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Carlos Mayora Re*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Una vez más nos han zarandeado catástrofes naturales.
Gracias al esfuerzo de muchos y a la educación que poco a poco
ha calado, las cifras de muertos que han dejado tras de sí Ilamatepec
y Stan han sido mucho menores.
Los daños materiales y el número de personas que perdieron
todo son considerables. La labor de reconstrucción y las necesarias
obras para la prevención, la adecuación del Gran San Salvador
para drenar eficazmente el agua, pero sobre todo la necesidad de crear
una mentalidad de prevención son ingentes.
Sin embargo, el hombre propone y Dios dispone: vivir en el trópico
volcánico siempre nos hará sujetos de riesgo: terremoto,
erupción o huracán
para escoger. Pero así es
la vida. Este pedacito de tierra en el que nos tocó vivir es un
poco más inestable de lo que nos gustaría, y por eso debemos
aprender a afrontar la naturaleza previniendo las catástrofes y
reaccionando cuando sea imposible evitarlas.
La comunidad internacional y la empresa privada se han volcado en la ayuda.
Los albergues han estado provistos de los artículos más
necesarios, y de alimentación. Si nos pusiéramos a dar las
gracias pretendiendo no dejar a nadie fuera de la lista, no alcanzarían
las páginas de esta edición del periódico para hacerlo.
Entre todos los que han ayudado, de nuevo España se ha llevado
el primer lugar en generosidad. Durante el período de la emergencia,
la Agencia Española de Cooperación Internacional ha hecho
llegar al país una gran cantidad de ayuda material; para la reconstrucción
ha prometido sesenta y cinco millones de dólares para Guatemala
y El Salvador (adicionales a los cuarenta que nos proporciona anualmente),
amén de las promesas de los gobiernos de las Autonomías
Españolas.
Además, esta semana tuvimos la cuarta visita de la Reina Sofía
al país. Esta vez, como las otras anteriores, la Reina no ha venido
con las manos vacías; aunque más que la ayuda, es muy de
agradecer su actitud, por la que hemos constatado que no importa tanto
lo que a uno le den, como el modo en que se lo dan: ha mostrado que es
una Señora, atendiendo con calidez y comprensión a todos
los que tuvo oportunidad de visitar.
Sus gestos no son nuevos. Cada vez que se acerca a la gente lo hace de
verdad. Lo he podido comprobar personalmente en otras ocasiones.
Ahora estamos adentrándonos en la senda de la reconstrucción.
La experiencia de naciones que han padecido grandes desastres ha mostrado
que el desarrollo no depende sólo de factores económicos
y de la acción estatal; además de estos dos elementos, cuenta
sobremanera el trabajo de todos los ciudadanos y el compromiso personal
en la reconstrucción.
Así como tenemos historial de catástrofes, también
lo tenemos de un aprovechamiento responsable de la ayuda inmediata (la
material, la que sirve para salir de la emergencia), y de la ayuda financiera
que llega al país después de la tragedia. También
por eso el país es sujeto de ayuda cuando se necesita, y generamos
confianza en que las cosas se aprovecharán bien.
El agua, que todo lo descubre, nos ha dejado lugares en los que no será
posible volver a construir. Ha sacado a la luz pública compañías
constructoras que han vendido terrenos mal cimentados. Ha mostrado la
alegría innata de los salvadoreños y su infinita confianza
en Dios. Ha desvelado la mejor cara de la juventud solidaria, de los socorristas
anónimos, pero también de los políticos aprovechados
que se han ganado el repudio de los mismos a quienes pretendían
ayudar porque, como no son tontos, descubrieron pronto al lobo bajo la
piel de oveja.
Ha puesto en vitrina la solidaridad internacional y la capacidad de los
salvadoreños, ya no sólo para aguantar estoicamente los
embates de la naturaleza, sino, para prever, organizarnos y paliar los
efectos mortales de los fenómenos naturales.
Los polvorientos buses que circulan por las carreteras a veces sirven
de cartelera para los filósofos populares, como uno que vi hace
poco, en el que el sabio improvisado había escrito con el dedo:
Dios hace milagros, pero no lava buses
. Es decir: Ayudémonos,
que Dios nos ayudará. Trabajemos cada uno su parte, que la Providencia
no nos dejará de su mano.
Para concluir: Es de bien nacidos, el ser agradecidos. Me
parece que interpreto un sentimiento popular, si aprovecho para agradecer
a tantas personas que nos han ayudado en estas circunstancias tan difíciles.
Gracias, entonces, y como dice nuestra gente: Que Dios se lo pague.
*Ing. Industrial, Dr. en Filosofía y columnista de El Diario de
Hoy.

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