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Belice territorio guanaco

Es la nación de Centroamérica que muchos olvidan señalar en el mapa, a pesar de que alberga a más de 40 mil salvadoreños en su territorio. Desmontar los mitos sobre el segundo grupo étnico del país resulta complicado

Publicada 18 de octubre 2005 , El Diario de Hoy

Nohemy, salvadoreña, en el mercado en Belmopán. Foto EDH


Texto y Fotos: Leyre Ventas
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Belice es el segundo país más salvadoreñizado del mundo–tras El Salvador, por si aclarar obviedades fuera necesario–. Pero eso, como su historia, la ensalada humana que resulta en esa nación y una florida lista de curiosidades, es un enigma para los salvadoreños que habitan tierras patrias.

Y más llamativo resulta que los propios emigrados desconozcan la magnitud de la diáspora.
Como Nohemy Henríquez , quien abre los ojos como platos al percatarse de que su “habemos muchos salvadoreños acá“ dista ceros de los 30 mil connacionales que cuenta el embajador de El Salvador en Belice, Manuel Antonio Vásquez Meza.

Nohemy dejó atrás su cantón del Puerto de La Libertad en el 85, “porque la guerra se puso bien fea“, y se estableció en Belmopán, la capital administrativa del país caribeño.
Tras años de vendedora informal, hoy es el corazón capitalino testigo diario de su progresar.

En un espacio que sólo el nombre comparte con el salvadoreño mercado central–el beliceño se limita a una hilera de 12 ventas–, Nohemy regenta un puesto de frutas y verduras. Con los ahorros se hizo de un terrenito en Armenia–a 15 millas de Belmopán–, y garantizó una carrera para su hijo mayor en la University of Belize (UB).

Éste, su hermano menor, Nohemy y cinco de sus compañeros de jornada los representa un mismo porcentaje; el vertido por el embajador Vásquez: “el 9.5% de los habitantes de este país son salvadoreños”.

Quien lleva en el sillón consular los últimos cinco años, calcula en 30 mil los compatriotas que habitan Belice. La población total es, según el último censo, de 239 mil.

En este caso calcularequivale a especular, o simplemente creer, ya que al preguntársele por cifras concretas, Vásquez responde con un “ahí sí me fregó”, y “es una buena pregunta”, seguido de “ni migración tiene el dato de cuántos de l total son ciudadanos; se presume que por 10 mil ha de andar, digo yo...”.

Pero en algo se equivoca el embajador: los servicios de extranjería beliceños sí poseen ciertos números, aunque incompletos. Y según las facilitadas por el Oficial de Investigaciones de Inmigration & Nationality Services, Mario Arzú, un funcionario de piel negra y nulo conocimiento del español–es el inglés el idioma oficial del país– son cinco mil 970 los guanacos con estatus migratorio regular: los 563 que han obtenido la residencia permanente a partir de 1995, los tres mil 102 nacionalizados en el mismo período, y aquellos dos mil 305 que llegaron como refugiados en los 80 y consiguieron los papeles en 1999 bajo el Programa Amnistía.

Salvando abismos entre las palabras del embajador y las propias, Arzú completa las estadísticas con un comentario: “los indocumentados siguen entrando cada día, recuerde que la frontera con Guatemala es muy extensa–266 kilómetros– y no la podemos controlar toda”. Además, hay quien lleva años residiendo en el país pero jamás realizó trámite alguno.
El empleado migratorio asegura que los salvadoreños ilegales sextuplican los regulares. Hecha la multiplicación, resultan 35 mil 820 los sin papeles.

Así, con esos cálculos como base (41 mil 790 sumarían salvadoreños legales e irregulares), más del 17% de la población de Belice es de origen guanaco. Con los del embajador, el 12.5%. En ambos casos, los salvadoreños seguirían a los criollos, que con el 30% figuran como el grupo étnico más prominente del país caribeño; muy por encima además de los garífunas, que conforman el 6.6%, o los chinos y taiwaneses, que con unos seis mil inmigrantes apenas superan el 2% de la población de esa nación.

Bajo otros parámetros, y volviendo para el caso a la afirmación de la primera línea, Belice es el país con mayor proporción de población salvadoreña, dejando atrás a los EE.UU., el principal destino migratorio de los connacionales.

Los cerca de dos millones repartidos por dicho territorio son insignificantes comparando con la población total.

Panorama general


Entre el desconocimiento y el saber equivocado se sitúa Belice, y la escasez de estadísticas que soporten las afirmaciones vuelve complicado el llegar a desmontar mitos.

Anselma llegó a Belmopán como refugiada de la guerra, “con las manos vacías”, y construyó su hogar en Las Flores. Foto EDH

En esa línea, el embajador Vásquez prefiere pintar un panorama general de la comunidad salvadoreña en el país: los primeros llegaron en los 80, en el tiempo de la guerra, así que ya hay segundas y terceras generaciones; muchos son agricultores aunque también hay obreros de la construcción, propietaros de negocios como ferreterías o distribuidoras de medicinas; policías y soldados.

