaikos ni siquiera
pidió la palabra.
Se dedicó el equipo griego a defenderse con mediocridad, a olvidarse
de la pelota y a renunciar escandalosamente al ataque. A la que el Barca
amagó el golpe, el Panathinaikos se echó a temblar.
Parecía que el equipo azulgrana sólo necesitaba ponerse
la camiseta para atemorizar al rival, porque el Panathinaikos se retrajo
constantemente y se derrumbó a las primeras de cambio.
Fútbol total
Y ante la invitación del rival, el Barca se dio un gustazo. Jugó
tan a placer que todos sus jugadores brillaron. Rijkaard había
formado un equipo plagado de peloteros, con Messi, Ronaldinho o Iniesta,
y efectivamente, el balón fue propiedad exclusiva del Barca.
Fue Iniesta quien manejó el cuero con más propiedad en los
primeros compases. Dueño de una visión del juego envidiable,
el menudo centrocampista azulgrana abrió el camino de la victoria
con dos meritorias asistencias, porque tras habilitar a Van Bommel, colocó
un balón en la cabeza de Eto'o que el camerunés remató
a la red del Panathinaikos ante la pasividad de la defensa.
No se recordaba por el Camp Nou un partido tan sencillo, un rival tan
destruido. Hasta tal punto que el asunto quedó finiquitado al cuarto
de hora. Sólo faltaba acomodarse y disfrutar del espectáculo,
incluso calcular los guarismos de la goleada.
Messi, titular de nuevo tras dos partidos sentado en el banquillo, se
sumó a la fiesta con su primer gol de la temporada. La acción
fue un buen ejemplo de lo que fue el partido: un repertorio de errores
de la zaga griega aprovechado por la pillería del Barca.
Darlas perdió un balón incomprensible, multiplicó
su error intentando ceder el cuero a su portero y por allí apareció
el pequeño argentino para hacerle un sombrero al guardameta y dibujar
el 3-0.
La conexión Ronaldinho-Messi-Eto'o apareció antes del descanso
para sostener un contragolpe modélico y colocar el cuarto gol en
el marcador, después de un remate seco del camerunés.
Compasivo, el Barca se relajó en la reanudación. Siguió
intentando cercar la portería de Galinovic, ocupó el campo
contrario con toda la tranquilidad del mundo y se entregó a la
estética, pero a un ritmo más relajado.
Pero Eto'o no es de los que se conforman y le pusieron en bandeja la oportunidad
para firmar su primer tripleta.
Lo logró en el gol más bello de la noche, en un gesto técnico
propio de los grandes: desde el vértice del área, cuando
la jugada demandaba una carrera hacia el punto de penalti, envió
a la escuadra griega un balón de Messi.

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