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El poder del más pequeño

Disputa. Pareciera que en Chalate se gesta un nuevo capítulo de las conocidas aventuras de Asterix. Una comunidad resiste, irreductible, ante los invasores. Como en la historieta, pero con otros protagonistas: seis aldeas organizadas y una empresa minera

Publicada 30 de octubre 2005 , El Diario de Hoy

Reclamo.
Mantas colocadas en San José Las Flores reflejan la postura de la comunidad frente a la búsqueda de minera . Fotos EDH /Oscar Payes


Leyre Ventas
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Yo veía a unos hombres caminando en mi propiedad. Al principio me preguntaba quiénes serían, por curiosidad, sin mayor preocupación”.

Para Arnulfo Serrano, vecino de San José Las Flores y dueño de cinco manzanas de terreno, la señal de alerta no tardó en aparecer: “cuando comenzaron a parquear los carros en el monte, me fui incomodando”.

Asegura que no se identificaron hasta que se sintieron presionados: “me mostraron unos documentos que decían que eran un permiso del Ministerio de Economía para explorar la tierra y me hablaron de un proyecto beneficioso”.

En ese encontronazo entre empleados de la empresa minera Martinique Minerals S.A. de C.V. y el dueño de una parcela de los 49 km2, sobre los que ésta tiene puesto el ojo, se repartieron los papeles de la historieta. Y la negativa que se formuló en ese mismo instante –“no quiero que busquen nada en mis tierras”–, hoy, dos meses después, parece inquebrantable.

Rotundo


“Estamos convencidos de que esto no es desarrollo, sino destrucción de la naturaleza, y de que traerá enfermedades sin cura”.

Oposición. Esperanza Orellana ya no permite a la empresa que siga buscando mineral en sus tierras. Fotos EDH /Oscar Payes

Jesús Balmore Torre, sentado junto a Serrano en la alcaldía de San José Las Flores, resume su temor ante la actividad minera.

Por ello, el fundador del primer colectivo ecologista de la zona —la Asociación Ambientalista de Chalatenango— reafirma la primera reacción de Serrano frente a las exploraciones en la zona: “le damos un rotundo no”.

La negación se pactó en asamblea cuando los vecinos presentes de seis cantones y municipios que la licencia ministerial abarca se comprometieron a oponerse a la invasión.

Pasara lo que pasara.


Desde aquella firma y para este caso, Las Limas, Guarjila, Arcatao, San Isidro, San Antonio La Cruz y San José Las Flores son las que se resisten a las aventuras de Asterix.

Se asumió como un pacto que no permitía disidencia. A ello tuvo que atenerse también Esperanza Orellana, quien para aquel entonces había permitido a los mineros tomar muestras de su terreno –“un par de manzanas que ni visito”– a cambio de dos mil colones por metro lineal excarvado.

Hoy vuelve a tener el terreno compactado, con un área de unos dos por tres metros removido como señal del rastreo. “Les dije, a los empleados de la minera, que me lo dejaran como antes y me le plantaran zacate”.

Así explica su cambio de postura: “es que una no sabe, nadie informa, y por eso les dejé que me hicieran ese hoyo, pero después vinieron a avisarme que nadie íbamos a dar permiso”.

La disidencia no tiene cabida. Son todos o todos, en pro de la eficacia.

Así, el compromiso popular construyó murallas invisibles, pero impenetrables. Adjudicó el papel que en la historieta corresponde a los romanos, los invasores, a la empresa poseedora de una de las 40 licencias de exploración emitidas por la Dirección de Minas e Hidrocarburos. Y convirtió lo que la minera de capital canadiense creía un salvoconducto hacia el oro, plata, cobre, plomo, zinc y hierro de Chalatenango, en un puñado de papeles inocuos en manos de sus representantes. El derecho a la propiedad privada se imponía frente a un permiso gubernamental.

Ignorancia

“Esa postura es reflejo de la desinformación. La principal causa de la destrucción del medio ambiente es la pobreza”, sentencia Robert Johansing, gerente general de Martinique Minerals.

Concreta con un ejemplo: “cualquiera puede comprobar que el cianuro que ocupa la industria minera no ha matado a nadie, pero el gramaxón –un químico agrícola de uso común– sí, y a muchos”.