“Hasta hay un mariachi salvadoreño que de día se dedica a la agricultura”, aporta como curiosidad. El único local de diversión nocturna de Belmopán, la capital, se llama La Cabaña y es propiedad de un salvadoreño. “Lo que todavía no tenemos es representación en el Gobierno”, se lamenta.

El grupo étnico criollo domina los altos cargos públicos, salvo el de primer ministro, puesto ocupado por Said Musa, de origen libanés.

Así como en el mundo, los salvadoreños en Belice están diseminados a lo largo y ancho del país: en los beneficios de caña en el centro, en Corozal, en Dangriga, en Belize City, en la producción de cítricos en Toledo; o al sur, dedicados a la ganadería o a los cultivos de tomates, chiles, entre otros.

Perfiles guanacos


Jonás Velásquez regenta una miscelánea en el barrio San Martín, considerado asentamiento de centroamericanos, y a su vez es accionista de un servicio turístico dirigido a compatriotas.

En Las Flores, comunidad mayoritariamente salvadoreña–“todos somos guanacos acá, salvo dos familias chapinas que viven allá al sur”–, María Liliana vende tamales y pupusas a sus vecinos.

Ana Cal, quien llegó a Cayo San Pedro en el vientre de su madre hace ya 25 años, tampoco quiso olvidarse de la gastronomía patria. En el Dianita´s, sirve desayunos típicos a base de frijoles, huevos, queso, crema.

Su compatriota Yolanda Salazar oficia bodas civiles entre aquellos que escogen el paraíso turístico para casarse. Asimismo, José Antonio Ventura es dueño de un negocio de recambios mecánicos, mientras su hija gerencia un renta autos.

Por lo tanto, no todos los salvadoreños en Belice se dedican a la agricultura o a la venta. Un mito menos, y otro más: ¿conforman realmente la comunidad de inmigrantes más peligrosa?

Tranquilidad

“Estadísticas de ese tipo no manejamos en la embajada, pero de lo que sí estoy seguro es de que la delincuencia no es preocupante”, opina el embajador Vásquez, y se explica: “acá no existe la efervescencia de San Salvador”. Además, ningún diario ha reportado jamás caso alguno vinculado a las pandillas.

Pero el representante consular no es el único que queda debiendo cifras de incidencia criminal.

La propia policía beliceña carece de registros por áreas, de forma que se pueda sustentar la creencia de que los barrios de salvadoreños son los más peligrosos de Belmopán o, al contrario, tacharla de cuento chino.

Así que a falta de informaciones más científicas, mandan las impresiones: niños que pasean en la calle horas después de anochecer, bicicletas parqueadas sin candado–son el medio de transporte más común–, puertas abiertas, negocios sin vigilantes. Se desconoce el alambre razor en las ventanas y no hay en Belmopán semáforos con mendigos..

El silencio, perturbador para cualquiera que acostumbre a sortear ventas y buses en el centro de San Salvador, acompaña el recorrido desde el mercado hasta la tienda de Jonás, “El Gordo”.Todo ello hace al visitante de Belmopán percibir la ciudad confiable.

Integrados

Las leyendas en torno a la comunidad se suceden sin fin y el embajador Vásquez las acuña: “el salvadoreño es el sustento de la economía beliceña”. Desconoce el aporte de dicha población al Producto Interno Bruto de Belice: “no lo puedo respaldar, pero así lo manifiestan los ministros”.

Y, efectivamente, así lo confirma el Ministro de Asuntos Exteriores, Godfrey Smith; al estilo consular, sin datos como sustento.

Este criollo mestizo (el 40% de los criollos son mestizos, color café con leche) que ocupa el máximo puesto del ministerio, comenta que la salvadoreña es una comunidad relevante para Belice.

Primero para la s finanzas nacionales, por ser productiva. “Eso se nota en una economía tan pequeña como la de Belice”. Trata de convencer: no hay industrias, por lo que el mayor ingreso para el país es la agricultura, las explotaciones de caña, las bananeras.

Y también por favorecer la gobernabilidad, ya que al contrario que otros grupos étnicos igualmente productivos–los menonitas–, los salvadoreños se han integrado perfectamente: “se han casado con beliceños, han conformado familias, los hijos acuden a clases junto con niños de otros grupos raciales”.

Dispersión

Para Orlando Portillo, ese es precisamente el mayor problema de los salvadoreños en Belice: “no el desempleo o la violencia, lo peor es que estamos demasiado dispersos”.

Quien introdujera en la enseñanza primaria los seis libros de español con los que los niños beliceños aprenden la segunda lengua, trata de solventar el inconveniente y llama a sus compatriotas a organizarse: “así manejaríamos un sólo discurso y podríamos ejercer mayor presión a la hora de las reivindicaciones”, alenta.

