elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

“Yo le voy a dar a El Salvador la primera medalla olímpica”

No puede ocultar su timidez. Cristina López, octava en el ranking mundial de marcha y máximo exponente del deporte salvadoreño, es de las personas que prefieren el silencio.


Publicada 10 de octubre 2005 , El Diario de Hoy

Excelencia. Cristina López se ha convertido en la mejor atleta de El Salvador. La marchista tiene calidad. Foto EDH/Herbert Saravia


Claudio Martínez
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

No habla, a menos que sea estrictamente necesario, y no va a ningún lado sin la compañía del cubano Rigoberto Medina, su entrenador, al que considera su padre, maestro y mentor. Pero cuando se quita su coraza protectora habla y dice cosas sorprendentes.
No sos de platicar mucho, pero si tenés que decir algo lo decís, no tenés pelos en la lengua.

¿Siempre fuiste así?
Sí, porque creo que hay que decir la verdad. No hay que ocultar las cosas.
Muchos de los atletas que no pertenecen a la marcha no les hablan. ¿A qué se debe eso?
No sé, supongo que será envidia. Pero no nos preocupa, nosotros nos estamos preparando, estamos entrenando duro como siempre. No importa que la gente nos mire así.

¿Cómo es tu vida ahora que sos famosa?

Es normal. Todo es premio de la ayuda de mi entrenador me ha ayudado, a mí y a mis compañeros.

¿Cómo te imaginás dentro de dos años?

Lo que tengo en mente ahorita y para lo que me estoy preparando física y psicológicamente es para batir el récord mundial y para la competencia internacional…

¿Y estás convencida de que lo podés lograr?

Por supuesto. Se necesita ir a competir más afuera del país, tener más competencias, se necesita ir a entrenar en la altura, como hacen las mejores del mundo.
Y para eso se necesita dinero…

Sí, se necesita dinero y mucho apoyo, que parece que ahora lo vamos a tener. A mí me llegaron propuestas de otros lugares para que compita para ellos.

¿No te interesan? ¿Ni siquiera se te cruzaron por la cabeza?

No, porque el mayor gusto que tendría es ganar algo grande para el país.

¿Cuáles son las cosas más frustrantes que viviste como deportista?

Cuando vine de Perú, luego de ganar la medalla de oro, me dijeron cosas y cosas, entonces yo me sentí bastante deprimida por todo lo que estaba pasando. Me prometían y no me cumplían. Ahora todo parece indicar que nos van a apoyar. César Funes, de la Secretaría de la Juventud, se ha interesado en nuestro proyecto.

Apoyo. Las enseñanzas del cubano son determinantes. Foto EDH/Herbert Saravia

Muchas personas conocen a la atleta exitosa, pero no a la mujer en problemas que a veces no tiene para alimentar a su hija…

Con estas cosas trato de tener paciencia, porque a veces me desespero, sobre todo cuando no me alcanza para darle leche a mi hija.

¿Ya te acostumbraste a viajar en bus?
Sí, lo hago todos los días. Pero lo peor es que tengo que caminar un kilómetro y medio hasta la carretera en medio de la oscuridad. Ahí tomo el bus, luego llego a La Tiendona y me subo a otro (Ruta 4).

¿A qué hora te levantás?

A las 3.30 de la mañana.

¿Ya te reconocen en el bus?

Ahora sí. Las personas me saludan en la mañana: “Hola, ¿cómo te ha ido en los entrenos?”. Y los buseros ya no me cobran, eso es bueno.

¿Sos consciente de que eres la atleta numero uno de El Salvador?

Sí, claro.

¿Crees que te están desaprovechando?

Todo el mundo me está desaprovechando.

Poder. En Bahamas ratificó no tener rivales en el área. Foto EDH/Herbert Saravia

¿Nadie te llamó para hacer un comercial o algo así?
Nadie.

¿Cuando eras chica te imaginabas que en tu futuro iba a aparecer la marcha?

Jamás lo pensé. De hecho, me apareció a los 19 años, cuando fui al Indes. Yo quería entrenar, no sabía qué, pero quería hacer algo.

¿Qué querías hacer de tu vida?

Nada más pensaba en estudiar. Luego empecé a correr, dos veces por semana.

