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Retorno. Hace mucho tiempo, ella se mudó de Siberia a Florida,
y luego de vivir 11 años como expatriada en EE.UU., regresó
con la imagen de una glamorosa joven rubia estadounidense. Foto/The
New York Times
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The
New York Times
C. J. Chivers
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
MOSCÚ.- Cuando la jugadora de tenis mejor clasificada del mundo
arrojó una pelota muy alto, una tarde reciente, estirando su cuerpo
casi imposiblemente largo hacia atrás, antes de golpear la pelota
que caía con tanta fuerza que se convirtió brevemente en
una borrosa línea amarilla, había comenzado más que
un juego de tenis.
Este era un regreso a casa, o al menos algo similar en una nación
que ha visto a muchos de sus ciudadanos marcharse en busca de una vida
mejor.
Después de un ascenso celosamente observado en Estados Unidos,
Maria Sharapova hacía su debut profesional en su país. Una
estrella había regresado a casa.
El hogar es una noción polémica que puede cambiar cuando
la persona es Sharapova, quien es ciudadana rusa, vivió en Siberia
desde su nacimiento, en 1987, hasta la edad de 7 años. Posteriormente,
su familia se había reubicado allí tras escapar del desastre
nuclear de Chernobyl.
Pero, hace mucho tiempo, Sharapova se mudó de Siberia a Florida,
y luego de vivir 11 años como expatriada en EE.UU., regresó
con la imagen de una glamorosa joven rubia estadounidense. Su inglés
es impecable. Su línea de perfume pertenece a Macy's- Su ruso,
lo que es natural, todavía se ve salpicado por muchas palabras
rusas.
Y así, su reciente arribo a la Copa del Kremlin, en Moscú,
una ciudad por la que solamente pasó una vez desde que se marchó,
marcó más que solamente su primer torneo en una cancha rusa.
Dio lugar a un escarceo. Nerviosamente, y con inseguridad, Rusia cortejó
a una de los suyos.
Pero, ¿lo es? Aunque ella tuvo la más cálida de las
recepciones públicas, desde una aduladora cobertura noticiosa hasta
un sorpresivo premio del Estado, sus intenciones han sido el tema de interminables
preguntas y especulaciones.
Es un cortejo en el que casi siempre acechan ideas entre líneas.
Sí, fue muy aclamada, a pesar de su mal juego y su pérdida
en los cuartos de finales. Pero los incansables ánimos ¡Masha,
Masha!, coreaban, usando el diminutivo ruso de su nombre apenas
podía ocultar los interrogantes.
Masha. Masha. ¿Jugará en el equipo nacional ruso? ¿Representará
a Rusia en los Juegos Olímpicos?, O, ni atreverse a mencionarlo,
¿se convertirá en ciudadana estadounidense, desertando con
su talento y su fama hacia una tierra que no escasea en estrellas? Si
pudiera conocerla, le diría, Masha, ty nasha,
comentó Valentina Tochilina, de 42 años, quien sacó
a su hijo de 15 años de la escuela para ver jugar a la larguirucha
Sharapova.
Masha, ty nasha. Significa, Masha, eres nuestra.
Una clave para entender a Rusia es conocer muy bien el funcionamiento
de un orgullo herido. Mucho talento y familias han salido de sus fronteras
desde que los bolcheviques tomaron el poder.
Este es el país que perdió la guerra fría y a estrellas
como Mijail Barishnikov, el bailarín y director artístico
letón.
Se ganó su lugar
Y, como un rostro nuevo en el panteón de los nuevos ricos rusos,
Sharapova ocupa un lugar especial e impresionante: realmente se ganó
su lugar, a diferencia de muchas de las otras persona con grandes autos
negros, acerca de las cuales es una creencia popular que ascendieron por
los peldaños de la sociedad y acumularon sus fortunas mediante
el soborno, la estafa o el robo.
Su situación no era fácil en su familia, y ascendió
todo el camino hasta la cima, afirmó Natalya Boldina, de
14 años, quien faltó a clases para ver jugar a su ídolo.
Es por eso que la respetamos.
En cuanto a las preguntas que la asedian, Sharapova las ha manejado con
gracia. Si tuviera recelos respecto a Rusia, sumida en el desorden y la
ruina, ha sido lo suficientemente inteligente para callarlo.
Sí, declaró a un grupo de periodistas, desea un lugar en
el equipo nacional ruso. Sí, espera jugar para Rusia en los Olímpicos.
No, respondió, nunca ha pensado en convertirse en ciudadana estadounidense.
Su popularidad creció aún más cuando dijo que contemplaba
crear una escuela de tenis en Sochi, en la costa del Mar Negro.
Las respuestas eran precisamente las que sus fanáticos rusos querían
escuchar. Pero siempre persiste esa empecinada sensación de preocupación.
La ciudad está lista para que la conquiste. Y se pregunta: ¿Lo
aceptará?

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