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En la lejanía, con la fe de una sola esperanza

Organizados. La comunión entre las familias de esta zona anegada les ha permitido subsistir con los pocos recursos que tienen. Esperan que se normalice el clima para continuar trabajando.

Publicada 9 de octubre 2005 , El Diario de Hoy

Unidos. Los más jóvenes se encargaron de llevar a la orilla los alimentos que esperaban con mucha ansiedad para sus familias. Foto EDH

Eduardo López
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Entre dos tormentas y un fuerte oleaje, finalmente llegó una embarcación con alimentos para los habitantes del caserío Playa Hermosa, en la isla San Sebastián, Bahía de Jiquilisco, Usulután, quienes esperaron la ayuda durante ocho días.

La comunidad entera, desde tempranas horas de la mañana, aguardaba por la comida en la orilla de la playa, ya que las provisiones escasean muy pronto en el lugar por la lejanía con tierra firme (alrededor de 15 kilómetros desde Puerto El Triunfo).

Los jóvenes isleños se metieron al mar para evitar que las olas volcaran la lancha con víveres; los más ágiles cargaban pronto los quintales de granos básicos para llevarlos a la orilla. En sólo media hora, 52 quintales de maíz, frijol y arroz; 27 galones de aceite y 27 de agua estaban a salvo, listos para ser repartidos.

Jaime Vallaure, del Programa Mundial de Alimentos (PMA), señaló que está previsto que el cargamento de comestibles alcance para 15 días. Luego se enviará más.

“Esta zona no había recibido ayuda de nadie y los mismos lugareños se encargaron de hacernos saber su necesidad”, explicó.

Lucía de Jesús López, de 51 años, dijo: “Estamos muy felices de recibir alimentos, porque no teníamos manera de salir a comprar nada, por el mal tiempo”.

Agregó que tampoco han podido trabajar porque muchas áreas de la isla están inundadas, y ellos no tienen suficiente dinero para calmar el hambre de sus pequeños.

Otro problema es que, a pesar de que cada familia cuenta con su propio pozo de agua dulce, éstos fueron contaminados por las inundaciones. Hay muchos casos de vómito y diarrea, y gran proliferación de zancudos.

Desde un inicio, hombres, mujeres y niños se unieron para construir zanjas que condujeran el agua de regreso al mar; sin embargo, aún cubre algunas casas, todas hechas de palma de coco.

La lejanía del lugar impide que los cuerpos de socorro se percaten de las necesidades de estas personas, que manifiestan que casi nadie conoce sobre la existencia de ellos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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