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Breve
análisis
La Ilustración en entredicho
En la actualidad la ciencia pertenece
a un mundo en rápida mundialización. Se la considera un
motor del crecimiento económico, pero también una amenaza
para nuestra seguridad y nuestras creencias.
Publicada 2 de noviembre 2005, El Diario de Hoy
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Helga
Nowotny*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Los debates enconados sobre religión y ciencia suelen ser propios
exclusivamente de los Estados Unidos. Sin embargo, en los últimos
meses esa clase de debates ha empezado a extenderse... primero a Europa
y después al resto del mundo.
Al parecer, la ciencia está chocando con peligros políticos
que no había afrontado desde antes de la Ilustración.
Europa inició su debate al estilo americano sobre los orígenes
de la vida cuando el cardenal Christoph Schönborn, de Viena, emitió
dudas sobre la aceptabilidad del darwinismo y la teoría evolucionista
para las personas que se consideren católicos romanos fieles.
El cardenal sostuvo que la evolución es la obra de Dios y que a
esa luz y no otra se debe interpretar la teoría evolucionista.
Con la intervención del cardenal Schönborn, pareció
que se había acabado de repente la paz entre la ciencia y la religión
que en la vieja Europa había estado en vigor casi desde la Ilustración...
y al menos desde el desalojo históricamente conseguido a
pulso de la Iglesia fuera de la política a finales del Siglo
XIX y principios del XX. Se debe conceder prioridad a la verdad revelada
parecía decir el cardenal sobre las verdades que la
ciencia revela mediante la razón.
Eso no quiere decir que el sentimiento religioso o, en el caso de Alemania,
la amarga experiencia histórica derivada de la época nazi
haya estado ausente de otros debates europeos: sobre la ética de
la investigación relativa a células-madre, pongamos por
caso.
De hecho, el origen religioso de las naciones de Europa se ha manifestado
con claridad en varias legislaciones europeas sobre esa clase de investigación,
entre las cuales el Reino Unido y Suecia han sido las más liberales
e Italia, Austria y Polonia las más restrictivas, pero ninguno
de esos debates impugnaba en forma directa el papel de la ciencia en la
sociedad ni postulaba, como el cardenal Schönborn, la idea de que
la religión y la ciencia fueran potencialmente incompatibles.
Tras la declaración del cardenal, muchos señalaron a los
Estados Unidos como un aviso sobre los peligros inherentes a la politización
de la ciencia mediante la religión. Indicaron que el Presidente
Bush se había puesto claramente de parte de quienes quieren que
la teoría evolucionista sea optativa en los programas de ciencias
de las escuelas.
La razón de que esa pseudociencia haya prevalecido en tantas escuelas
estadounidenses está relacionada directamente con la tremenda descentralización
del sistema escolar de los Estados Unidos, que permite a los grupos locales
comprometidos y de mentalidad religiosa reformar el programa de estudios.
El poder de los movimientos de los Estados Unidos basados en la fe es
innegable y su influencia en otros sectores en los que coinciden la ciencia
y la política, incluida la disponibilidad de determinados medicamentos
un ejemplo de los cuales es la píldora de la mañana
siguiente, va en aumento.
Los debates sobre la naturaleza y los beneficios de la ciencia no se limitan
a los Estados Unidos y Europa. Cuando la Universidad Nacional de Corea
del Sur anunció la primera clonación de un perro lograda
en la historia, la noticia desencadenó discusiones sobre la ciencia
y la sociedad en toda Asia.
Aunque no se recurrió abiertamente al lenguaje religioso, el debate
habido en Asia reflejó los mismos miedos de que la ciencia esté
en cierto modo descontrolada y sea demasiado poderosa.
Una razón fundamental para ello es la de que China está
dedicando cantidades ingentes de recursos a la investigación y
la innovación. Entre 1995 y 2002, duplicó el porcentaje
de su PIB, en rápido crecimiento, que se invierte en investigación
e innovación, en las que la biotecnología y otras esferas
de tecnología avanzada gozan de la máxima prioridad. Parece
que la ciencia está participando en el desconcertante desarrollo
de una nueva superpotencia mundial.
En la actualidad la ciencia pertenece a un mundo en rápida mundialización.
Se la considera un motor del crecimiento económico, pero también
una amenaza para nuestra seguridad y nuestras creencias.
Las visiones culturales del mundo y la religión, naturalmente,
seguirán moldeando el marco global cultural y de valores
en el que la ciencia y la tecnología están inmersas, pero
los valores están sujetos al cambio, con frecuencia como reacción
ante la experiencia pasada y los miedos al futuro.
La ciencia tardó siglos en crear su esfera autónoma, siempre
relativa, tanto de la política como de la religión.
Esa autonomía ha sido muy útil para la ciencia, gracias
a lo cual la ciencia independiente y responsable ha prestado buenos servicios
a la sociedad y a la economía. Para que se mantenga esa relación
benéfica, hay que defender la independencia científica respecto
del dogmatismo religioso y de la intervención estatal. ¿Quién
iba a pensar que, al comienzo del Siglo XXI, los antiguos debates de la
Ilustración seguirían teniendo tanta fuerza?
Copyright: Project Syndicate.
*Profesora de Estudios Científicos en el Instituto Federal Suizo
de Tecnología de Zurich.

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