elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

“Me imagine que era mi hija”

Rescate. Pasó cerca de cuatro horas enterrada, pero nunca perdió la conciencia, pese al agua y el frío. Romero, bombero, estuvo con ella hasta el final

Publicada 7 de octubre 2005 , El Diario de Hoy

La recuperación
Lesionada. Jennifer, de siete años, mejora en una camilla del Hospital Bloom, en la capital después de operarla de su pie derecho debido a los golpes. Foto EDH/Arturo Silva

Yamileth Cáceres
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Bajo una intensa lluvia y sin importar el riesgo de que un nuevo alud cayera sobre la vivienda ya semisoterrada, el bombero Alexander Romero pasó cuatro horas junto a Jennifer Torres, de siete años. La niña de siete años sobrevivió a un derrumbe en el cantón Cupinco, Olocuilta. Dos de sus hermanos pequeños no tuvieron la misma suerte.

Romero, descansado pero por momentos intranquilo por lo vivido sólo hace unas horas, recuerda a la infante con la mitad del cuerpo cubierto de tierra, piedras y hierro. Viene a su mente la imagen de su hija, presente en todo el tiempo que estuvo junto a Jennifer. “Cuando llegué y la vi soterrada, me imaginé que era mi hija y la reacción fue tratarla de ayudar como fuera posible”, agregó el bombero.

La niña está estable en Hospital Bloom
-La menor permaneció 12 horas en sala de cirugía. Perdió el segundo dedo del pie derecho y tiene golpes en el tercero.
-También tiene fracturas en la pierna izquierda. Los doctores dicen que no hay complicaciones.
- La doctora Margarita Saravia explicó que tiene un problema sicológico que se manifiesta en
miedo hacia las personas que se acercan.
- Además, atendieron
a dos niños rescatados
en Ciudad Delgado.

Los primeros esfuerzos fueron en vano y la desesperación crecía con el paso de los minutos. Jennifer no paraba de pedir que la sacaran.

En un primer momento utilizaron palas, piochas, cucharas de albañil, cualquier objeto era útil para ayudar a la pequeña. Con los minutos se dieron cuenta que la tierra era mucha y las herramientas pocas. El temor a lastimarla les hizo esperar la llegada del equipo especializado.

“La niña gritaba y luchamos para ver si la sacábamos así con las manos, pero era difícil”, indicó Romero. En ese momento, sólo se podía hablar con ella, tranquilizarla, darle esperanzas, entretenerla para que no se durmiera por el frío que sentía y gritaba a todas luces.

Abrigada. Alexander Romero carga a Jennifer Torres, tapada con una manta. Foto EDH/Arturo Silva

La imagen de su hija, de dos años y medio y a la cual no ve hace dos semanas, se repetía en su mente. Quizás era eso, piensa ahora Romero, lo que hizo que no se apartará un instante de la chiquilla.

“Pensaba en el sufrimiento que tenía la niña, rogaba sáquenme, y si no voy haber si puedo salir yo solita”, explicó Romero, en un arrebato de furia de la pequeña, ingresada en una sala del Hospital Bloom.

Llevaba más de dos horas con Jennifer cuando miembros de Cruz Roja le colocaron oxígeno y suero. También la cobijaron para mantener su temperatura y protegerla del agua.

Reconoce que a sus 28 años es la primera vez que saca a alguien con vida. “Fue un gran privilegio porque es algo que no todos los días se da, gracias a Dios que me tiene con vida para servirle a las personas”, acotó orgulloso el bombero con el caso en su mano.

Blanca Lidia Cerna
Madre de la menor
Sacaron a mi niña
“Los socorristas hicieron todo lo posible por rescatarlos; les agradezco porque sacaron a mi niña, aunque sé que no tengo a mis otros dos bebitos”


“Corrí y les dije que se salieran”

Dibuja la tragedia
Recuerda. María Torres, de 14 años, pinta el momento en que su casa fue soterrada. Foto EDH/Arturo Silva

María Guadalupe Torres, de 14 años, alertó a su familia de las piedras y la tierra que caían sobre la vivienda, cuando salió al patio para ver si ya se había cocido el maíz.

“Se oyó un trueno, y vi el muro que se quebró por completo y cayó como una ola a nuestra casa, yo corrí gritando que se salieran pero sólo pudimos sacar a dos niños”, expresó la joven.

Fue la primera en ponerse a salvo por lo que no sufrió ningún daño físico, pero sí emocional. Junto a su hermana malherida aún no se repone de la pérdida de sus dos hermanos: Erick y Diego.

María permaneció en vela el miércoles hasta que hallaron los dos cuerpos: uno a las 10:00 de la noche y, el otro, a las 12:00.


No quiere separarse de su mamá

Las lágrimas no paraban de bajar por el rostro de Jennifer Torres, quien está acostada en una camilla de la Unidad de Cirugía Especial del Hospital Bloom. Lo único que hacía ayer era preguntar por su madre y por sus pies.

El velorio
Murieron soterrados. Los dos cuerpos de los menores Erick y Diego Torres permanecen en Olocuilta, La Paz. Hoy serán enterrados.Foto EDH/Arturo Silva

El dolor en sus piernas no permite borrar de su mente las cuatro horas que pasó soterrada, junto a su padre y dos hermanos.

Para que se distraiga le han llevado dos peluches, pero no logran atraer su atención; ella solo quiere que le alivien el dolor y ver a su progenitora.

Su madre, Blanca Cerna, agradece a los socorristas el trabajo realizado para rescatar a su hija y así no lamentar la que hubiera sido la tercera pérdida.

Cerna manifestó que ella, junto a su hija menor, le pedían a Dios que rescataran a su esposo e hijos vivos. “No tengo a mis bebitos, pero está la esperanza de tener a mi bebita viva”, agregó.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


elsalvador.com WWW