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El más triste de los tristes

El montaje aborda la vida de un niño poeta que se hace llamar Íngrimo. Su creatividad es censurada por sus tías.

Publicada 22 de octubre 2005, El Diario de Hoy

Morena Azucena
mlazucena@elsalvador.com
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com


Los sueños de Le Martin, un niño inteligente y con vocación de poeta, son más que fantásticos.

Su imaginación lo lleva a ponerse un sobrenombre: Íngrimo, la palabra más triste que halló en el diccionario.

Su hermosa poesía e imaginación es el aura que se respira en La prodigiosa historia de un poeta cautivo, obra que se estrenó el jueves en el Teatro Luis Poma.

Versos. En la intimidad, Íngrimo recita su poesía. Foto EDH

Las actrices de Teatro Estudio de San Salvador: Paola Miranda, Alicia Chong y Alejandra Nolasco, dan vida a esta historia basada en la novela Íngrimo escrita por Salarrué.

Todo un mundo


Este montaje es una oportunidad para conocer el legado poco conocido de Sagatara. Además de entrar en su mundo mágico, nos provee elementos muy universales.

Así, se aprecia la actuación de Miranda, que con su gracia infantil hace un cuestionamiento a los patrones de crianza que aún se mantienen.

El vedar la creatividad y el cultivo de las artes en los pequeños es una situación muy actual.

Las hostigosas tías Refugio y Regina (Alicia Chong y Alejandra Nolasco), no son más que el reflejo de una sociedad de doble moral.

Insoportables. Las tías ejercen presión en el niño. Foto EDH

La principal válvula de escape de Íngrimo, es sin duda, la poesía. Y en la obra, hay hermosos versos con el sello de Salarrué.

El niño creativo siempre es visto como anormal, incomprendido y antisistema. Pocas son las personas que le ayudan a sobrellevar la carga de soledad y angustia, sentimientos que también los experimentan los infantes.

En la obra, Encarna la empleada doméstica es privilegiada. Pues ella, conoce el amor que Íngrimo siente por una estrella de Hollywood hasta la religión que ha inventado: el tabú, que predica creer en la nada.

Los elementos musicales, iluminación y de vestuario son justos. Y de esto se percató Ovidio Herrador, un espectador que quedó conmovido por la triste historia del más triste: Íngrimo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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