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La Nota del Día
Cero tolerancia también en Barcelona

Hay dos maneras de combatir la delincuencia y el deterioro social. La primera, que parece la forma lógica, es comenzar con el gran delito e ir bajando; la segunda es luchar de abajo hacia arriba, poniendo orden en la conducta diaria del ciudadano común.

Publicada 24 de octubre 2005, El Diario de Hoy


El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

A partir de enero el ayuntamiento de Barcelona impondrá fuertes multas a los ciudadanos inciviles, sean éstos clientes de prostitutas, limpiaparabrisas, hacedores de aguas en la vía pública, vendedores callejeros y, entre otros tantos, jóvenes que en plena calle se embriagan, los del “botellón”. Estos últimos, un género que con sus variantes se encuentra en las calles de todo el mundo, compran una garrafa de vino y se la empinan en aceras, parques y zaguanes. El camino al alcoholismo.

Los barceloneses comenzarán a aplicar lo que el célebre alcalde de Nueva York, Giuliani, llamó la política de cero tolerancia.

El desmadre social en verdad comienza cuando la gente hace lo que le viene en gana pese a prohibiciones, leyes o reglamentos, como, por desgracia, ocurre en estas tierras.

En muchas ciudades estadounidenses multar a los clientes de los y las trabajadoras del sexo ha sido el remedio efectivo para desalojarlos de las calles, aunque sea imposible erradicar los burdeles clandestinos o las “call girls”.

La policía apresa a quienes se detienen a negociar carne, con las consecuencias familiares y sociales que tal cosa acarrea. Donde se multa al libidinoso y no a la hetaira, las calles vuelven a la normalidad; cuando el blanco son éstas, el resultado es extorsión o connivencias de algunos agentes con sus víctimas y carreras a media noche de perseguidas y perseguidores.

En Miami, respecto a los que limpian parabrisas, la regla es muy clara: tres meses de cárcel. No se trata de quitar trabajo, sino de proteger a automovilistas; frente a la Feria Internacional de San Salvador hay uno que agrede de palabra y amenaza a señoras, forzando tributo. Por el lado bueno, un joven ya dio las gracias públicas a quienes le daban centavos por limpiar sus parabrisas pues con ello pudo coronar una carrera.

Lo propio es que las autoridades vigilen a quienes lo hacen de manera pacífica y a quienes son extorsionistas al estilo de los mareros en los barrios. Los concejales de Barcelona clasifican a estos sujetos como “mendigos intrusivos”, los que agreden de palabra o gesto al transeúnte. Entre ellos se encuentran las gitanas (famosas para los turistas) que se acercan portando un clavel y desvalijan a quien se detiene a hablarles. Se agrega que el municipio catalán establecerá programas para ayudar a los indigentes reales.

Van del carterista al asesino

Otras de las multas habrían llevado a la cárcel a la “juventud revolucionaria” de los tiempos de la locura: pintar rótulos en paredes, postes, etc., se castigará. También quienes peguen carteles serán sancionados. La lógica se ve de inmediato pensando en la porquería que es el centro de San Salvador precisamente por los eslóganes y las pintadas de la izquierda extrema; mientras por un lado la OPAMSS pretende definir los colores que se deben usar en las construcciones, por el otro sujetos aerosol en mano empuercan y reempuercan las ciudades salvadoreñas.

Hay dos maneras de combatir la delincuencia y el deterioro social. La primera, que parece la forma lógica, es comenzar con el gran delito e ir bajando; la segunda es luchar de abajo hacia arriba, poniendo orden en la conducta diaria del ciudadano común, para así crear el ambiente para entrarle con fuerza al crimen organizado. Como Nueva York y Barcelona.

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