¿En qué especialidad?
Los 5,000 metros. Luego, una prima me dijo que fuéramos al Indes para ver a un señor cubano que estaba en marcha, y así comencé. Estuve dos años con él y fue donde gané el campeonato en Argentina. Después, en 2000, me retiré.

¿Por qué te retiraste?
Veía que no avanzaba, sentía que no hacía nada y no nos llevábamos muy bien con el entrenador. Decidí salirme y fue una decepción, porque yo quería entrar a los Juegos Centro-americanos y del Caribe 2002.

¿Te peleaste con ese entrenador?
Es que tenía un carácter muy raro, me decía cosas, me gritaba.

Juntos. Considera a Medina su segundo padre, maestro y mentor. Foto EDH/Herbert Saravia

¿Entonces fue que decidiste irte a los Estados Unidos?
Ahí trabajé en una fabrica de discos compactos, empaquetándolos. Fue en Mineápolis, Minessotta.

¿Por qué te fuiste a Minessotta?

Porque allí estaba mi hermano, él me apoyó. Estuve seis meses, ahí conocí al padre de mi hija. Cuando regresé al país, ya tenía dos meses de embarazo.

¿Ahí se origina el problema de la visa?
Sí. Cuando me iba me tomaron el pasaporte y me dijeron que había estado demasiado tiempo. Me quitaron la visa y me dijeron que en cinco años no me la iban a dar. Y ahí fue cuando me devolvieron…

¿O sea que te deportaron?
Sí.

Eso debió haber sido horrible ¿no?
Sí, yo lloraba y decía: ¿qué voy a hacer ahora?

¿Ahí fue que pensaste en regresar a la marcha?

Poco tiempo después del nacimiento de mi hija. Me dijeron que Rigoberto Medina me estaba buscando para que regresara. Para ese entonces yo trabajaba en una maquila, de 7:00 de la mañana a 7:00 de la noche. Era desesperante…

¿Y cuánto te pagaban?
Unos 60 dólares por quincena. Me alcanzaba para la leche y los pampers. Para mí, nada.

Ídolo. En Perú, en España, en Bahamas y en Finlandia regó su calidad. Foto EDH/Herbert Saravia

¿Siempre supiste que eras alguien especial? ¿Cuándo te diste cuenta que podías ser buena en marcha?
Al principio no, porque el entrenador que tenía antes no sabía mucho de marcas y competencias. Pero yo era campeona centroamericana juvenil, por lo que pensaba que si entrenaba duro podría conseguir una beca. Pero nunca creí que iba a llegar tan alto.

¿Cuál es la influencia de Rigoberto Medina, tu entrenador?
Es como mi segundo padre, una persona muy linda que se preocupa mucho por nosotros. Nos quiere mucho.

¿Al padre de tu hija lo volviste a ver otra vez?

Él me extraña todavía, y aún nos comunicamos, porque sigue viviendo en Estados Unidos. Dice que me va a ayudar, pero no me ayuda.

¿A qué le tenés miedo?

No le tengo miedo a nada.

¿Hablas inglés?

No, solamente puedo decir “hola” o alguna otra palabra.

¿Hay doping en la marcha?

Sí, sí lo hay.

Ahora que sos famosa, ¿no te han surgido pretendientes?

No han sido pretendientes, pero sí se han acercado algunos. Por el momento los descartamos.

Es compatible una atleta de élite por un lado y una madre por el otro. ¿Se puede con las dos cosas?
Me veo en ratitos con ella, llego para dormirla. Es importante ser madre. Sé que no estoy mucho tiempo con ella, pero lo que estoy haciendo es una forma de decirle que la quiero, que la amo, y que voy a salir adelante por ella.

¿Has pensado en mudarte a un lugar más cerca?

Sí, de hecho los señores de la Asamblea Legislativa me ofrecieron una casa en San Salvador. Espero que no se olviden…

¿Alguna vez soñaste con una medalla de oro olímpica?

Sí, he soñado con una. Y sé que la voy a lograr.

¿En Beijing 2008 o más adelante?

En Beijing 2008. Yo le voy a dar a El Salvador la primera medalla olímpica, y además va a ser de oro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

elsalvador.com WWW