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Meditando
¿Para qué sirve la poesía?

Un don muy especial por el cual se encuentra y se canta la belleza, allí donde el común de la gente no la ve o no sabe expresarla. Es un don que alguien recibe no por mérito ni esfuerzo suyo, sino porque sí, gratuitamente.

Publicada 24 de octubre 2005, El Diario de Hoy

Luis Fernández Cuervo*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

(Primera parte)
Don Sisebuto Lógico Másvender, ese vecino mío, prosaico y pragmático de tomo y lomo, que exhibe una “poetofobia” casi patológica, me recordó ayer que le había prometido decir abiertamente mi opinión sobre la poesía y sobre su utilidad, “si es que sirve para alguna otra cosa” —según sus retadoras palabras—, “que no sea perder el tiempo inútilmente”.

Como don Sisebuto comulga con “el pensamiento políticamente correcto” y por lo tanto es agnóstico, positivista y laicista, decidí, para empezar, espantarle a él, al burgués y a los poetas del “establishment” anticonformista y revolucionario, que son los más conformistas y los menos revolucionarios. Y así comienzo por asentar, cuasi-dogmáticamente, que el genio poético es un don del Espíritu Santo, o sea del amor divino, del Don Supremo del que proviene todo don.

Diré después que seguir haciendo poesía a estilo Roque Dalton, Mario Benedetti o Nicanor Parra ya no es inconformismo ni revolución ni novedad, sino todo lo contrario.

Existen fabricantes de poemas, duchos en las técnicas de la métrica y de la ritma. Muchos de ellos son consumados artífices. Sus producciones son agradables de leer, pero... ¡no son poesía! Y abundan ahora, muchos más, entre los que creen haber descubierto lo que ellos llaman “versos libres”. Escriben cualquier idea o sentimiento vulgar, la parten en trocitos irregulares, van colocando esos fragmentos unos debajo de los otros y ¡ya está! Pues no, no está.

Tampoco es eso el verso libre. Entonces ¿cuándo se puede decir que un poema es verdadera poesía? Vuelvo al escándalo del Espíritu Santo: cuando es un don. Un don muy especial por el cual se encuentra y se canta la belleza, allí donde el común de la gente no la ve o no sabe expresarla. Es un don que alguien recibe no por mérito ni esfuerzo suyo, sino porque sí, gratuitamente.

Uno de esos lectores que me mandan e-mails me argumentaba que cómo iba a ser un don divino el genio poético, que si yo no conocía a Baudelaire y los poetas malditos, a los que son ateos, a los que no tocan para nada el tema de Dios o de él abominan, etc. Desde luego el Espíritu Santo no me ha mandado un e-mail, ni a mí ni a nadie, testificando que él sea el dador de ese don. Pero, en cambio, sentirlo como algo divino, ya sea a través de una musa, un daimon, un ángel o como se quiera llamar, sí es experiencia de muchos de los mejores poetas.

Gabriela Mistral lo afirma claramente en su “Decálogo del artista”. El primero de esos diez mandamientos suyos dice: “Amarás la belleza, que es la sombra de Dios sobre el Universo”. Y en el segundo, proclama: “No hay arte ateo. Aunque no ames al Creador, lo afirmarás creando a su semejanza”. Y aquí, en este segundo está insinuada la respuesta a los que niegan o se escandalizan de que el don poético sea de origen divino. Es no entender cómo es el amor y la liberalidad de Dios. Es tener un pobre concepto de Él.

En buena teología, el don creador de todo artista está bajo las mismas leyes que ese otro don divino: el de la libertad. Una vez recibidos, la libertad y el don de la creación artística, se pueden utilizar hacia Dios o contra Dios, para cantar al amor humano o al divino, para ensalzar a la naturaleza, para dolerse con la desgracia humana, o para malgastarlo en frivolidades, pero mantienen su esencia. La libertad siempre será libertad, aun la mal empleada. Y el genio poético lo será, cualquiera que sea el fin al que se aplique. Ni por ser santo ni por ser demonio se es artista o poeta.

Una buena persona puede hacer unos versos malísimos. Otro puede blasfemar de Dios en unos ripios también infames. Ni Neruda ni Roque Dalton son grandes poetas por ser comunistas, ni lo son Fray Luis de León por ser buen cristiano o San Juan de la Cruz por ser santo.

García Lorca decía: “Soy poeta por la gracia de Dios y de la técnica”. Porque el don también necesita, después, el trabajo sobre lo inspirado, labrando la belleza como el escultor sobre el bloque de mármol. Eso sí, un poema en concreto puede estar purificado o ensombrecido, incluso prostituido y malogrado según la técnica, el uso y la finalidad que el poeta haga de su don. Y en este sentido conviene advertir que cuando un poeta se pone a servir a la política de Gobierno o de partido, se prostituye y decae. Léase, si no, los versos de Neruda en honor de Stalin o contra el mariscal Tito: ripios lamentables.

También en Roque Dalton, lo que tendrá más vigencia y durabilidad será aquello menos contaminado de oportunismo y sectarismo partidarios. A través de Francisco Andrés Escobar, que sabe de estas cosas, me amparo en lo que él comenta de Claudia Lars y de Hugo Lindo. Dice la insigne Claudia: “Poeta soy... y vengo, por Dios mismo escogida,// a soltar en el viento mi canto de belleza,// a vivir con más alto sentido de nobleza,// a buscar en la sombra la verdad escondida.//¡Y las fuerzas eternas que rigen el destino// han de volverme polvo, si equivoco el camino!”.

Y Hugo Lindo decía: “¡Persigo el bien. Persigo la verdad. Persigo la belleza!”. En estas palabras de Claudia y de Hugo hay cosas profundas que me gustaría comentar, pero mi espacio disponible se acaba. Lo siento por don Sisebuto que tendrá que esperar hasta el próximo lunes, aunque se enfurezca.

*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy. lfcuervo@telemovil.net.

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