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[Evacuados por la erupción del volcán]
Juegos y canciones que hacen olvidar la tragedia

Salud mental. Con la tranquilidad de la noche, en la sala de una casa prestada, una joven trabaja con los niños, afectados por la salida abrupta de los hogares


Publicada 5 de octubre 2005 , El Diario de Hoy

Todo por el juego. Cualquier forma es buena para distraer a los niños y hacerles olvidar la salida precipitada de sus hogares. Foto EDH/Erick Barahona


Yamileth Cáceres/Claudia Zaldana
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Clara Elizabeth Sagastume, de 18 años, junto a un compañero de una iglesia evangélica del Cantón Planes de La Laguna, Santa Ana, se dedican cada noche a borrar de la mente de 35 niños las huellas de la emergencia que provocó la erupción del volcán Ilamatepec.

A las 7:00 de la noche reúne en la sala de una casa prestada a los niños y les enseña coros para que permanezcan entretenidos y se olviden de todo lo ocurrido.

“Logramos sacar un instrumento de la iglesia, no pensamos que nos iba a servir, pero con ello los entretenemos”, dijo Sagastume.

Mientras un joven toca el teclado, la joven canta con los niños. Se escucha canciones como el Arca de Noé y el Patito Quam.

Para ella ayudar “es un deber”, aunque considera que todos son de la misma familia.
El objetivo es olvidarse, distraerse y la noche parece la mejor aliada para ello.

El trauma dejado por la erupción y salida precipitada se traduce en problemas emocionales.
Ronald Gálvez, psicólogo del Sibasi de Santa Ana, habla al respecto, en concreto, de los niños.

“Ellos relatan textualmente los eventos que vivieron, que lloraron, gritaron, corrieron y no sabían qué hacer.

Estas conductas se están reproduciendo en los albergues, ya que muchos se despiertan por las noches o muestran diferencias en su comportamiento”, destaca.

Los cambios se reflejan de diferentes formas.

“Hay niños que antes solían comer mucho y ahora ya no quieren probar bocado o los que eran muy inquietos, ahora están demasiado tranquilos”.

 


San Blas está sin su gente

El cantón San Blas, situado en las faldas del volcán Ilamatepec, en Santa Ana, se ha convertido en un pueblo fantasma, debido a que sus cerca de dos mil habitantes han sido trasladados a albergues.

En sus caminos se encuentran los rastros de ceniza y piedra que impiden un fácil acceso al lugar.

La neblina, poca luz y la continua lluvia dificultan por la noche el rápido desplazamiento de los carros.

A la entrada del Cerro Verde hay un retén de la policía que no permite el paso a la cima, donde hay un parque.

Durante la noche del lunes, el coloso de Santa Ana se mantuvo quieto, o más bien, la lluvia se vuelve su cómplice al no permitir escuchar los retumbos de los últimos días.

Durante la mañana, la situación no había cambiado; la inclemencia del tiempo no permitió inspeccionar el poblado ni apreciar la condición del volcán.

Otro de los lugares afectados por la erupción es el cantón Palo Campana.

Para llegar se debe tomar un camino rural rústico que se está deteriorando por las lluvias copiosas.

En el lugar todavía hay habitantes que han preferido quedarse a cuidar sus viviendas o sus trabajos.

Los derrumbes se pueden observar en el trayecto al Cerro Verde.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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