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San Miguel
Cuidadosos. Los motoristas deben tener cuidado, ya que en algunos
tramos de las carreteras, el nivel del agua ha cubierto las capas
de asfalto. Foto EDH/
/Miguel Ventura |
Josué Bonilla
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
Cada vez que llueve copiosamente, los residentes en Chilanguera, Chirilagua,
recuerdan 1998, cuando la tormenta Mitch destruyó la localidad.
Prácticamente todas las casas fueron reconstruidas y a los agricultores
les ha costado salir adelante, luego que las inundaciones de ese año
les dejaran sin nada.
Silvestre Lemus Martínez tiene 74 años y vive en la Colonia
Nueva, una comunidad en la que, gracias al esfuerzo de los pobladores
y la asistencia internacional, muchos pudieron construir nuevas casas.
Era la noche del 31 de octubre, un verdadero Día de Brujas para
los moradores. Cuando se desbordó el río Chilanguera, empezó
el caos.
Yo estaba dormido y, cuando desperté, mis pertenencias flotaban
a mi alrededor, expresa al comentar que en ese momento logró
salir junto a sus esposa e hijos. Minutos después, la casa y sus
bienes estaban destruidas.
El recuerda que muchos vecinos perecieron ahogados o soterrados y que
era difícil pensar en ayudar a nadie, ya que todos estaban en las
mismas condiciones.
Hasta la fecha, hay personas cuyos cadáveres no han sido encontrados.
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| Daños. El nivel del agua ha subido, pero
muchos piensan que no es muy peligroso. Foto
EDH/ /Josue Bonilla |
Juntos, los pobladores han luchado por salir adelante y muchas pérdidas
materiales han sido superadas, no así el sufrimiento causado por
la muerte de familiares y amigos.
Las actuales precipitaciones llevan temor a la mayoría. El río
no ha subido su cauce en extremo, pero todos se mantienen alertas.
Saben que una repunta puede originarse incluso por las lluvias en Honduras,
por que quieren estar preparados.
Los estudios de las autoridades son continuos. Hace siete años
aprendimos a preparanos. Haremos para evitar una desgracia, comentó
Lemus.
[Chalatenango]
Un pueblo borrado del mapa
Hace 61 años, Ocotepeque desapareció del mapa de Honduras.
Un copioso temporal fue el responsable, recuerda don Antonio Fuentes Cortez,
un octogenario residente en Tejutla, Chalatenango.
Fueron ocho días de lluvia continua. El puente Cayetano Bosque,
entre la cabecera departamental y Suchitoto, fue arrastrado por las corrientes
de agua y varias personas murieron.
Muchos residentes en Ocotepeque se reunieron en la Iglesia Católica,
detalla. Las corrientes de agua arrasaron con el pueblo y el edificio
religioso soportó el embate del agua.
Quienes estaban en el interior se salvaron de morir.
Hoy, don Antonio revive el temor a las lluvias.

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