A estas alturas de la campaña particular, unos 700 convencidos de Valle de Paz, Las Flores, San Martín, Salvapán, El Cayo y Santa Elena –comunidades de salvadoreños en Belmopán– están dispuestos a aportar una cuota mensual a modo que exista la Organización Beliceña de Salvadoreños (Obesal).

Se encuentran a la espera de la personería jurídica–los estatutos ya están–, para comenzar a materializar los beneficios que contemplaron para corto, mediano y largo plazo. Entre los más urgentes se encuentran la asesoría legal para trámites migratorios, información sobre asistencia médica en El Salvador y repatriación de restos mortales y de indocumentados.

“Todas son labores que corresponden a la embajada, pero creo que no se llevan a cabo bien”, explica Portillo.

No obstante, las motivaciones que llevaron a asociarse por primera vez a los salvadoreños en Belice fueron otras.

El Cayo San Pedro es el destino turístico por excelencia de la nación centroamericana.

A raíz del terremoto que sacudió El Salvador el 13 de enero y 13 de febrero de 2001, Raúl Pérez, residente de Cayo San Pedro, decidió regresar a la patria poco visitada para recoger a sus familiares. Varios connacionales de la isla pensaron aprovechar el viaje de éste para enviar un donativo.

Julio Aguilar, Ricardo Molina, Raúl Pérez y José Antonio Ventura, hoy miembros de la Comunidad Salvadoreña de San Pedro, solicitaron colaboración a la alcaldía municipal, el Club de Leones de la isla y Radio Arrecife para realizar una radiotón.

Con la actividad, que se desarrolló el 12 y 13 de febrero, se recolectaron 21 mil dólares en efectivo y varios donativos en especie.

“Visto el poder de convocatoria, los responsables de la iniciativa decidimos conformar la asociación”, explica Raúl Pérez, el eterno presidente.

Desde entonces la agrupación ha actuado de similar manera, puntualmente, recolectando dinero para emergencias. Y no siempre para casos en los que el p ueblo salvadoreño resulta afectado. Lo último: un almuerzo en beneficio de las víctimas del huracán Katrina en EEUU.

Ambas sociedades–la de Belmopán y la del Cayo– resultan, pues, desde la fundación y por definición, distintas. También en lo que a las relaciones con la embajada respecta los vínculos difieren: “tenemos toda la colaboración y apoyo personal del señor embajador”, informa el secretario sampedrano José Antonio Ventura.

Básico y curiosidades
Extensión: 22, 965 km2
Población: 239,000
Capital: Belmopán
Idioma oficial: inglés
Otros idiomas: español (15%), garífuna, maya, alemán bajo (menonitas).
Moneda:
dólar beliceño (bz$).
Sistema de gobierno: monarquía parlamentaria desde 1981.
Clima: subtropical
Temperatura promedio: 26 grados centígrados (79F).
Miembro de: Caricom, OEA, ONU y Commonweath.

Tras ser primero colonia española y luego británica, desde 1862, la antigua Honduras Británica se vuelve un país independiente el 21 de marzo de 1981.

Ese mismo año Belice forma parte de la Mancomunidad Británica de Naciones (la Commonweath), asociación de 53 países que tienen lazos históricos con Gran Bretaña, y cuya cabeza es la reina Isabel II del Reino Unido.

El financiamiento de la organización proviene de los gobiernos participantes, con una cuota calculada a partir de su producción.

Pero además del aporte económico para su funcionamiento, la asociación implica para Belice una presencia significativa en la política interna: la monarca británica es la jefa de estado, representada por un gobernador general beliceño–hoy Colville Young–. Éste elige directamente a uno de los 8 miembros del parlamento.

A su vez, el principal órgano ejecutivo del gobierno es el gabinete, liderado por un primer ministro, quien es jefe de gobierno.

Primer acercamiento a salvadoreños en Belice

Lea además
  El origen: de la guerra a Valle de Paz

La edición del 29 de septiembre de Ambergris Today, el diario local del cayo San Pedro, anunciaba el hermanamiento entre los vecinos de la isla y los de Antiguo Cuscatlán.
La idea que surgió del encuentro entre la alcaldesa sampedrana, Elsa Paz, y la cuscatleca, Milagros

Navas, en una visita realizada por la primera a El Salvador hace dos meses, se firmará el 11 de noviembre, cuando Navas devuelva la visita a Paz. Según el rotativo, la edil salvadoreña llegará al cayo acompañada de una comitiva de 75 cuscatlecos.

“El intercambio será principalmente cultural, queremos que los salvadoreños de acá conozcan la forma de vida de sus compatriotas en Belice”, explica Navas. Aunque no descarta para más a delante “compartir visiones entre alcaldías, como el apoyo a la equidad de género”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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