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| Evidencia. Como esta casa del cantón
El Zapote han quedado las demás edificaciones de esa localidad.
Foto EDH/Omar Carbonero |
Jaime García
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Dos tractores han representado la diferencia entre la vida y la muerte
para más de dos mil habitantes de poblaciones de Ahuachapán,
quienes hubieran perecido ahogados por las desbordadas aguas del río
Paz de no ser evacuadas en esos armatostes.
Madres con niños recién nacidos, jóvenes, hombres
y ancianos se aferran de cualquier parte del remolcador para ir en busca
de un refugio donde puedan saciar su hambre y recibir un poco de abrigo.
Otros han escapado de la tragedia usando bicicletas, caballos o andando
a pie con el agua a la cintura por los anegados caminos.
Hasta ayer el Ejército envió un camión para sacar
personas. Sin embargo, por las inundaciones el vehículo militar
no llega hasta algunas poblaciones anegadas.
Para los pobladores de los cantones Bola de Monte, Garita Palmera y la
colonia Ista, en
Ahuachapán, no hay tiempo de pensar en los animales y las pocas
pertenencias que tienen ya que la furia de las aguas ha cubierto cultivos,
caseríos y cantones y amenazan con segar sus vidas.
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| Auxilio. Algunos lugareños huyeron en
un camión militar. Foto
EDH/Omar Carbonero |
Las aguas se enfilan hacia el mar dejando las zonas intransitables para
cualquier medio de transporte y para el ser humano.
Los tractores fueron puestos a disposición gratuita por Narciso
Ramírez, un hombre que ha sorteado los tribunales, acusado de traficar
personas.
Lo que quiere don Nacho es sacar a esta gente y ponerla a salvo,
cuenta una anciana que se animó a subirse a uno de los vehículos
para tareas agrícolas.
Un lugareño dijo que desde el lunes comenzaron las evacuaciones
porque la población se han quedado sin alimentos, sin energía
eléctrica y sin agua potable.
No hallamos qué hacer, nuestras familias están hambrientas
y no podemos sacarlas de las casas, dijo el afectado.
En las casas que han sido abandonadas sólo se observan los perros
y aves que chillan al no poderse mover por las aguas y no tener qué
comer.
Ayuda
Entre las aguas de un camino vecinal cuatro hombres caminan con dificultad
cargando bicicletas.
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| Necesidad. Varios residentes salieron a buscar
ayuda. Foto EDH/Omar Carbonero |
Decidimos aventurarnos y arriesgarnos al caminar por las inundaciones,
pero necesitamos avisarle a alguien que allá en Garita Palmera
están nuestras familias sin comida y sin energía eléctrica,
dijo Arnoldo González, quien afirmó que dejó a sus
tres hijos y a su esposa para buscar ayuda.
Afirmó que desde el lunes las aguas comenzaron a inundar sus casas,
pero que hasta ayer las autoridades no se habían acercado a ayudarlos.
Por la alerta, un grupo de policías, cubiertos con capas y chalecos
flotadores, emprendió la caminata por la inundación.
Poco a poco las aguas fueron subiendo hasta llegarles al pecho.
Otro grupo de hombres emprendió la marcha a bordo de otro tractor.
A la mitad del camino el remolcador ya no pudo continuar por la crecida
de las aguas. Los rescatistas siguieron a pie.
Uno de los afectados aseguró que sólo había observado
inundaciones similares en esas tierras cuando el huracán Mitch
azotó el país en octubre de 1998.
Los evacuados son llevados a refugios habilitados en el municipio de Cara
Sucia. Ahí son alimentados y cubiertos con ropa seca.
Cuando los tractores llegan a tierra seca, los evacuados son transbordados
a pick ups de la policía o de personas particulares. Algunos niños
lloran al salir de la pesadilla de pasar varios días mojados, con
hambre y con sed.
La Carretera del Litoral es amenazada por afluentes
La mayoría de los ríos que desembocan en las costas de
Ahuachapán se han desbordado y amenazan destruir los puentes y
alcanzar a los vehículos que circulan por la carretera que conduce
a los municipios de Cara Sucia y San Francisco Menéndez.
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| Rescate. Los policías acudieron ayer
a auxiliar a las víctimas. Foto
EDH/Omar Carbonero |
Los afluentes Zunzal, Cauta, Cuilapa, Aguachapio, Guayapa y El Naranjo
se salieron de sus cauces y anegaron los cultivos, además de las
casas cercanas.
Los automovilistas se ven forzados a detener la marcha para evitar ser
alcanzados por las fuertes correntadas.
Tenemos miedo porque todos los ríos de esta zona están
desbordados.
Algunas casas han sido evacuadas, pero otras personas no quieren salir
para no perder sus pertenencias, dijo Sandra Aguilar, una residente
de la zona afectada por las lluvias.
Temor
Habitantes del cantón Ateos externaron su temor ayer de que el
puente sobre el río Talnique, que conecta Lourdes y Sonsonate,
pueda ser derribado por las fuertes corrientes que desde hace cuatro días
registra el afluente.
Un agente policial y vecinos del lugar, que ayer en la mañana se
encontraban cerca del puente, dijeron que desde la madrugada habían
percibido que se movía más de lo habitual cuando pasaban
camiones.
Los lugareños dijeron que ya habían avisado del supuesto
problema a las autoridades, pero que nadie los había inspeccionado.

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