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El
salvador en perspectiva
Todo y nada ha cambiado
A veces es exagerado el celo de cumplir
la ley, por desgracia protegiendo a culpables. Reformar leyes no es necesario,
sino obligar a los jueces a afinar su interpretación de las leyes,
para lograr justicia
Publicada 30 de octubre 2005, El Diario de Hoy
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Mario Rosenthal*
El
Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Hace pocos días recibí una llamada telefónica de
una señora que se identificó como una lectora de hace muchos
años, desde antes de que comenzara nuestra colaboración
con El Diario de Hoy, remontándose a los tiempos del difunto semanario
News Gazette.
La llamada fue provocada por un incidente que ha llevado a un motorista
hermano de una empleada a la cárcel, por haber matado
a un marero en defensa propia. Algo que me dijo la señora nos pareció
motivo para un comentario sobre la vida, costumbres y cultura que vivimos
en El Salvador: Las leyes en nuestro país sirven para proteger
a los asesinos y ladrones, se quejó amargamente. Eso
es lo que me dijo el abogado que gestiona infructuosamente la libertad
del acusado que no ha podido lograr, aunque es obvio que mató en
defensa propia. Dice que la jueza rehúsa sobreseer a su favor por
falta de pruebas. Los agentes han informado que él mató
al marero y que es lo único que se toma en cuenta.
La circunstancia, según la señora, fue que un grupo de mareros
armados atacó, con intenciones de robarse el vehículo de
lujo, último modelo, que manejaba el motorista. Por casualidad
pasaba una patrulla de la PNC en los momentos que los mareros, con pistolas
en mano, le gritaban al motorista bajarse del carro y entregarles las
llaves. Pero el motorista sacó una arma y disparó a sus
atacantes y durante unos momentos hubo un fuerte tiroteo.
La patrulla de la PNC también comenzó a disparar, con el
resultado de que los mareros se dieron a la fuga en el vehículo
que andaban, pero dejaron el cadáver de un marero tirado en el
suelo. Refuerzos que llegaron lograron capturar a los mareros, pero se
los llevaron a todos, incluyendo al motorista, que les repetía
que no era del grupo de ladrones, sin que le hicieran caso.
Lo que nos dio pausa y nos puso a pensar era la seriedad con que la señora
aceptaba lo dicho por el abogado, que las leyes de El Salvador sólo
sirven para defender a los ladrones y a los asesinos. Con sólo
hojear ligeramente el diario de ese día caímos en la cuenta
de que la crítica de las leyes del país y la del abogado
no distaba mucho de la realidad, que era bastante comprensible que figurara
entre los elementos de juicio de la señora, y de los nuestros también.
La conclusión a que llegamos es que no sólo es necesario
reformar las leyes del país, sino también reformar nuestra
actitud hacia la ley en general. Lo más probable es que los mareros
ya estén en libertad y que únicamente el motorista, que
mató en defensa propia, siga detenido, indudablemente, por falta
de pruebas en ambos casos.
Debemos preguntar si esta situación se debe a que la ley es defectuosa
o una maliciosa interpretación de los defensores de los mareros,
que fueron capturados casi infraganti.
La explicación es sencilla. La tendencia en occidente ha sido hacer
las leyes menos drásticas. Es decir, no usar la ley para castigar,
sino para reformar al criminal y reincorporarlo a la sociedad. Esta política
se ha incorporado a las leyes, más que todo cuando se trata de
menores, y esto ha influido mucho en los elementos de juicio y en las
decisiones de los jueces.
Creemos, como nos explican juristas a quienes hemos consultado, que la
ley exige pruebas contundentes de culpabilidad que se tienen que cumplir
para no estar sujetos a reparos. Esta es la razón por la que muchos
creen que las leyes existen para defender a los asesinos y ladrones. La
jurisprudencia ha abandonado la antigua práctica de castigar primero
e investigar después, en especial al aplicar la pena de muerte.
Existe mucho abuso de este concepto, por eso andan libres muchos criminales
por falta de pruebas. Esta situación en el mundo occidental
es la reacción a la crueldad con que se imponían castigos
arbitrariamente en el pasado y que todavía se observa en países
antidemocráticos. A veces es exagerado el celo de cumplir la ley,
por desgracia protegiendo a culpables. Reformar leyes no es necesario,
sino obligar a los jueces a afinar su interpretación de las leyes,
para lograr la verdadera justicia que todos anhelamos.
*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.

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