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Vives: “Estoy cubierto del cariño de mi pueblo”

Sus paisanos residentes en el país le hicieron añorar su patria

Publicada 10 de octubre 2005, El Diario de Hoy

Peculiar. Alzando su brazo izquierdo caracterizaba uno de sus típicos movimientos del vallenato. Hizo vibrar la Feria. Foto EDH/Oscar Payes


Leticia Serrano
letyserrano@elsalvador.com
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com


El son de la melodía Déjame entrar, del álbum que lleva su mismo nombre, provocó que el amarillo, azul y rojo de la bandera de Colombia ondeara entre los espectadores. Los colombianos marcaron presencia.

Se remontaron a sus orígenes al escuchar los éxitos de su compatriota. Carlos Vives los hizo bailar en el Anfiteatro de la Feria Internacional, el sábado, con El rock de mi Pueblo.

No sólo entraron en su mirada, también lo deleitaron moviendo sus cuerpos enloquecidos al compás de los sonidos rápidos de los instrumentos que dan vida al vallenato: la guarracha, las maracas, el acordeón, los timbales y la armónica.

Esta última resonó de forma melódica cuando el colombiano interpretó el Rock de mi Pueblo, una de las nueve canciones de su última producción que interpretó.

Los colombianos Consuelo González y Luis Palacios. Foto EDH/Oscar Payes

Esa combinación del rock con la cumbia fue bien acogido por el público, pero fueron Quiero verte sonreír y La tierra del olvido las que sacudieron los esqueletos de los presentes.

Orgullosos


Luis Palacios y Consuelo González, acompañados de ocho colombianos más, se hicieron sentir en el anfiteatro. Son de Santa Marta, del departamento de Magdalena, en Colombia, el lugar de origen de Vives.

“Todo lo que toque se oye bien, pero el vallenato era mejor”, expresó Palacios emocionado. Mientras sonaba la Fruta Fresca, el sudamericano agregó: “Me gusta la frescura con la que se maneja en el escenario”.

La zona general se convirtió en una pista de baile. Foto EDH/Oscar Payes

Al interpretar Pa mayte, Vives soltó la guitarra y se lanzó al suelo para ponerse un chalín de manta.

“Estoy cubierto del cariño de mi pueblo”, exclamó a la vez que se cobijaba con la bandera que sus connacionales, de la zona vip, le lanzaron.

Al sonar los acordes de Carito del álbum Déjame Entrar, María Mejía, de 50 años, afirmó: “Tiene mucha vitalidad y mucha energía”.

La última que bailaron los fanáticos fue La tierra del olvido. Luego Vives entró a la casa de pueblo en el escenario y fue el acordeoneonista Egidio Cuadrado y La Provincia quienes se despidieron.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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