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Comntando
Un reto que necesita un líder

Para que El Salvador ocupe el sitial que deseamos, sus ciudadanos debemos ser respetables. Y siendo un país pequeño, la tarea no es imposible; pero se necesita de un líder que se decida a impulsar ese cambio

Publicada 22 de octubre 2005, El Diario de Hoy


María A. de López Andreu*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Esperando mi vuelo, en el aeropuerto de San José, pude escuchar (a medias, como comprenderán), parte de la inauguración de la Cumbre Iberoamericana.

Y, aunque me es imposible citar las frases textualmente, deseo comentar cuánto me sorprendieron las palabras del Presidente del Gobierno Español, Rodríguez Zapatero, sobre la imperativa necesidad de que se establezca, en los gobiernos iberoamericanos, una cultura de valores y principios, de conductas éticas y de integridad.

Coincido total y absolutamente con esas palabras… pero no con quien las pronunció. Veamos por qué.

Lo bueno: que en un foro como ése, haya habido una mención específica a la necesidad de combatir lo que es la raíz y origen de todos nuestros males: la miseria moral en la que hemos caído, la tolerancia —injusta e injustificada— de conductas oprobiosas y delictivas; el aplauso, la admiración por individuos amorales e inmorales y el privilegiar el tener por encima del ser. ¡Errores todos que deben ser erradicados!

Lo malo: la doble moral del señor Rodríguez Zapatero. En esa ocasión clamó por principios, valores, ética e integridad, pero en su desempeño gubernamental ha propuesto, defendido e implantado leyes contrarias no sólo a lo que ahora invoca, sino a la naturaleza misma, como es el equiparar (en dignidad y derechos) el matrimonio de un hombre y una mujer (pilar fundamental de la familia, que a su vez es la base de la sociedad) con el ayuntamiento de dos hombres entre sí, o dos mujeres entre sí.

Lo feo: su permanente cabildeo en favor del dictador Castro (y compinches), campeón violador de los muy traídos y llevados “derechos humanos”. ¡Pequeño detalle que fue oportunamente olvidado!.

Sinceramente, no tengo ningún interés (ni credenciales) para criticar al Presidente español. Por el contrario, desearía tener muchísimas razones para alabarle, ya que pertenezco a esa anticuada generación que —genuinamente— consideramos a España como la Madre Patria y agradecemos lo que ésta hace por nosotros, no sólo en momentos trágicos, como los actuales, sino desde 1492.

Soy de los que celebramos nuestra Independencia con amor a El Salvador, nunca con rencor al reino “donde no se ponía el sol”. Desearía, pues, que esa querida nación estuviera gobernada por alguien a quien también pudiera admirar y respetar.

Desafortunadamente, la doble moral sólo merece críticas. Y cuando es un jefe de Estado quien hace gala de ella de manera pública, la crítica se vuelve obligatoria.

La mencionada Cumbre ha sido criticada por muchos y por muy diversos motivos. Quienes sí tienen credenciales para analizar un evento como éste lo han considerado “falto” (de objetivos, de fundamentos, de conclusiones, de decisiones, de… ¡usted diga!).

No podría ser de otro modo, cuando el anfitrión lanza un discurso incongruente con sus acciones. El señor Rodríguez Zapatero —joven, carismático, inteligente, poderoso— podría haber liderado una verdadera transformación hacia la cultura de la integridad, si a esas cualidades añadiera la estatura moral requerida. Pero, para eso, es imperativo tener congruencia de sentimientos, pensamientos, palabras y acciones. ¡Congruencia de la que él carece! ¡Qué triste desperdicio!

Lo que no debe desperdiciarse es la moción de transformar a nuestros gobiernos en instituciones de las cuales podamos sentirnos orgullosos, porque están constituidas por personas de bien, capaces, honestas y con espíritu de servicio.

Esta moción debería convertirse en un tema prioritario y estratégico para los países latinoamericanos y, en especial, para El Salvador.

Realmente, debería ser la piedra angular de nuestros programas de Gobierno. Porque tenemos infinitas y graves necesidades, pero jamás vamos a satisfacerlas mientras impere la “animalada” (de políticos y civiles, de ricos y pobres) y nos neguemos a tomar en serio nuestras responsabilidades individuales. ¡Debemos comprometernos totalmente con una cultura de ética y cumplimiento del deber!

Recordemos que “todo conglomerado vale con relación a las personas que lo constituyen”. Para que El Salvador ocupe el sitial que deseamos, sus ciudadanos debemos ser respetables. Y siendo un país pequeño, la tarea no es imposible; pero se necesita de un líder que se decida a impulsar ese cambio de mentalidad.

Sí, un líder también joven, carismático, inteligente, que detente el poder y sea congruente, que tenga unidad de vida, principios y valores.
Yo creo que aquí tenemos ese líder. ¿Tomará el reto?

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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