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Francisco
Imendia*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
La idea más clara sobre globalización la propuso Marshall
Mc Luhan, a finales del siglo pasado. El teórico de la comunicación
dijo hace unos 30 años que el mundo se estaba convirtiendo en una
aldea global, donde la gente se conocía e interactuaba.
Los medios de comunicación masiva han contribuido en el proceso
de este fenómeno globalizante, donde todos pretendemos conocer
las acciones de los demás, sean éstas beneficiosas o dañinas
para la humanidad.
La guerra de Viet Nam, el hombre en la Luna, el Papa Juan Pablo II y su
peregrinar, la caída del Muro de Berlín y el fin de la Guerra
Fría, el 11 de septiembre, hasta las guerras del Golfo Pérsico
e Iraq, constituyen el ejemplo más claro de la aldea global
a la que se refirió el canadiense Mc Luhan. De todos esos eventos
impregnados de dramatismo, en su mayoría, supimos casi de inmediato,
gracias al teletipo, la radio y la televisión, que hoy en día
hasta transmite guerras en vivo, gracias al satélite.
Para los años 80, la globalización del comercio, liderada
por los Estados Unidos, ya había cobrado fuerza y se cree que en
esa década, el hombre habría dado el paso a la posmodernidad
con la Internet y el teléfono celular, como emblemas de este proceso.
Casi al mismo tiempo vendrían la concepción in vitro, la
clonación y el descubrimiento del código del genoma humano.
Nuestro país tuvo su protagonismo en los inicios de la globalización
de la comunicación, en el último cuarto de siglo. La guerra
que vivimos en los 80 nos puso en la pantalla de millones de televidentes
en todo el mundo, para horror de ellos mismos.
En El Salvador, el país más pequeño de Latinoamérica,
se libraba, quizás, la última batalla de la Guerra Fría.
Destrucción y muerte era la noticia que solía adueñarse
de los titulares de los medios de comunicación en todo el mundo.
A principios de los 90, se decide terminar con el conflicto y presentamos
una imagen diferente y positiva ante los millones de espectadores. Desde
entonces El Salvador cuenta con otra historia y a partir del hito de los
Acuerdos de Paz se realizaron las reformas institucionales necesarias
y se inicia la reconstrucción, tanto física como moral del
país.
Hoy El Salvador es diferente, desde todo punto de vista, si lo comparamos
con el terror y la incertidumbre que nos tocara vivir en los aciagos años
de la guerra.
La diáspora que se produjo en aquel momento fue de grandes proporciones.
Hoy en día uno de cada cuatro salvadoreños vive en el exterior,
principalmente en los Estados Unidos. Estos afanados compatriotas, famosos
por su trabajo bien hecho, ayudan a sus familiares y al país, a
través de la remesa.
Si echamos una mirada al pasado, vemos que hay cambios positivos. Las
transformaciones en el sector económico, por ejemplo, permiten
que El Salvador se presente como una opción conveniente ante los
inversionistas extranjeros.
Las relaciones internacionales en la actualidad se caracterizan por su
complejidad. La interdependencia y la cooperación, en su sentido
más amplio, juegan un papel relevante en la relación entre
países.
Vivimos en la aldea global y nos preguntamos ¿qué
hacen El Salvador y su Gobierno en esta era de la globalización?
Lo siguiente nos daría algunas respuestas:
1°) Busca recursos a través de la cooperación internacional
para beneficiar el desarrollo social.
2°) Promueve la atracción de inversiones extranjeras para crear
empleo.
3°) Promueve nuestra industria y el comercio en el exterior.
4°) Vela por el respeto a los derechos humanos y el derecho al trabajo
de los más de dos millones de compatriotas que viven fuera de nuestras
fronteras.
5°) Promueve la cultura como base de nuestra identidad.
6°) Favorece la integración regional como vía para el
desarrollo integral.
En el transcurso de esta semana, los embajadores asignados a las distintas
regiones del mundo, compartimos las experiencias en los puntos antes mencionados
y recibimos instrucciones del Presidente de la República y de los
señores titulares de Relaciones Exteriores, con el propósito
de potenciar nuestra política exterior a través de acciones
puntuales que beneficien a nuestro país.
El reto es grande en el comercio mundial. Casi todos los países
se ponen su mejor vestido en el escaparate y se presentan como la mejor
opción. La ventaja que tiene El Salvador y Centroamérica
es que nos encontramos en una región privilegiada: Somos el centro
del cruce mundial del comercio, entre el NAFTA-Mercosur y Asia-Unión
Europea.
Por eso nos explicamos el arribo, en los últimos años y
días, de tantos dignatarios de esas regiones. Hay mucho interés.
Recuérdese que vivimos en la aldea global y nos estamos
dando a conocer con todo el vecindario.
*Embajador de El Salvador en Nicaragua.

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