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[En albergue San Isidro, Sonsonate]
Son dos veces damnificados

Duda. Los problemas les llegaron a los habitantes del volcán por partida doble: ceniza y aguacero

Publicada 7 de octubre 2005 , El Diario de Hoy

De película. La niebla acompaña al viajero en todo el recorrido hasta la finca San Blas, en las cercanías del volcán de Santa Ana. Es un panorama fantasmagórico. Foto EDH/René Rodriguez

Enrique Miranda
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Santiago Montes, refugiado en el albergue San Isidro, de Sonsonate, ya casi no logra distinguir por cuál fenómeno natural lo llevaron ahí: comienza hablando de cómo erupcionó el volcán Ilamatepec el sábado y, sin darse cuenta, termina hablando de las lluvias causadas por el huracán Stan.

Y, a la hora de sopesar a qué le teme más, él y el resto de 300 damnificados de los cantones Las Lajas, María Auxiliadora y otros, el miedo va repartido a partes iguales: “¡Ahhhh, los dos son peligrosos!”, advierte Jorge Suárez, mientras come su ración de casamiento con tamales y crema para la cena.

Y es que la situación se les está haciendo engorrosa: aunque reciben alimentos calientes y no pasan frío, la incertidumbre de la naturaleza los mantiene en vilo.

Hay calma. La inocencia de los niños los mantiene al margen de la tragedia. Foto EDH/René Rodriguez

Las preguntas son comunes para todos: “¿Hasta cuándo podremos regresar?”. Pues, aunque la depresión tropical mengüe, la amenaza del coloso santaneco sigue latente.

“Hoy (miércoles) volvió a retumbar, como a las cinco (de la tarde)”, asegura don Juan, quien trabaja como vigilante privado en una colonia de Santa Tecla.

A ese temor se les suma la duda de cómo estarán sus tierras después de tanta lluvia.

Los ojos de los mayores divagan entre los pasillos de la escuela que les sirve como albergue, mientras los más pequeños retozan y los más jóvenes se relacionan entre ellos.

Los une más de una cosa: se convierten en doblemente damnificados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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