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Palabras
Las puertas de luz

Todo se ve mejor en la mañana, dicen. Tal vez porque amanecemos entonces con los ojos de un niño que mira con mayor claridad y asombro el esplendor del sol y de la vida.

Publicada 7 de octubre 2005, El Diario de Hoy

Carlos Balaguer
palabrasbalaguer@gmail.com
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Tal vez porque es virgen su mirada, sin el dolor de vivir, sin el desengaño y sin la ignorancia moral en que nos sumerge el hastío y el mundo inferior. Visión que nubla la dura realidad en nuestro sendero. Entonces, después de la noche y las tinieblas, los ojos ven más claro el nuevo amanecer de la vida sobre los montes.

Es la esperanza que abre de nuevo sus ojos.
Sigamos las enseñanzas de Ghandi, que aseguraba que la plegaria y el diálogo con Dios eran “la llave de la mañana y el cerrojo de la tarde”. La magia de abrir las puertas de la realidad y de los sueños. Es decir que la oración íntima con nuestro dios interior es la llave maravillosa que abre las puertas de luz de la existencia. Porque en ese diálogo íntimo en el templo de nuestro ser nos permite hablar con la divinidad y confesarle nuestra más profunda verdad y anhelo, nuestra desdicha y nuestro gozo, nuestra flaqueza y esperanza.

Hablar con Dios es, simplemente, hablar con la vida, con el mundo que nos circunda, con las aves y con las demás formas de vida. Es aprender a hablar contigo mismo, con los seres que amas, con el Padre y las estrellas. Es abrir las puertas de lo invisible y de lo visible. Orar es invocar a tu ángel, fortalecer tu alma y conocer la verdad interior. Es, al final, abrir los umbrales del mundo real y del mundo de los sueños. Las puertas del cielo y de la vida.


DÍA A DÍA

Las inundaciones

Encima del agua que inunda barrios, poblados y cantones flotan espesos mantos de basura, como han podido ver los lectores de EL DIARIO DE HOY y MAS! La basura tapa los tragantes y las tuberías de desagüe, reduce el paso en los cauces y se acumula debajo de puentes y bóvedas. El resultado está a la vista: el agua se desborda inundando calles, pasajes y terrenos aledaños. Los pobres vecinos de esos lugares son víctimas de sus descuidos en tirar la basura donde pueden, pero más todavía, víctimas de la enorme ineficiencia de las alcaldías, que tienen a las ciudades del Gran Salvador convertidas en basureros.

Al lanzar la basura en las cunetas, en los cauces secos, debajo de puentes y bóvedas, a la orilla de caminos y carreteras y frente a la casa del vecino, la gente que lo hace literalmente escupe hacia arriba, con lo que el salivazo le cae encima.

 


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