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Ciencias
domésticas
La mujer profesional
En la mayoría de los matrimonios
jóvenes en nuestro país, trabajan ambos cónyuges,
ya que por su alto costo, la vivienda, los colegios, la gasolina, los
vehículos y la comida no pueden cubrirse con un sueldo
Publicada 30 de octubre 2005, El Diario de Hoy
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Teresa Guevara de López*
El
Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
La mujer salvadoreña ha recorrido un largo camino desde que a
Prudencia Ayala, allá por 1932, se le ocurrió postularse
como candidata a la presidencia de la República. Tuvo que renunciar
a su ambición al no poder cumplir con el requisito de presentar
una Cédula de Identidad Personal, ya que las mujeres no tenían
derecho al documento que las acreditaba como ciudadanas.
Sin embargo, necia como todas las féminas, armó un escándalo
tal que, finalmente y calificada de loca, logró no sólo
el documento, sino el voto para la mujer, aunque con restricciones: el
varón podía votar a los 18 años; la mujer, si sabía
leer y escribir, a los 30, y las casadas, a los 25. El contacto con el
varón les rebajaba en cinco años el requisito.
Lo anterior es parte de la prehistoria, contada por nuestras madres y
abuelas. Hoy la mujer ha demostrado su capacidad de incursionar en el
ámbito profesional, luchando con uñas y dientes, ya que
siempre existe la restricción machista de que el hombre lo hará
mejor y le costará menos demostrarlo.
Aunque son pocas las mujeres que ocupan puestos de dirección en
las principales empresas, detrás de cada éxito, hay una
serie de sacrificios para atender el hogar. Porque todavía muchos
varones salvadoreños aún no han salido del subdesarrollo
y para demostrar su machismo, rechazan el campo doméstico. Se les
hace cuesta arriba ayudar en la cocina, echar ropa en la lavadora, cambiar
los pañales de un bebé o intentar planchar sus propias camisas.
Lo consideran labor exclusivamente femenina, ya que son tan provincianos
que no se han dado cuenta de que en los países del primer mundo,
hombres y mujeres comparten de igual manera trabajos gerenciales y tareas
hogareñas.
En la mayoría de los matrimonios jóvenes en nuestro país,
trabajan ambos cónyuges, ya que por su alto costo, la vivienda,
los colegios, la gasolina, los vehículos y la comida no pueden
cubrirse con un solo sueldo. Y afrontan el problema de que cuando la madre
termina su licencia de maternidad, tienen que dejar a los hijos en la
casa, al cuidado de una empleada, no siempre idónea para la tarea.
Afortunadamente existe ya la guardería, el day-care,
y la posibilidad de que las parvularias acepten a niños desde los
18 meses. Qué tranquilidad para una joven madre el poder dejar
a su bebé en manos seguras, especializadas y que le garantizan
un desarrollo armónico de su motricidad.
Pero durante los primeros meses, esta criatura debe confiarse a una empleada
doméstica. La niñera, que hace muchos años era una
institución, pues se convertía en la nana que
permanecía en la casa hasta que se moría, hoy es una especie
en vías de extinción, y en la actualidad las personas que
desempeñan ese oficio no tienen ningún entrenamiento que
les permita atender en forma adecuada, durante las casi 10 horas que dura
la ausencia de los padres, a un recién nacido.
Para llenar esta necesidad, en los futuros programas del Centro de Capacitación
Profesional para la Mujer Siramá Prusia, se está incluyendo
la Capacitación en Ciencias Domésticas, que permitirá
a las amas de casa enviar a sus empleadas a jornadas breves de entrenamiento
en temas básicos de puericultura y primeros auxilios, para poder
detectar señales de alarma en el comportamiento de los bebés
en sus primeros meses de edad, como para llamar a los padres o alertar
al pediatra.
De igual manera, las empleadas domésticas que aspiren a mejorar
sus ingresos podrán especializarse en técnicas de lavandería
y planchado, cocina, servicio de comedor y técnicas de limpieza.
Nuestra sociedad debe responder al reto de un mundo globalizado, en el
que las mujeres tienen que desempeñar con éxito y profesionalismo
un pluriempleo. En que deben estar conscientes de que ningún triunfo
profesional justifica un fracaso en su tarea de madre y educadora de sus
hijos, y que para poder desempeñarse en los dos ámbitos
necesita no sólo del apoyo de su esposo, sino la colaboración
de empleadas eficientes que sepan realizar las tareas domésticas
con sentido profesional. Y que, para lograrlo, deben tener una capacitación
adecuada que no se puede sustituir con la improvisación.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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