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Carlos
Balaguer
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El
Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Porque muchos, lamentablemente, no reconocemos lo que hemos logrado u
obtenido de la vida. Vanidad, ceguera, usura espiritual, gula de los sentidos,
insensatez... Tal vez falta de dulzura en el alma.
El canario es feliz de volar, de poseer los aires, como no siempre lo
es el viajero de un Air Bus. Los peces son dichosos en sus mares profundos
y azules, buscando la misma felicidad del turista de cruceros. Los enamorados
son felices de poseer el amor y la pasión. El violinista, de tener
su violín y el pentagrama de sus sueños.
El niño es feliz cuando eleva sus cometas y coloridos dragones.
Los potros salvajes, de trotar libres en la llanura. Las laboriosas abejas,
de volar entre las flores de la primavera. Los que perdieron la visión
de sus ojos, de volver a ver. Quienes perdieron sus sueños de volver
a alcanzarlos. En fin, cada quien inventa su felicidad o reconoce las
razones simples y humanas para encontrarla.
Sé feliz, pues, con lo que tienes y no con lo que no tienes. Si
puedo andar los caminos del alba en busca de mis sueños, no seré
infeliz por no surcar los aires como el cóndor. Simplemente, el
ave de presa irá tras su destino y yo tras el mío. Ama,
pues, tu destino, como el cóndor ama sus montes en las alturas.
Ama tus montes interiores, tu humilde gloria.
DÍA A DÍA
La deforestación
Hay dos conclusiones más en esto de las inundaciones: Uno, que
se inundan las ciudades y los ríos crecen a raudales, a causa de
la deforestación. Con la reforma agraria y los repartos de tierra
a los combatientes han cortado cuanto árbol y arbusto
existe para venderlo como leña, dejando desnuda la campiña
y provocando que el agua corra incontenible.
Dos, que es una tragedia perder toda esa agua, que en gran parte tendría
que recogerse en reservorios para abastecerla a la población, para
regar, para lavar y para criar peces mejorando la dieta de la gente. Hay
dinero para que Juana de Arco ande persiguiendo y dando garrotazos a los
comerciantes, pero no para embalsar el agua y mejorar su consumo en ciudades
y zonas rurales. Como nos dicen los técnicos israelitas que nos
visitan, ¡qué diéramos por tener estos niveles de
lluvia en nuestro desértico país!

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