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Breve análisis
La opción de línea dura de Irán

El hecho de que el último Presidente, Muhammad Khatami, apoyara el movimiento reformista simplemente subraya la forma tan absoluta en que los gobernantes voltearon la situación política.

Publicada 9 de octubre 2005, El Diario de Hoy

Barry Rubin*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Es probable que la elección del alcalde de línea dura de Teherán, Mahmoud Ahmadinejad, para ser el próximo Presidente de Irán, empeore las relaciones con el Occidente y el aislamiento internacional del país. Sin embargo, en términos internos, es posible que al régimen islámico le vaya mejor que si hubiera habido un resultado más moderado.

Es claro que Ahmadinejad tiene una base de apoyo real. Pero que se haya presentado como un populista, que haya hablado de ayudar a los pobres, que haya condenado el funcionamiento del Gobierno y que haya actuado casi como candidato de oposición es irrelevante: era el elegido del régimen y al final recibió ayuda oficial, incluso en contra de otros candidatos de línea dura.

El régimen jugó sus cartas de manera brillante. Convirtió a Hashemi Rafsanjani, ligeramente más pragmático y que no estaba de acuerdo con ciertas políticas actuales, en la figura del “sistema”, y a su propio hombre, en el rebelde. Así, el Gobierno utilizó los sentimientos en contra del sistema para revitalizar su mando.

El hecho de que el último Presidente, Muhammad Khatami, apoyara el movimiento reformista —si bien de manera tímida y al final no logró nada— simplemente subraya la forma tan absoluta en que los gobernantes voltearon la situación política.

Ahmadinejad es un representante de los activistas más jóvenes de la revolución en contra del Sha de hace un cuarto de siglo. Estuvo de manera directa involucrado en la captura de los rehenes estadounidenses en Irán, aunque, a qué grado, es algo debatible.

Lo más preocupante de todo es que es cercano a los dos grupos principales que representan a los elementos más extremistas de Irán: El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y la organización Basij. El primero es un ejército paralelo a favor del régimen; la segunda es una organización que intimida a los opositores y a quienes buscan una sociedad más abierta.

Sin embargo, las preocupaciones de que un liderazgo aún más radical ha tomado las riendas en Irán se mitigan por dos factores. Primero, es probable que Ahmadinejad se concentre en asuntos internos, para intentar —con no queda claro qué grado de éxito— mejorar los niveles de vida de los iraníes más pobres. Segundo, el mismo grupo que ha tenido el control desde la revolución seguirá ocupándose de la política ideológica y exterior. El Presidente tiene menos poderes de lo que parece, eclipsado en particular por el Guía Supremo, el ayatolá Ali Khamenei.

No obstante, la elección de Ahmadinejad aclara meridianamente el reto que Irán plantea a la política occidental y a la estabilidad del Medio Oriente. En primer lugar, manda una señal a los elementos más extremistas de Irán y a los clientes terroristas del país —Hezbollah en Líbano, Hamas y la Jihad Islámica en Palestina y varios grupos pequeños que operan en contra de Arabia Saudita, Iraq y otros países árabes— de que tienen luz verde para lanzar ataques. Es probable que supongan que Irán apoyará cualquier cosa que hagan.

Hacia afuera, Irán a menudo ha sido relativamente cauteloso, pero a nivel encubierto ha sido el patrocinador más importante del terrorismo a nivel mundial. A veces ciertos funcionarios iraníes pueden haber actuado por su cuenta al ordenar y coordinar operaciones específicas. Ahora sentirán que tienen más libertad para hacerlo.

Además, Ahmadinejad apoya abiertamente el programa de Irán para obtener armas nucleares. La mayoría de los políticos iraníes —al menos aquellos a los que el Gobierno les permite operar abiertamente— apoyan el programa, pero se inclinan por un enfoque más discreto y cauteloso. Rafsanjani, por ejemplo, prefería construir mejores relaciones económicas con Occidente que avanzar en el frente nuclear.

Si Ahmadinejad es Presidente de un Irán nuclear es más probable que utilice las armas de manera aventurada. Eso no quiere decir que las detonaría, sino más bien que las usaría con fines de chantaje diplomático, llevando las amenazas a nivel de crisis. Puesto que los líderes iraquíes proclaman a diario su deseo de borrar a Israel del mapa y de luchar contra los EE.UU. (Ahmadinejad pisoteó una fotografía de la bandera estadounidense cuando se dirigía a votar), el riesgo de un conflicto ha aumentado.

Por último, es probable que Ahmadinejad se muestre más decidido a subvertir la estabilidad de Iraq y su victoria alentará a los funcionarios y extremistas radicales iraníes que están en este país. Irán ya está enviando muchos agentes a Iraq y apoyando a clientes que quieren convertirlo en un clon. Los iraquíes, incluyendo a los musulmanes chiitas —que practican la misma versión del islam que los iraníes— generalmente rechazan esa interferencia. Es probable que una postura más militante de Irán aumente las fricciones con Iraq y genere más violencia antiestadounidense en ese lugar.

En resumen, el resultado electoral de Irán es peligroso, aunque qué tan desestabilizador resulte dependerá de las acciones de Ahmadinejad y del grado de poder que Khamenei le dé. Además, tratar con un Irán tan abiertamente extremista —radical incluso para los patrones de línea dura del régimen— será un reto no sólo para los EE.UU., sino también para Europa.

Copyright: Project Syndicate.
Director del Centro de Investigaciones Mundiales sobre Asuntos Internacionales (GLORIA por sus siglas en inglés).



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