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El
Diario de Hoy
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elsalvador.com
Reporteros sin fronteras denuncia la censura que el régimen
comunista de Pekín ejerce sobre los contenidos de la Internet,
ya sea bloqueando la entrada a los sitios o enviando a otros puntos las
indagaciones o búsquedas.
El caso que dio lugar al señalamiento fue el de Wikipedia, la enciclopedia
libre de la Internet, que recopila información sobre todos los
temas imaginables gracias a lo que contribuyen centenares de miles de
navegantes.
En la actualidad China ocupa el segundo lugar del mundo en volumen de
usuarios de la Internet, lo que convierte en una pesadilla, y eventualmente
una misión imposible, la tarea de los censores. Los críticos
afirman que el régimen ha bloqueado centenares de miles de sitios,
además de amenazar con penas de cárcel a quienes pretenden
entrar a ellos. Pero, nos dice Il Corriere della Sera de Italia, el número
de personas procesadas por ese delito de querer ver y querer saber
es microscópico con relación a las millonarias masas de
usuarios.
Los censores son siempre insaciables en el prurito de querer taparlo todo.
El otro caso de persecución en gran escala se da en los países
islámicos: lo que aflige a los musulmanes es que sus jóvenes
vean películas occidentales, accedan a sitios con contenido erótico
o lleguen a la pornografía.
Pero hecha la ley, hecha la trampa: como el satélite de comunicaciones
árabe bloquea esas páginas, los curiosos simplemente se
conectan al pecado a través de llamadas telefónicas de larga
distancia, sin afligirles que los fulmine un rayo desde el firmamento.
En Cuba, sea dicho de paso, el precio de acceder a la Internet equivale
a varias veces el salario promedio de un profesional.
Lo aflictivo del caso chino es que, ávidos de participar en el
boom económico, las compañías de la Internet colaboran
con el régimen en suprimir o bloquear los sitios ofensivos. Algunos
de estos sitios, por ejemplo, son los patrocinados por grupos independentistas
de Taiwán; otros son los sostenidos por tibetanos en el exilio.
Se prohibió difundir historias sobre la masacre de la plaza Tiannamen,
así como revelaciones sobre el oscuro y criminal pasado de Mao.
Siempre habrá un censor que va más allá del resto,
como otro que libera información. Al final la persecución
colapsa, como se derrumbó el Muro de Berlín.
Aquí sobra la información
Gracias a Dios vivimos en un país libre, donde se puede recoger
toda clase de informaciones y datos, ya sea en publicaciones independientes
o en la Internet. Esa libertad se ganó con enormes sacrificios,
librando una guerra de decenios contra el oscurantismo, venciendo a la
guerrilla comunista que pretendió esclavizar al país y luchando
contra la locura entronizada en el gobierno.
La mayoría de los ochenta millones de chinos acepta la censura
sin chistar: simplemente busca otras páginas en la web o cambia
de temas para investigar. Son pocos los que se rebelan, los que perseveran
y los que caen víctimas de la represiones, pero a la postre terminan
venciendo y con ello liberando al resto. Una vez que se inicia el proceso
de sacudir al opresor pueden cambiar las cosas, como lo logró Deng
contra la pandilla que sucedió a Mao. Los chinos no han podido
quitarse de encima a la mafia comunista que siempre los persigue y censura,
pero les llegará el momento.

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