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La Nota del Día
Tapan el sol con un dedo rojo

Gracias a Dios vivimos en un país libre, donde se puede recoger toda clase de informaciones y datos, ya sea en publicaciones independientes o en la Internet.

Publicada 30 de octubre 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Reporteros sin fronteras” denuncia la censura que el régimen comunista de Pekín ejerce sobre los contenidos de la Internet, ya sea bloqueando la entrada a los sitios o enviando a otros puntos las indagaciones o búsquedas.

El caso que dio lugar al señalamiento fue el de Wikipedia, la enciclopedia libre de la Internet, que recopila información sobre todos los temas imaginables gracias a lo que contribuyen centenares de miles de navegantes.

En la actualidad China ocupa el segundo lugar del mundo en volumen de usuarios de la Internet, lo que convierte en una pesadilla, y eventualmente una misión imposible, la tarea de los censores. Los críticos afirman que el régimen ha bloqueado centenares de miles de sitios, además de amenazar con penas de cárcel a quienes pretenden entrar a ellos. Pero, nos dice Il Corriere della Sera de Italia, el número de personas procesadas por ese delito de “querer ver y querer saber” es microscópico con relación a las millonarias masas de usuarios.

Los censores son siempre insaciables en el prurito de querer taparlo todo. El otro caso de persecución en gran escala se da en los países islámicos: lo que aflige a los musulmanes es que sus jóvenes vean películas occidentales, accedan a sitios con contenido erótico o lleguen a la pornografía.

Pero hecha la ley, hecha la trampa: como el satélite de comunicaciones árabe bloquea esas páginas, los curiosos simplemente se conectan al pecado a través de llamadas telefónicas de larga distancia, sin afligirles que los fulmine un rayo desde el firmamento. En Cuba, sea dicho de paso, el precio de acceder a la Internet equivale a varias veces el salario promedio de un profesional.

Lo aflictivo del caso chino es que, ávidos de participar en el boom económico, las compañías de la Internet colaboran con el régimen en suprimir o bloquear los sitios ofensivos. Algunos de estos sitios, por ejemplo, son los patrocinados por grupos independentistas de Taiwán; otros son los sostenidos por tibetanos en el exilio. Se prohibió difundir historias sobre la masacre de la plaza Tiannamen, así como revelaciones sobre el oscuro y criminal pasado de Mao. Siempre habrá un censor que va más allá del resto, como otro que libera información. Al final la persecución colapsa, como se derrumbó el Muro de Berlín.

Aquí sobra la información

Gracias a Dios vivimos en un país libre, donde se puede recoger toda clase de informaciones y datos, ya sea en publicaciones independientes o en la Internet. Esa libertad se ganó con enormes sacrificios, librando una guerra de decenios contra el oscurantismo, venciendo a la guerrilla comunista que pretendió esclavizar al país y luchando contra la locura entronizada en el gobierno.

La mayoría de los ochenta millones de chinos acepta la censura sin chistar: simplemente busca otras páginas en la web o cambia de temas para investigar. Son pocos los que se rebelan, los que perseveran y los que caen víctimas de la represiones, pero a la postre terminan venciendo y con ello liberando al resto. Una vez que se inicia el proceso de sacudir al opresor pueden cambiar las cosas, como lo logró Deng contra la pandilla que sucedió a Mao. Los chinos no han podido quitarse de encima a la mafia comunista que siempre los persigue y censura, pero les llegará el momento.


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