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| Siempre listos. Los organismos de socorro han
estado adelante desde la emergencia del Volcán de Santa Ana.
Su labor es hoy mandato de ley. Fotos
EDH / archivo |
Susana Joma
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Hospitales privados y públicos están ahora obligados a
atender a cualquier persona que resulte con daños físicos
durante desastres que ocurran en el país, mientras el Gobierno
no sólo deberá escuchar advertencias de posibles eventos,
sino también atender peticiones concretas sobre obras de mitigación
por parte de comunidades.
Se trata de algunos mandatos de la nueva Ley de Protección Civil,
Prevención y Mitigación, publicada en el Diario oficial
el 31 de agosto, antes de que empezara a temerse una erupción del
Ilamatepec y el temporal.
Sin
debate
Unas semanas antes de que se presentara la emergencia del volcán,
la mayoría desconocía la normativa. |
Comures
Rodolfo Alfaro, de la Comisión de Asuntos Políticos,
dijo que la entidad no fue llamada a la Asamblea para dar opinión.
Creo que debemos conocerla a fondo. Debería ser divulgada
y debatida. De ahí vendrían obligaciones compartidas. |
Hospitales
Sin conocer su contenido, representantes del Hospital Bautista y del
Hospital de la Mujer mostraron disposición a acatar la ley.
No sabía que estaba... pero si es ley tenemos que respetarla,
dijo Betty de Angulo, gerente del Bautista. |
En
la UES
Francisco Barahona, vulcanólogo de la universidad estatal,
afirmó que el centro tiene que jugar un papel protagónico
dentro de la Ley. Tenemos que ver cómo se potenciará
las acciones educativas de cara a prevenir desastres. Es clave,
dijo. |
La norma legal, aunque vigente, carece de reglamentos, y la emergencia
evidenció la urgencia de tenerlos. No obstante, el ministro de
Gobernación, René Figueroa, dijo que un equipo trabaja en
ellos y el que no existan los reglamentos no significa que no pueda
operar.
Aparte de los ecologistas, el resto de entidades poco ha reparado en la
norma, pese a que establece las obligaciones y responsabilidades para
varios de los sectores. Eso evidenció cuando se trató de
consultar sobre la misma.
Las autoridades han quedado obligadas a informar, rápido, sobre
cualquier peligro. El ciudadano tiene que acatar las disposiciones de
prevención y evacuar las áreas peligrosas cuando las instancias
correspondientes lo dicten, entre otros deberes.
Al igual que los hospitales públicos y privados, todos los salvadoreños
están obligados a dar auxilio a los heridos en desastres. La Ley
de Defensa Civil de 1976, en la cual los gobiernos se apoyaban para atender
las emergencias no hacían fuerza en tales puntos.
Esa ley, derogada el 18 de agosto cuando 59 diputados votaron la nueva,
contemplaba un Sistema de Defensa Civil integrado por un Comité
Nacional de Defensa Civil y sus representaciones locales.
Esas entidades se desnaturalizaron en la guerra. Después fueron
rebautizadas como Sistema Nacional de Emergencia (Sisnae) y Comité
de Emergencia Nacional (Coen). Ahora la Ley de Protección las convierte
en Sistema Nacional de Protección Civil y en Comisión Nacional
de Protección Civil.
La ley, que viene con un fondo para la prevención y atención
de emergencias, afronta ya intentos de reforma. Para empezar, de los ecologistas.
Opinan que carece del espíritu preventivo y los recursos del fondo
son muy bajos. El director del Coen, Mauricio Ferrer, trató de
darle su lugar y asegura que trae elementos importantes y no deja de lado
la prevención.
El abogado y especialista en medio ambiente, Roberto Alvarado, de Care
El Salvador, dijo que, entre junio y julio, un grupo de organizaciones
denominado Red Esfera propuso a los diputados que la legislación
debía tener estándares mínimos y la Carta Humanitaria,
pero eso no fue considerado.
Nuestro trabajo ahora es revisar y, en un momento dado, modificar
o abrogarla (incorporar cosas)..., sostiene, ante la posibilidad
de que tenga deficiencias. El experto de Care añadió que
si no se preparan adecuadamente a las personas y a los pueblos,
por muy buenos planes de mitigación que tenga, por muy buenas leyes
que tenga, es casi seguro que (un evento) va a tener mayor impacto negativo.

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