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Se desintegra un partido mayoritario

Es triste que esos malos dirigentes, en su ceguera, no se dan cuenta de que en la renuncia de un miembro, no sólo se pierde un voto, sino también el de los del grupo familiar y allegados

Publicada 5 de octubre 2005, El Diario de Hoy

Carlos Adalberto Fonseca*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Los países necesitan, entre otras cosas, para su progreso y desarrollo, la existencia de partidos políticos bien formados, fuertes, orientadores, que les ayuden a solucionar y desarrollar bien el funcionamiento gubernamental en los ingentes problemas que a diario se presentan, y que urgentemente necesitan opiniones. Así como un consejo sereno, y al mismo tiempo la oportuna y sincera censura, procedente de agrupaciones de ciudadanos, cuyo fin es dirigir, con sus señalamientos, la administración gobernante.

Por supuesto que no se está colaborando al buen gobierno de la nación con actitudes negativas, que se opongan a todo proyecto del Ejecutivo y constituyan un obs- táculo sin sentido. De allí que sea vital políticamente que dichas agrupaciones sean vigorosas, bien intencionadas y tengan en mente alcanzar el bien de la patria.

En el momento en que vivimos estamos lamentablemente viendo la paulatina destrucción de un partido de izquierda, que, si hubiera tenido otra mentalidad política, sería de una valiosísima ayuda para el progreso de nuestra nación. Pero, al contrario, se ha caracterizado por obstaculizar —a como dé lugar— toda iniciativa, todo proyecto, toda acción del Poder Ejecutivo.

Lo que deja entrever la mentalidad anquilosada y enfermiza de algunos de sus dirigentes. Quienes con actitudes despóticas quieren imponer sus opiniones. Sucediendo que con tal proceder, están desilusionando a sus correligionarios sensatos, quienes ya no soportan más que se les trate como a miembros de un rebaño, sin tomarles en cuenta sus pareceres; ofendiendo tácitamente su dignidad de hombres y ciudadanos libres.

Es triste que esos malos dirigentes, en su ceguera, no se dan cuenta de que en la renuncia de un miembro, no sólo se pierde un voto, sino también el de los del grupo familiar y allegados. Es decir, el daño es gravísimo para el partido. Con tal proceder, se le está matando políticamente a corto plazo. Y aquel partido que pudo ser un faro orientador para la nación, ya no presta ninguna ayuda, ni auxilio, que sería valiosísimo y justificaría su existencia.

“No hay que olvidar que la libertad existe para que cada uno pueda diseñar personalmente su vida y con su propia afirmación interna recorrer el camino que responda a su naturaleza”.
La soberbia ciega al que quiere perder.

*Dr. en Derecho y Lic. en Filosofía.

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