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Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Dicen que el silencio puede ser una compañía adorable.
Tal vez porque permite escuchar a solas la voz del corazón. La
voz del ángel. La melodía mágica del espíritu
que el bullicio del mundo nos impide oír.
La música del silencio sólo puede ser escuchada en la más
profunda quietud. De igual forma que sólo en las aguas calmas del
estanque podemos ver nuestro rostro con claridad.
Suele el silencio decirnos más que la bulliciosa multitud. Consejero,
amigo fiel, el silencio escuchará los sueños y confesiones
de tu alma. Si sueñas el silencio soñará contigo,
si lloras, si ríes, si cantas la olvidada canción de tu
anhelo, él cantará junto a ti.
El lugar santo que buscaban los antiguos místicos era su altar
interior. El que está más cerca de tu alma. Aún más
próximo que tu mismo cuerpo y que el distante reino exterior.
Aprender a conversar con nuestro dios íntimo nos permite saber
todas las respuestas de la vida y sus enigmas.
Aprendamos a ser amigos del silencio que suele decir más que una
palabra, que un discurso, que una mentira o una frase vociferada.
Busca al amigo silencio. El mutis fraterno. La voz de la quietud. La misma
que dice el nombre de la felicidad.
(palabrasbalaguer@gmail.com)
Día a Día
La gran pensada
Fortalecer las labores fiscalizadoras de la Corte de Cuentas y dar más
autoridad a la Asamblea para indagar, fueron dos propuestas presentadas
en una mesa redonda organizada por Fusades.
La pensada equivale a aumentar el número de vigilantes contra
la corrupción: hasta ahora una entidad y sus funcionarios eran
vigilados por Juan, quien a su vez era controlado por Andrés; la
idea es que haya otro vigilante que vigile a Andrés y un cuarto,
a todos los anteriores.
¿Pero dónde se detiene la cadena de supervisores, fiscalizadores,
contables y auditores que al menos en teoría velan por el buen
manejo de los dineros públicos? Yendo más allá ¿es
que hay posibilidades reales de descubrir a los grandes corruptos en el
sistema imperante?

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