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Hay que sacar fuerza de la flaqueza
Después de seis días de trabajo
consecutivo, el periodista de Teledos, Ernesto Landos, todavía
ofrece un semblante sereno ante la cámara. Sin embargo, ayer por
la mañana, sintió un extraño malestar.
Publicada 7 de octubre 2005, El Diario de Hoy
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| Vocación. La imagen del socorrista proyecta
seguridad, por tal motivo ellos deben aprender a manejar sus emociones.
Foto EDH/Lizette Moreno |
Adda Montalvo
amontalvo@elsalvador.com
El Diario de
Hoy
vida@elsalvador.com
Cuando estaba hablando con el director del albergue del INDES me
dio un mareo y la vista se me nubló por unos segundos. Luego me
regresó... debe ser el cansancio, explicó.
Al preguntarle cómo se sentía emocionalmente, la voz se
le quebró y los ojos se le llenaron de lágrimas. En ese
instante, recordó las imágenes de los niños soterrados
en Lourdes.
Landos, seguramente, no es el único periodista que lleva sobre
los hombros una fuerte carga de estrés heredado por el desastre.
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Entrega. El voluntariado termina cuando el cuerpo
lo exige. Todos aquellos que colaboran brindando ayuda en momentos
de tragedia, también viven el dolor.
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Como él, socorristas, médicos, policías, enfermeras
y otros trabajadores que presencian el dolor humano mientras prestan servicio
-de una u otra forma- a la población, afrontan un extremo cansancio.
Los policías, también son humanos.
El cabo II Cristian Morán, del puesto de la PNC en Los Alpes, Ciudad
Delgado, participó junto a sus compañeros en un rescate
de víctimas de un derrumbe cercano.
Personalmente, también siento miedo, pero hay que esconderlo.
Sería terrible que ellos estén en necesidad y uno les ponga
cara de tristeza, relató.
Esto mismo piensa Ricardo Leiva, encargado de emergencia de Comandos de
Salvamento.
La gente cuando ve un uniforme agarra confianza. Cuando ve un policía,
un bombero, un socorrista dice: Me va a ayudar; y uno no puede llegar
con el ánimo bajo porque llega a solucionar un problema,
enfatizó.
Pero también ellos necesitan desahogarse. Y lo hacen hablando del
tema con sus familiares, con sus propios compañeros, haciendo ejercicio
y descansando.
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Alimentación
y medicina
Lo que más necesitan en los albergues es agua purificada
y comida preparada. Para contrarrestar males, piden abrigos y antitusivos.
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Alimentos
Verduras, pastas, arroz, aceite, harina, plátanos, cereal,
carnes, frutas en buen estado.
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Enlatados
Los frijoles, atún y sardinas son importantes, sobre todo,
donde no hay colaboradores en la cocina.
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Aseo
personal
Pasta de dientes, cepillos, toallas femeninas, ropa interior, pañales
para todas las edades y papel higiénico.
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Agua
purificada
Se dificulta suministrar las pachas a los infantes, porque el agua
en los albergues está contaminada.
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Leche
Para los recién nacidos es imprescindible la fórmula,
y para los más grandecitos, leche entera.
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Ropa
Para niños desde cero hasta cinco años. Se necesitan
abrigos, ropa para vestir, calcetines y zapatos.
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Para las enfermedades
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Diarreas
Es mínima. Se piden sueros orales y alimentos suaves, para
una dieta blanda.
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Hongos
Para mitigarlos, las autoridades piden zapatos de cuero, calcetines
y cremas antimicóticas.
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Varicela
No es herencia de las lluvias, pero hay pacientes. Por el momento,
están aislados. Se necesita calamina y violeta.
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Artritis
Los adultos son los que más padecen. Para ellos urgen ibuprofeno,
diclofenac y abrigos.
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Gripe
Es la más común y se puede aliviar con antitusivos,
abrigos y gorritos para todas las edades.
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Dolor de cabeza
Es producto de la ansiedad que sufren muchos adultos. Los ansiolíticos
y la distracción ayudarán mucho.
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