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Carroñeros de la madera

La Libertad. La Comunidad Chilama II pasó de ser un pueblo de pescadores a uno recolector de la leña. Lo que naturaleza destruyó en la montañas, ahora les sirve a los costeros para sobrevivir.

Publicada 28 de octubre 2005 , El Diario de Hoy

Texto y fotos/Mario Amaya
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Desde el 3 de octubre muchas cosas cambiaron en la Playa Conchalío.

La correntada que bajó de la Cordillera del Bálsamo no sólo destruyó algunas de las casas de la Comunidad Chilama II, también perjudicó el trabajo de muchos de los lugareños.

En las playas del Puerto de La Libertad desembocan muchos ríos, entre ellos el San Antonio, Amayo, Chilama, El Sunzal, cuyas crecidas trajeron frustración y desconsuelo a los residentes de las comunidades aledañas al arrebatarles sus viviendas y sus pocas pertenencias.

Algunos como René Guillén, uno de los más antiguos ostreros de la zona, lamenta que ya llevan casi un mes de no poder trabajar porque la aguas no recuperan la claridad, y muchas de ellas fueron cubiertas por troncos y basura.

Pero al mal tiempo, buena cara. Así, en busca de recuperar su territorio, muchos comenzaron a recolectar la leña que ahora sirve para cocinar, y de paso, otros, los más “buzos”, la aprovechan para sacar algunos centavos de su venta.

Una de ellas es Sabina Ávila, de 50 años, quien vende tortillas, y ha sido una de las más beneficiadas. Sus gastos se han reducido, pues no tiene que comprar leña, ahora sólo dedica algunos minutos para salir a la playa por algunos “tercios”.

No es extraño ver a familias enteras regresar de la playa con troncos y ramas secas en lugar de sus tradicionales atarrayas, anzuelos y neumáticos de llantas, que sirven para depositar las ostras. Por ahora, sobreviven a pesar de los inconvenientes.

Una bendición. Marta Alicia Bernabé aprovecha los troncos que llegaron con las corrientes hasta la Playa La Punta, al poniente de La Libertad. Al fondo, Margarita Ramírez. ¿Estanque? Así quedaron algunas playas
después de la tormenta Stan.
Negocio. Sabina Ávila y sus dos hijos llevan leña para las tortillas. Suciedad. La costa todavía no se recupera de la contaminación.
Duro con los palos. René Guillén ha
ganado mucha habilidad con el hacha.
Camino a casa con un pesado árbol. Después de despedazar los troncos, el ostrero los lleva a su hogar.
No importan los peligros en la ruta. El mismo río que trajo los árboles, también le pone obstáculos. Preparan las tortillas del almuerzo. Don René le ayuda a sus hijas a poner a punto el fuego.
   
   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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