A medias. Terreno que la firma dejó de explorar. Fotos EDH /Oscar Payes

De esa manera trata de responsabilizar a otros: “si están preocupados por la naturaleza deberían controlar el uso que ellos hacen de ese contaminante”.

Incrédula, la comunidad responde asesorada por la ong Madreselva (www.madreselva.com.gt) y con ejemplos de supuestos efectos de la explotación minera en países vecinos: enfermedades de la piel en Valle de Siria, Honduras, mantos contaminados en Guatemala, deforestación, escasez de agua, etc.

“Son estudios irregulares”, dice Johansing, rectificando cualquier calificativo que pueda resultar más provocador, y los invalida: “además, siempre existen investigaciones para justificar los dos lados”.

Inmediatamente, como si de otro proyecto se tratase y no del que estos chalatecos organizados temen, Johansen asegura tener la panacea para el departamento nororiental.
“Les ofrecemos una propuesta que ninguna compañía antes les ha hecho”.

Con el anuncio, la comunidad sólo espera espejitos porque les cambiarán de nuevo el oro. “Nos prometían hacer calles de acceso para nuestros terrenos, pero ¿quién de acá tiene carro?”, analiza el ambientalista Torres, provocando reflexiones.

Su hijo, Miguel Ángel Torres, aborda otro de los beneficios prometidos: la generación de puestos de trabajo. “Los jóvenes pensamos en salir adelante y por eso a cualquiera le tienta la oferta de los mineros”.

Se refiere a los ocho dólares por día que Martinique Minerals paga a sus empleados, salario muy superior a los tres dólares que un agricultor chalateco se embolsa tras una jornada de seis a seis.

“Nos duele que nos ofrezcan lo que se les cae de las manos”, retoma Torres padre.

Ganancias

Por ello, los irreductibles califican de ridícula la regalía que la empresa tiene que pagar: el 2% sobre las ventas netas según el artículo 64 de la Ley de Minería, 1% para el Estado, otro tanto para la municipalidad.

“Son ellos los que se enriquecen y a nosotros lo que nos queda de ganancia son unos agujeros de más y varios árboles de menos”, continúa el ecologista.

Para Johansing, eso, como otros puntos, no son más que chambres: “si la cosa va bien, la compañía no verá ni un centavo en diez años como mínimo”. Así ocurre con El Dorado, Cabañas, donde los nueve años que el estadounidense dedicó a la búsqueda dieron fruto. Hoy, la empresa situada en el yacimiento, Pacific Rim, aspira a una concesión para comenzar a explotarla.

Al contrario, “si va mal, habremos perdido un montón de dólares”, puntualiza el minero. Como en Potonico, cercano a la zona que ahora Martinique pretende explorar, donde asegura invirtió más de 300 mil dólares y no halló nada. “Es un negocio riesgoso, no es como poner una gasolinera”, ilustra.

Pero Johansing no desiste. Apoyado sobre un colorido mapa geológico, indica la franja de 32 kilómetros de ancho que recorre de extremo a extremo la mitad norte del país, donde podría hallarse mineral áureo: “estoy seguro que algún día algo dará”.

Sea cuando sea, es un tesoro que a la comunidad resistente no le interesa: “el oro que pueda estar bajo nuestros pies no nos molesta, ahí se puede quedar”, concluye Torres.
Johansing espera que las puertas de Chalatenango le sean abiertas para iniciar las exploraciones.

La comunidad dice que no hay acuerdo que valga.

Como en el final de un episodio de caricaturas: ¿Conseguirá Martinique Minerals ganarse la confianza de los irreductibles? ¿Defenderán éstos su territorio hasta el final, hasta que la empresa minera desista? ¿Conseguirán permanecer unidos o ganará la fiebre del oro? Es el primero de los episodios, con final abierto.

Resistencia
“Ya tenemos otros dos grandes proyectos dañinos para el medioambiente acá: la
Longitudinal del Norte y la presa de El Cimarrón. Quedaremos
jodida la misma gente“

María celia Menjívar
Concejo edilicio

Defensa
“No venimos porque creemos que la ley es más débil o por la mano de obra barata. Nos instalamos en estos países porque hay recurso, porque tenemos el conocimiento minero necesario y podemos
financiar la explotación”

Robert Johansing
Minero


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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