 |
|
Ignorada. La respuesta internacional a esta tragedia hecha por
el hombre, que en términos humanos supera a los desastres
del año pasado combinados, ha sido nula. Foto
The New York Times
|
The New York Times
Por Jonathan Gurwitz
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
Es probable que el tsunami de diciembre del año pasado haya matado
a casi 300,000 personas. Los huracanes Katrina y Rita cobraron más
de 1,000 vidas humanas. Otras mil perdieron la vida en Centroamérica
a consecuencia del Huracán Stan. Y quizás 80,000 perecieron
en el terremoto que derribó por completo porciones de Pakistán
y la India recientemente.
Combinadas, estas tragedias han cobrado un precio superior a las 380,000
vidas. Y cada incidente precipitó la movilización de considerables
esfuerzos de ayuda humanitaria en la comunidad internacional.
La cifra de muertos en la región de Darfur, después de casi
dos años de violencia, se está acercando a los 400,000.
Dos millones de africanos negros actualmente viven en miserables campamentos
de refugiados, expulsados de sus hogares por parte de las fuerzas armadas
de Sudán y sus agentes árabes, las milicias de los yanyauid.
En el sitio de la Dependencia Estadounidense para Desarrollo Internacional,
se pueden ver fotografías satelitales que muestran un tramo de
tierra calcinada donde alguna vez estuvieron sus aldeas.
Sin embargo, la respuesta internacional a esta tragedia humanitaria hecha
por el hombre, que en términos humanos supera a los desastres del
año pasado combinados, ha sido inconsecuente.
Eric Reeves, catedrático en el Smith College y uno de los expertos
en la situación que se vive en Sudán, califica lo que está
ocurriendo en Darfur en términos de un genocidio por contrición.
En el mejor de los casos, la comunidad internacional, la Organización
de Naciones Unidas (ONU) y los EE.UU., están guardando silencio
en este genocidio. En el peor, están contribuyendo para sostenerlo
al permitir que las acciones y declaraciones del Gobierno sudanés
no sean desafiadas.
En un reciente comentario personal que fue publicado en el Washington
Times, Jidir Haroun Ahmed, el Embajador sudanés ante los Estados
Unidos, alegó que la situación se ha estabilizado
en Darfur. Sudán, escribió, está emergiendo tras
decenios de conflicto religioso y étnico, como una nación
pacífica y unificada. Ahmed, sin embargo, es un mentiroso, un mandadero
diplomático de los carniceros en Jartum.
Tristemente, no se aprecia la diferencia en el mensaje de Ahmed respecto
de los que escuché hace seis meses por parte de la secretaria de
Estado, Condoleezza Rice, y el principal representante estadounidense
en Sudán, Charles Snyder.
En cierto sentido, la situación se ha estabilizado. Ya se
les acabaron las aldeas por quemar, me dijo Brian Steidle, veterano
del Cuerpo de Marina. Previamente en el año, Steidle completó
seis meses como vigilante del cese al fuego con la fuerza de la Unión
Africana que está en Sudán.
Juan Méndez, el asesor especial en prevención de genocidio
bajo Kofi Annan, el Secretario General de la ONU, trató de suministrar
detalles con respecto al deterioro de la situación al Consejo de
Seguridad previamente en este mes. Hasta la semana pasada,
cita el Washington Post las declaraciones que hizo, nunca se han
producido ataques masivos y concertados, de naturaleza indiscriminada,
en contra de civiles en los campamentos de refugiados.
Rusia, China y Argelia, sin embargo, impidieron que Méndez se dirigiera
al Consejo de Seguridad. Rusia y China, miembros permanentes del consejo,
tienen importantes intereses comerciales en Sudán. Argelia, integrante
temporal, defiende de manera rutinaria al régimen de Jartum por
solidaridad árabe.
De manera inexplicable, EE.UU. se unió a socios genocidas de Jartum
para silenciar el testimonio de Méndez.

|