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Amarga y dolorosa derrota del Famoso

Los asistentes abuchearon la decisión de los jueces.


Publicada 9 de octubre 2005 , El Diario de Hoy

La caída. Instantes en que el Famoso Hernández es derribado por un golpe del filipino Bobby Pacquaio en el 2o. asalto. Foto AP

EFE/Redacción Deportes
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

El filipino Bobby Pacquiao venció por la vía de la decisión dividida en 10 asaltos al ex campeón mundial salvadoreño Carlos Hernández, en pelea celebrada en la Thomas and Mack Arena, en Las Vegas, Nevada.

Los jueces dieron calificaciones de 97-92 para Hernández y 95-94 y 95-93 para Pacquiao, y protagonizaron una decisión que causó controversia entre los aficionados que vieron en directo el vibrante combate.

Pacquiao mandó a la lona a Hernández en el segundo asalto y dejó sus números en 26-11-3.

Para Hernández fue la segunda derrota seguida por la misma vía.

Tras un agresivo inicio por parte de ambos púgiles, lanzando golpes al rostro y el cuerpo, sobre el cierre del primer round, el filipino lució más efectivo en los golpes y lo ganó claramente.

En el segundo, Pacquaio salió fuerte y rápido buscando el combate y pese a la reacción del Famoso, éste se quedó corto y permitió que el rival se luciera.

Fue en el tercer y cuarto asaltos, que el salvadoreño sacó a relucir su mejor puño, su casta y sobre todo la experiencia que ha acumulado en sus años en el ring. El Famoso buscó al rival, llevó la iniciativa y golpeó con efectividad y contundencia.

Sin duda estos dos rounds se los agenció el cuscatleco, ya en el quinto y sexto el salvadoreño tuvo la posibilidad de noquear al filipino, pero le faltó potencia en sus puños, pues su rival aguantó el temporal de golpes.

De allí en adelante el combate se desarrolló al ritmo que impuso el Famoso, quien buscó con todas sus armas derribar a Pacquaio.

Mereció ganar, pero los jueces dijeron lo contrario, las tarjetas no le favorecieron y ello causó inconformidad entre la mayoría de aficionados presentes que también le vieron triunfar.

Por eso los gritos y abucheos cuando se oyó la decisión. Y la frustración del salvadoreño, quien derramó lágrimas en la esquina del cuadrilátero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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