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La Nota del Día
Que suba el rigor de los exámenes

En su momento los exámenes se suprimieron porque los “maistros” de ANDES presionaban a sus alumnos: o participás en los movimientos “de protesta” o no pasás los exámenes

Publicada 9 de octubre 2005, El Diario de Hoy


El Diario de Hoy

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Es muy importante que con el paso del tiempo “se vayan apretando las tuercas” en cuanto a los exámenes para pasar de grado, ingresar a una universidad y en su momento graduarse como profesional. El rigor en las pruebas académicas ha sido la fórmula del éxito japonés y coreano, ya que sus ingenieros, investigadores, pensadores, matemáticos, biólogos y todos sus académicos, científicos y profesionales, están muy capacitados y disciplinados para realizar los esfuerzos que cualquier misión o tarea demanda.

En el mundo altamente competitivo de hoy, triunfar y salir adelante exige capacidad y dedicación, cualidades que la mayoría adquiere en la escuela y durante su formación profesional. Es entonces cuando además de criterios y conocimientos básicos, se aprende o se debería aprender a razonar, a ser sensatos, a actuar con ética y a trabajar con otros. En las aulas, se debe suponer, los educandos adquieren la disciplina que se les exigirá más tarde en sus ocupaciones.

Lo que hasta la fecha se ha ignorado oficialmente, pues lo sabe todo maestro que merezca el apelativo, es que la mejor forma de afianzar conocimientos y aprender a pensar, es examinándose de manera regular y seria. Los exámenes son el mejor método para saber si alguien aprendió lo que le enseñan y si desarrolló la capacidad para aplicar esos conocimientos y criterios. Hay casos, pocos, de estudiantes que salen mal en las pruebas y que inclusive nunca se gradúan, pero que luego son muy exitosos. La regla, empero, es que el estudiante que aprueba exámenes saldrá bien en su vida.

A tantos los carcome la pereza

A la inversa, cuando no hay exámenes los jóvenes tienden a ser indisciplinados, superficiales y poco capaces de esforzarse. Y ésa ha sido la realidad de la educación en El Salvador en los últimos cuarenta años: no había obligación de examinarse y de allí los bajos niveles de conocimientos y disciplina de los graduados, desde la secundaria hasta la universidad. Como los estudiantes no estaban obligados a examinarse no ponían mayor interés en entender lo que les enseñaban y menos en conservar esos conocimientos. Por ese motivo egresaban con muchas deficiencias de la primaria y de la secundaria, entrando mal a las universidades y graduándose sólo porque aquí en el país se puede.

En su momento los exámenes se suprimieron porque los “maistros” de ANDES presionaban a sus alumnos: o participás en los movimientos “de protesta” o no pasás los exámenes. El chantaje se conjuró suprimiendo las pruebas, pero el daño quedó: los estudiantes se acostumbraron a aprobar sin esfuerzo y con frecuencia sin saber lo elemental de gramática, historia y matemática.

Poner en pie de nuevo la cultura de los exámenes no es tarea fácil: las familias suponen que sus hijos “tienen derecho” a pasar de un nivel a otro aunque no estudien ni aprendan nada. El ministerio ha ido paso a paso introduciendo la Paes, dando cada vez mayor peso a los resultados de las pruebas para aprobar curso y alentando a los jóvenes a participar. Por lo general el problema no son las muchachas estudiantes sino los jóvenes, un número de los cuales está carcomido por la pereza creyendo que al ser adultos les lloverá el maná del cielo. Ignoran que en el trabajo, los exámenes son una frecuente rutina.


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