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Ante la desgracia
Agradeciéndoles …

Démonos en fin solidariamente las manos y las gracias mutuamente y empecemos de nuevo con la reconstrucción, haciendo bien las cosas para que aguanten el próximo desastre, que de seguro pronto vendrá.

Publicada 9 de octubre 2005, El Diario de Hoy

Pedro Roque*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Sobrevolando el martes pasado la Costa del Sol, en un vuelo comercial justo antes de aterrizar en Comalapa, me di cuenta de la dimensión de las tormentas que estamos sufriendo al escribir este artículo y que, Dios mediante, cuando ustedes lo lean ya hayan pasado, pues hoy, jueves 6 de septiembre, a las cinco de la mañana, ya veo a través de mi ventana el brillo de algunas estrellas. 

En el primer kilómetro mar adentro, se veía una gran mancha oscura, casi negra, del agua con tierra y basura que los ríos habían arrastrado… La poca gente en el aeropuerto y los derrumbes en la autopista me confirmaban las noticias que ha dado a conocer EDH en su página web, en la Internet.

Al llegar a la empresa y analizar los daños en las áreas bajo mi responsabilidad, rápidamente comprendí que, comparadas con las de personas que lo han perdido todo o los que han perdido a sus hijos o parientes, cualquier pérdida material resulta poco importante.

No había que imaginarse la gravedad de la situación como cuando pasaron los huracanes por Nueva Orleans o las intensas lluvias de la semana pasada en Taiwán, China o Rumanía; el agua al cuello la tenemos hoy aquí.

Pues, entre lo mucho que hay que organizar para reparar y colaborar, busqué el tiempo para las noticias y la televisión e informarme sobre cuál es el estado y la gravedad de emergencia, preocupado porque estamos cerca de la Cordillera del Bálsamo, donde hubo derrumbes, evacuaciones y la nueva autopista se cerró.

Entre todas estas desgracias que nos hacen pensar y sentirnos solidarios, quiero usar este artículo para agradecer a las mujeres y los hombres que, por salvar la vida de otros, valientemente y conociendo los riesgos y peligros, fueron de casa en casa en las zonas rurales y en los barrios inundados con crecientes de más de un metro, hablando con la gente para convencerle de que se trasladara a los albergues y protegiera su vida.

Al oír las razones por las que la gente no dejaba sus casas, resultan casi incomprensibles, pues decían que no querían irse porque tenían que cuidar sus pertenencias. Aún más incomprensible resulta, que en estos momentos de calamidad pública, haya gente que aproveche para adueñarse de lo ajeno.

Pero también hay que decir muchas gracias a los miembros de la Cruz Roja, con quienes siempre se cuenta aquí y en todos los lugares, pues es la ONG de ayuda humanitaria más grande del mundo; así como también hay que expresárselas a los miembros de la PNC, a los que vimos empapados, esforzándose por salvar gente medio soterrada en lugares donde ni nos imaginamos que la gente construye sus viviendas.

A los miembros de muchas organizaciones de ayuda, como los clubes Rotarios, que acudieron prestos al servicio desinteresado, también hay que agradecerles.

A las organizaciones gubernamentales oficiales que desde el huracán Adrián, han estado muy activas, tanto en aportar información preventiva, como en la evacuación, albergue y cuidado a los damnificados.

Al Presidente de la República, porque personalmente se involucró interviniendo en radio y televisión para solicitar colaboración ciudadana y haber organizado comisiones empresariales para ayudar a los damnificados, a recolectar y distribuir víveres y, además, haber solicitado ayuda y apoyo internacional para aliviar los daños que han generado estas tormentas, erupciones y uno que otro temblor, que también los hubo en medio de la desesperación.

También he de expresar agradecimiento al Ejército, que siempre está a la disposición para combatir las fuerzas de la tormenta y, naturalmente, también hay que agradecer a las congregaciones religiosas por el apoyo incondicional.

Tenemos que agradecer a todos los socorristas y al personal médico de los hospitales y unidades de salud, que han atendido a los miles de heridos y golpeados.

Hay que agradecer a los alcaldes, a los concejales, a los gerentes de empresas, a los empresarios de transporte y, en general, a los ciudadanos que de nuevo nos sentimos y actuamos solidarios y aportamos lo que estuvo en nuestras manos…

Dios quiera que parte de esta solidaridad salvadoreña, que aparece con fuerza en la desesperación y luego se esfuma, se quede con nosotros para cuando todo haya pasado y la pongamos al servicio de nuestra sociedad, al pensar, planificar, otorgar permisos, gobernar, construir, organizar la recolección de la basura, educarnos para sobrevivir en los desastres y, sobre todo, para prever y reducir al mínimo las desgracias y los actos heroicos de los voluntarios, policías, soldados y ciudadanos, que en su instinto de salvar vidas arriesgan y pierden la propia.

Gracias también a los países que a esta hora ya reaccionaron y nos apoyarán en la reconstrucción.

Pero no puedo olvidar, agradecer mucho su entrega a los periodistas, fotógrafos y camarógrafos que sin importar derrumbes, crecidas y con el agua casi al cuello, estuvieron en primera línea haciéndonos sentir la realidad de los sucesos y la gravedad de las consecuencias de las tormentas y la erupción del volcán.

Démonos en fin solidariamente las manos y las gracias mutuamente y empecemos de nuevo con la reconstrucción, haciendo bien las cosas para que aguanten el próximo desastre, que como habitamos un planeta vivo e inestable, de seguro que pronto vendrá.

*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.



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