|
Barry
Rubin*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Es probable que la elección del alcalde de línea dura de
Teherán, Mahmoud Ahmadinejad, para ser el próximo Presidente
de Irán, empeore las relaciones con el Occidente y el aislamiento
internacional del país. Sin embargo, en términos internos,
es posible que al régimen islámico le vaya mejor que si
hubiera habido un resultado más moderado.
Es claro que Ahmadinejad tiene una base de apoyo real. Pero que se haya
presentado como un populista, que haya hablado de ayudar a los pobres,
que haya condenado el funcionamiento del Gobierno y que haya actuado casi
como candidato de oposición es irrelevante: era el elegido del
régimen y al final recibió ayuda oficial, incluso en contra
de otros candidatos de línea dura.
El régimen jugó sus cartas de manera brillante. Convirtió
a Hashemi Rafsanjani, ligeramente más pragmático y que no
estaba de acuerdo con ciertas políticas actuales, en la figura
del sistema, y a su propio hombre, en el rebelde. Así,
el Gobierno utilizó los sentimientos en contra del sistema para
revitalizar su mando.
El hecho de que el último Presidente, Muhammad Khatami, apoyara
el movimiento reformista si bien de manera tímida y al final
no logró nada simplemente subraya la forma tan absoluta en
que los gobernantes voltearon la situación política.
Ahmadinejad es un representante de los activistas más jóvenes
de la revolución en contra del Sha de hace un cuarto de siglo.
Estuvo de manera directa involucrado en la captura de los rehenes estadounidenses
en Irán, aunque, a qué grado, es algo debatible.
Lo más preocupante de todo es que es cercano a los dos grupos principales
que representan a los elementos más extremistas de Irán:
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y la organización
Basij. El primero es un ejército paralelo a favor del régimen;
la segunda es una organización que intimida a los opositores y
a quienes buscan una sociedad más abierta.
Sin embargo, las preocupaciones de que un liderazgo aún más
radical ha tomado las riendas en Irán se mitigan por dos factores.
Primero, es probable que Ahmadinejad se concentre en asuntos internos,
para intentar con no queda claro qué grado de éxito
mejorar los niveles de vida de los iraníes más pobres. Segundo,
el mismo grupo que ha tenido el control desde la revolución seguirá
ocupándose de la política ideológica y exterior.
El Presidente tiene menos poderes de lo que parece, eclipsado en particular
por el Guía Supremo, el ayatolá Ali Khamenei.
No obstante, la elección de Ahmadinejad aclara meridianamente el
reto que Irán plantea a la política occidental y a la estabilidad
del Medio Oriente. En primer lugar, manda una señal a los elementos
más extremistas de Irán y a los clientes terroristas del
país Hezbollah en Líbano, Hamas y la Jihad Islámica
en Palestina y varios grupos pequeños que operan en contra de Arabia
Saudita, Iraq y otros países árabes de que tienen
luz verde para lanzar ataques. Es probable que supongan que Irán
apoyará cualquier cosa que hagan.
Hacia afuera, Irán a menudo ha sido relativamente cauteloso, pero
a nivel encubierto ha sido el patrocinador más importante del terrorismo
a nivel mundial. A veces ciertos funcionarios iraníes pueden haber
actuado por su cuenta al ordenar y coordinar operaciones específicas.
Ahora sentirán que tienen más libertad para hacerlo.
Además, Ahmadinejad apoya abiertamente el programa de Irán
para obtener armas nucleares. La mayoría de los políticos
iraníes al menos aquellos a los que el Gobierno les permite
operar abiertamente apoyan el programa, pero se inclinan por un
enfoque más discreto y cauteloso. Rafsanjani, por ejemplo, prefería
construir mejores relaciones económicas con Occidente que avanzar
en el frente nuclear.
Si Ahmadinejad es Presidente de un Irán nuclear es más probable
que utilice las armas de manera aventurada. Eso no quiere decir que las
detonaría, sino más bien que las usaría con fines
de chantaje diplomático, llevando las amenazas a nivel de crisis.
Puesto que los líderes iraquíes proclaman a diario su deseo
de borrar a Israel del mapa y de luchar contra los EE.UU. (Ahmadinejad
pisoteó una fotografía de la bandera estadounidense cuando
se dirigía a votar), el riesgo de un conflicto ha aumentado.
Por último, es probable que Ahmadinejad se muestre más decidido
a subvertir la estabilidad de Iraq y su victoria alentará a los
funcionarios y extremistas radicales iraníes que están en
este país. Irán ya está enviando muchos agentes a
Iraq y apoyando a clientes que quieren convertirlo en un clon. Los iraquíes,
incluyendo a los musulmanes chiitas que practican la misma versión
del islam que los iraníes generalmente rechazan esa interferencia.
Es probable que una postura más militante de Irán aumente
las fricciones con Iraq y genere más violencia antiestadounidense
en ese lugar.
En resumen, el resultado electoral de Irán es peligroso, aunque
qué tan desestabilizador resulte dependerá de las acciones
de Ahmadinejad y del grado de poder que Khamenei le dé. Además,
tratar con un Irán tan abiertamente extremista radical incluso
para los patrones de línea dura del régimen será
un reto no sólo para los EE.UU., sino también para Europa.
Copyright: Project Syndicate.
Director del Centro de Investigaciones Mundiales sobre Asuntos Internacionales
(GLORIA por sus siglas en inglés).

|