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Breve análisis
El Índice de Competitividad en el Crecimiento

En vez de quejarse continuamente del gobierno, deberían de concentrar sus esfuerzos en mejorar la capacidad de sus miembros. Es allí en donde podemos ganar más en competitividad en este momento

Publicada 7 de octubre 2005, El Diario de Hoy



Manuel Hinds*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

En el artículo anterior mencionaba que poco puede conocer de un país el que sólo de ese país conoce. La falta de perspectiva que resulta de sólo ver hacia adentro tiende a producir errores que reflejan el carácter de cada país. La gente, en la mayoría de los países, tiene alta la autoestima nacional y tiende a exagerar las cualidades y a subestimar los defectos locales.

Cuando se encuentran personas de distintas nacionalidades y hacen comparaciones, lo normal es que cada quien exalte su propia nacionalidad. Es muy raro encontrar un país como el nuestro, en el que la gente trata de denigrar los logros de su propio país. Diferente a lo que pasa en otros países, cuando hay una diferencia de opinión con respecto a El Salvador, los que tienen la mejor opinión son los extranjeros y los que tienen la peor son los locales. En parte, esto sucede debido a la baja autoestima que caracteriza a los salvadoreños como resultado de décadas de propaganda negativa. También, sin embargo, se debe a la ignorancia de lo que pasa en otros países.

Así, por ejemplo, es muy común oír a salvadoreños diciendo que El Salvador no es competitivo, culpando a las políticas económicas seguidas por los gobiernos de ARENA por este supuesto problema. Muy frecuentemente, estas afirmaciones vienen de gremiales del sector privado, que acusan a dichas políticas de retrasar el crecimiento del país, porque no devalúan, porque no subsidian, porque no otorgan privilegios. Como aquí la gente cree todo lo que es negativo, dichas afirmaciones no necesitan justificarse con cifras o argumentos para que se conviertan en parte del credo popular.

Hablar de este tema es oportuno, ya que el Foro Económico Mundial acaba de publicar las estadísticas de competitividad para 2005-06. Entre los varios indicadores contenidos en dichas estadísticas, los dos que se muestran en la tabla anexa son particularmente interesantes para nuestro país.

El primero es el indicador de competitividad más amplio, que la mide en términos de la tasa de crecimiento que puede apoyar.

Está construido principalmente con medidas de la capacidad del país de absorber transferencia tecnológica y de la calidad de las instituciones públicas y del ambiente macroeconómico.

El segundo indicador es el de capacidad operativa y estratégica de las empresas, que mide el grado de sofisticación del sector privado. Es decir, mientras que el primer indicador mide primordialmente la calidad de las políticas públicas, el segundo mide la calidad de la respuesta del sector privado a las políticas existentes.

Las cifras de la tabla serán sorprendentes para muchos lectores en dos dimensiones. Primero, dado lo que aquí se afirma con tanto desparpajo, podríamos esperar que El Salvador estuviera en el último lugar en el indicador de competitividad en el crecimiento. Sin embargo, somos el país más competitivo en Centro América y el cuarto más competitivo en la América Latina, a pesar de la desventaja que nos representa el bajo nivel educativo de la población.

La segunda dimensión de sorpresa es que es en las operaciones y la estrategia del sector privado en donde estamos en una posición de relativa desventaja. Mientras que sólo hay tres países que nos aventajan en la medida principal de competitividad, la asociada con el crecimiento, hay siete países que nos aventajan en términos de la sofisticación de las operaciones y la estrategia del sector privado.

Esta tabla sugiere que las gremiales del sector privado harían bien en analizar el comportamiento de sus propios asociados cuando se quejan de la situación de la economía nacional y de su competitividad. Por supuesto, es más cómodo quejarse y echarle la culpa de todo al Gobierno, que asumir responsabilidad por el propio destino.

Pero si son honestas en su deseo de contribuir al desarrollo del país, las gremiales deberían de dejar de ver la paja en el ojo del Gobierno y ver la viga en el suyo propio. Es decir, en vez de quejarse continuamente del gobierno, deberían de concentrar sus esfuerzos en mejorar la capacidad de sus miembros. Es allí en donde podemos ganar más en competitividad en este momento.

*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.


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