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La recuperación
Lesionada. Jennifer, de siete años, mejora en una camilla del
Hospital Bloom, en la capital después de operarla de su pie
derecho debido a los golpes.
Foto EDH/Arturo Silva |
Yamileth
Cáceres
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Bajo una intensa lluvia y sin importar el riesgo de que un nuevo alud
cayera sobre la vivienda ya semisoterrada, el bombero Alexander Romero
pasó cuatro horas junto a Jennifer Torres, de siete años.
La niña de siete años sobrevivió a un derrumbe en
el cantón Cupinco, Olocuilta. Dos de sus hermanos pequeños
no tuvieron la misma suerte.
Romero, descansado pero por momentos intranquilo por lo vivido sólo
hace unas horas, recuerda a la infante con la mitad del cuerpo cubierto
de tierra, piedras y hierro. Viene a su mente la imagen de su hija, presente
en todo el tiempo que estuvo junto a Jennifer. Cuando llegué
y la vi soterrada, me imaginé que era mi hija y la reacción
fue tratarla de ayudar como fuera posible, agregó el bombero.
La
niña está estable en Hospital Bloom
-La menor permaneció 12 horas en sala de cirugía. Perdió
el segundo dedo del pie derecho y tiene golpes en el tercero.
-También tiene fracturas en la pierna izquierda. Los doctores
dicen que no hay complicaciones.
- La doctora Margarita Saravia explicó que tiene un problema
sicológico que se manifiesta en
miedo hacia las personas que se acercan.
- Además, atendieron
a dos niños rescatados
en Ciudad Delgado. |
Los primeros esfuerzos fueron en vano y la desesperación crecía
con el paso de los minutos. Jennifer no paraba de pedir que la sacaran.
En un primer momento utilizaron palas, piochas, cucharas de albañil,
cualquier objeto era útil para ayudar a la pequeña. Con
los minutos se dieron cuenta que la tierra era mucha y las herramientas
pocas. El temor a lastimarla les hizo esperar la llegada del equipo especializado.
La niña gritaba y luchamos para ver si la sacábamos
así con las manos, pero era difícil, indicó
Romero. En ese momento, sólo se podía hablar con ella, tranquilizarla,
darle esperanzas, entretenerla para que no se durmiera por el frío
que sentía y gritaba a todas luces.
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| Abrigada. Alexander Romero carga a Jennifer
Torres, tapada con una manta. Foto
EDH/Arturo Silva |
La imagen de su hija, de dos años y medio y a la cual no ve hace
dos semanas, se repetía en su mente. Quizás era eso, piensa
ahora Romero, lo que hizo que no se apartará un instante de la
chiquilla.
Pensaba en el sufrimiento que tenía la niña, rogaba
sáquenme, y si no voy haber si puedo salir yo solita, explicó
Romero, en un arrebato de furia de la pequeña, ingresada en una
sala del Hospital Bloom.
Llevaba más de dos horas con Jennifer cuando miembros de Cruz Roja
le colocaron oxígeno y suero. También la cobijaron para
mantener su temperatura y protegerla del agua.
Reconoce que a sus 28 años es la primera vez que saca a alguien
con vida. Fue un gran privilegio porque es algo que no todos los
días se da, gracias a Dios que me tiene con vida para servirle
a las personas, acotó orgulloso el bombero con el caso en
su mano.
Blanca Lidia Cerna
Madre de la menor
Sacaron a mi niña
Los socorristas hicieron todo lo posible por rescatarlos; les agradezco
porque sacaron a mi niña, aunque sé que no tengo a mis otros
dos bebitos
Corrí y les dije que se salieran
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Dibuja la tragedia
Recuerda. María Torres, de 14 años, pinta el momento
en que su casa fue soterrada. Foto
EDH/Arturo Silva |
María Guadalupe Torres, de 14 años, alertó a su
familia de las piedras y la tierra que caían sobre la vivienda,
cuando salió al patio para ver si ya se había cocido el
maíz.
Se oyó un trueno, y vi el muro que se quebró por completo
y cayó como una ola a nuestra casa, yo corrí gritando que
se salieran pero sólo pudimos sacar a dos niños, expresó
la joven.
Fue la primera en ponerse a salvo por lo que no sufrió ningún
daño físico, pero sí emocional. Junto a su hermana
malherida aún no se repone de la pérdida de sus dos hermanos:
Erick y Diego.
María permaneció en vela el miércoles hasta que hallaron
los dos cuerpos: uno a las 10:00 de la noche y, el otro, a las 12:00.
No quiere separarse de su mamá
Las lágrimas no paraban de bajar por el rostro de Jennifer Torres,
quien está acostada en una camilla de la Unidad de Cirugía
Especial del Hospital Bloom. Lo único que hacía ayer era
preguntar por su madre y por sus pies.
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El velorio
Murieron soterrados. Los dos cuerpos de los menores Erick y Diego
Torres permanecen en Olocuilta, La Paz. Hoy serán enterrados.Foto
EDH/Arturo Silva |
El dolor en sus piernas no permite borrar de su mente las cuatro horas
que pasó soterrada, junto a su padre y dos hermanos.
Para que se distraiga le han llevado dos peluches, pero no logran atraer
su atención; ella solo quiere que le alivien el dolor y ver a su
progenitora.
Su madre, Blanca Cerna, agradece a los socorristas el trabajo realizado
para rescatar a su hija y así no lamentar la que hubiera sido la
tercera pérdida.
Cerna manifestó que ella, junto a su hija menor, le pedían
a Dios que rescataran a su esposo e hijos vivos. No tengo a mis
bebitos, pero está la esperanza de tener a mi bebita viva,
agregó.

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