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La Nota del Día
El horror de las lluvias que estamos padeciendo
La destrucción de la economía
agraria con las reformas del 80 se traduce, hoy en día, en toda esa
pobre gente desarraigada que vive en los cordones de pobreza alrededor de
las ciudades, las principales víctimas de derrumbes, deslaves e inundaciones
Publicada 6 de octubre 2005, El Diario de Hoy
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El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
El gran temporal, la terrible llovedera ha desquiciado buena parte de
la vida y las ocupaciones de los salvadoreños, que desde hace décadas
no habían sufrido una clase de diluvio como el actual. Hay derrumbes
por doquier, la mayor parte de carreteras está intransitable, vecindarios
se inundan, muchas casas están al punto de colapsar y la gente
va con sus pertenencias más preciadas de un sitio a otro buscando
salvarlas. Casi medio centenar de personas ha perdido la vida, la mayor
parte de ellas soterradas por taludes que se desploman o correntadas de
lodo.
Lo que por ahora la mayoría puede hacer es guarecerse en sitios
seguros, auxiliar víctimas, dar albergue a quienes lo han perdido
y aperarse de víveres y agua por si continúa la emergencia.
Hay que cuidarse de la contaminación las correntadas arrastran
consigo toda clase de inmundicias, poniendo en serio peligro las zonas
inundadas, beber agua segura o hervir la que se tenga, estar atentos
a las crecidas de los ríos y no bajar la guardia, pues podría
reanudarse la lluvia.
Una amiga nos dice que debemos rezar mucho, como se rezó para conjurar
la llegada del huracán Adrián desde el Océano Pacífico
y que pudo haber causado una catástrofe sin precedentes en el país.
Al rezar no sólo nos ponemos en manos de la Misericordia Divina,
sino que nos volvemos más sensibles hacia el sufrimiento ajeno.
No es mucho lo que el hombre puede hacer frente a la furia desatada de
la naturaleza, pero la prevención y proteger el medio ambiente
contribuyen a reducir la gravedad de estos fenómenos. Comencemos
por un hecho: que si las alcaldías, en especial la de San Salvador,
hubieran mantenido limpios los tragantes y los cauces de las quebradas,
buena parte de las inundaciones no habría ocurrido. Los ríos
se desbordan cuando se interrumpe su flujo al obstruir con ripio y basura
los pasos de las bóvedas y el sistema de drenaje. Unas tres semanas
antes de la entrada de cada invierno las municipalidades están
en el deber de preparar los desagües del área metropolitana.
Grandes inundaciones por tierra desnuda
Es además importante retirar las precarias viviendas situadas al
borde de quebradas o taludes; el riesgo de que se vengan abajo es enorme,
ya que los terrenos se han ablandado con la lluvia y es en esos sitios
donde mucha gente es arrastrada por correntadas.
Lo otro es una consideración lógica: en la medida en que
se protejan las cuencas con arboledas y vegetación, menos probables
serán las correntadas y los fenómenos climáticos
violentos. Talar cuanto árbol crece y sembrar milpas en laderas,
es propiciar catástrofes. Con la reforma agraria los dueños
de las tierras, incluyendo las cooperativas, dejaron de cuidarlas,
en parte por falta del incentivo natural de querer heredarla a sus hijos,
en parte por la ignorancia e incapacidad de quienes las tomaron.
La destrucción de la economía agraria con las reformas del
80 se traduce, hoy en día, en toda esa pobre gente desarraigada
que vive en los cordones de pobreza alrededor de las ciudades, las principales
víctimas de derrumbes, deslaves e inundaciones. Aliviar su situación
no es fácil ni cosa de meses, pero se debe iniciar su rescate.

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